CONOCER EL LENGUAJE QUE LLEVA A LO REAL.

La verdad suele brotar de las conversaciones y charlas entre los nobles caminantes de la senda real.

Me preguntas sobre la irrealidad del mundo en el que aparentemente vives, distinguiendo:

  1. entre el ser verdadero, o realidad, que es el mundo que habitualmente no sabes ver, es decir, el mundo del espíritu, el mundo de la unidad, y

  2. el ser no verdadero o realidad aparente , que identificas con el mundo en el que aparentemente vives, el mundo de tus actividades y preocupaciones cotidianas, el mundo de la dualidad y del cambio.

La conclusión que sacas de esta dualidad de mundos es la irrealidad del mundo de la dualidad aparente, e identificas la irrealidad con inexistencia.

De este modo:

  1. te consuelas de las desgracias y percances de la vida cotidiana diciendo que son irreales y, del mismo modo,

  2. te desocupas o desentiendes de los aconteceres y sucesos del mundo aparente, cambiante y dual, alegando que no se trata más que de una mera ilusión, que no es real.

Esta conclusión y dicotomía son tan inconvenientes como peligrosas, y para comprobarlo te basta con intentar salir de la habitación en la que estás a través de la inexistente pared aparente: el resultado, si lo haces con la suficiente energía, será un considerable coscorrón con sus consiguientes magulladuras.

Conviene también que recuerdes que la falsedad de algo no conlleva su inexistencia: una moneda falsa no es una moneda inexistente, incluso puedes comprar con ella (para eso se falsificó), aunque corras el riesgo de ser encarcelado si te descubren la artimaña.

Parte del problema de tu consideración de la realidad cambiante y dual como inexistente está en el uso de una terminología inadecuada, de palabras que, más que aclarar, confunden. En concreto, en este caso es error está en llamar irreal a lo mudable, a lo plural, a lo efímero.

No es conveniente que recurras a la fe si quieres progresar por el camino de la elevación del nivel de consciencia: es un sano criterio no creerte nada que no experimentes, pues sólo la experiencia y la práctica te pueden conducir a puerto seguro.

Sin embargo no basta solo con la experiencia.

A) Aunque la experiencia es la clave del progreso por el camino de la consciencia, necesitas poder denominar adecuadamente cada experiencia, para poder identificarlas, para poder comunicarte y para entender entender lo que se dice y lo que está escrito sobre ellas.

Por lo demás, tu incapacidad para comunicarte al usar una terminología inadecuada con quienes ya recorrieron o recorren hoy el camino, pone un techo muy bajo a tu progreso.

Con una terminología inadecuada es muy difícil alcanzar las metas que hoy están a tu mano, pues tu existencia es demasiado breve para basarla exclusivamente en tu propia experiencia.

  • Por eso es para ti importante poder entender lo que dicen sobre lo que ocurre en la senda real quienes ya la recorrieron.

  • O comunicarte y hablar sobre esas experiencias con quienes están también andando por la senda real.

El sufismo dispone de una considerable cantidad de experiencia acumulada tras siglos y siglos de práctica. Pero esta experiencia está depositada en forma de palabras, de poesía, de relatos, de explicaciones de los ejercicios que sirven para una u otra cosa, de aforismos, de analectas, de koanes. Sin el vocabulario adecuado toda esa experiencia te resulta inalcanzable. Y toda comunicación con los otros caminantes te resulta imposible o extraordinariamente difícil.

Imaginate que has experimentado el olor de una cebolla (o el placer de un orgasmo); indudablemente solo la experiencia del mismo te permite saber cómo es.

Sin embargo, si solo tienes la experiencia y no sabes cómo denominarlo, corres el riesgo de darle una denominación inadecuada, por ejemplo ‘azul’, y, en virtud de la incorrecta denominación que le has dado, pensar que mezclado con el amarillo producirá el verde (pues eso ponen los libros y cuentan los pintores e impresores). Evidentemente no conseguirás mezclar el olor de una cebolla con el color amarillo, aunque pintes de amarillo la cebolla. En cualquier caso, el resultado no será un color verde:

  • Al comprobar que no ocurre así descubres que no estás entendiendo lo que sobre el olor de la cebolla se dice.

  • O podrás tomar por falso aquello que correctamente se dice de otra cosa, pues al comprobar que lo por ti experimentado no produce el color verde al mezclarse con el amarillo puedes pensar que quien te dice que la mezcla del azul con el amarillo produce verde es un mentiroso, o también puedes concluir que el libro en que lo leíste es un libro falaz.

De un error de denominación de este tipo en las experiencias que ocurren en el camino real se puede derivar tu incapacidad para acceder a la experiencia que los sufís hemos acumulado.

Y si no puedes acceder a ella tendrás tú sólo que volver a inventar la rueda, y el carro, y la máquina de vapor.

Y te alcanzará la muerte antes siquiera de que hayas arribado al primer puerto de tu travesía.

Así pues, si quieres progresar en tu caminar por la senda real, necesitas conocer los términos correctos para denominar las diferentes experiencias que vas alcanzando.

La razón por la que yerras a la hora de elegir los términos para nombrar lo que experimentas suele radicar en la ignorancia, bien la tuya propia, bien la de aquellos por los que te dejas orientar.

B) Otra parte del problema puede radicar en algún salto en el vacío, como por ejemplo en pasar del terreno de la experiencia y la intuición al terreno de la razón y de la argumentación. Como decir que la realidad dual e impermanente no existe, pues esa una conclusión suele ser fruto de un razonamiento que contradice tu más inmediata experiencia.

Sin conocer dónde están claramente las fronteras entre la razón y la realidad, entre uno y otro territorio, tal vez no consigas llegar a la frontera. Y sin conocer cuáles son los documentos (pasaporte, visado, etc.) que te permiten pasar de un territorio a otro, tal vez no consigas atravesarla y pasar al otro territorio.

Sin embargo, conocer:

  • los límites de la razón,

  • el fructífero uso de la misma en el territorio de la que es dueña y señora,

  • sus mecanismos y añagazas,

  • los elementos que intervienen en la construcción de la experiencia y el uso legítimo de dichos elementos,

  • el funcionamiento de la intuición,

  • las interferencias del entendimiento en dicho uso de la intuición,

  • los mecanismos y formas en que operan nuestros sentidos,

  • la manera en que nuestra razón construye nuestra experiencia,

Solo puede ser resultado de un estudio sistemático dirigido por los profesores y maestros adecuados.

Si no quieres o no puedes adentrarte más allá, por el momento te es suficiente saber que la paloma del espíritu necesita dos alas para alzar el vuelo: el ala de la realidad relativa o impermanente (la del cambio y la dualidad), y el ala de la realidad absoluta o inmutable (la de la inmutabilidad y unicidad).

O, como decimos los sufís, se trata de tener en el mundo de la experiencia la razón atenta y afilada, y en el mundo real la intuición presta y activa.

Abu Fran, abdal.

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