ENTRAR EN LA AYAHUASCA

Lo primero que experimenté fue la ETERNIDAD. De primera mano, no como idea sino como experiencia inequívoca. Estaba allí desde SIEMPRE, sin tiempo, sin espacio, sin historia, sin recuerdos de ningún tipo, sin cuerpo, sin yo, sólo conciencia…¡¡¡ETERNIDAD!!!

No podía siquiera pensar en términos temporales. Era un presente continuo, eterno. Es difícil de explicar, pero cuando estás allí no tienes ninguna duda. Y decir ALLÍ es una forma de hablar limitada por el lenguaje, porque no hay ni un allí ni un aquí. Todo simplemente ES, eternamente.

Luego empezaron las visiones y -como buen budista que de repente recuerda las enseñanzas- supe que aquello era solamente mi mente, todo estaba en mi mente, aunque de alguna manera no dudaba de su realidad.

Más tarde, cuando estuve empezando a percibir los dos mundos a la vez -el real de allí y el real de aquí- REALICÉ que este mundo de aquí también es mi mente y únicamente está en mi mente. Lo viví tal cual, sin dudas ni sospechas, aunque una vocecita me preguntaba “¿cuál es el real y cuál no?”. Es lo que nos dicen en todas las religiones, que este mundo no es real, que es tu mente la que lo proyecta…, pues hasta que no lo experimentes en primera persona es pura teoría, parece algo puramente intelectual, realmente no se entiende, aunque te lo puedas creer y con bastante buena voluntad, intentar figurártelo a nivel mental.

Pero nada que te puedas imaginar con tu mente ordinaria es ni de lejos parecido a VIVIRLO “en tu propia piel”. Mientras estaba viajando entre los dos mundos me venía a la cabeza repetidamente la pregunta ¿en serio?” porque aquello que estaba experimentando era increíble. Volví del viaje con dos mensajes:

  • El primero era la respuesta a mi pregunta repetitiva y sonaba algo así: “Nada es en serio, nada va en serio. No te tomes nada tan en serio porque no lo es”.

  • El segundo mensaje era más o menos en la misma línea, pero algo diferente: “Nada es lo que parece“.

    No era algo nuevo, ya lo había leído muchas veces, y nunca lo había entendido de verdad, pero esta vez era diferente. Lo podía sentir a otro nivel, auténtico, podía SABERLO profundamente, de primera mano.

Los dos mensajes me han sido de utilidad en mi vida ordinaria, pues aunque ya estoy viviendo plenamente “aquí“, los tengo muy presentes, como unos semáforos, para guiarme en todo momento y situación de mi vida.

R.

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