ES BUEN CAMINO EL DE LA FE?

1) CONFIAR.

Cuando mis hijos eran niños pequeños entré con ellos en un laberinto de espejos. Los niños veían mi imagen en muchos sitios, pues se reflejaba de espejo en espejo en aquella atracción de feria.

Me separé de ellos y al poco comenzaron a inquietarse, pues yo no estaba nunca donde ellos pensaban que estaba, y empezaron a dudar que yo estuviera en el mismo laberinto que ellos.

Cuando la ansiedad (que no es más que miedo indefinido) comenzó a prender en ellos al sentirse abandonados en una atracción de feria recurrieron a la fe: su padre no iba a abandonarlos allí, confiaban que, fuera como fuera, yo estaría con ellos. Y se tranquilizaron.

Al día siguiente entré en el mismo laberinto con su madre y también me separé de ella para ver qué pasaba. Su madre veía mi imagen reflejada en múltiples espejos y sabía que yo no estaba donde los espejos mostraban. Sin embargo en todo momento supo que yo estaba con ella en el laberinto e incluso tenía una idea bastante aproximada de dónde estaba yo realmente, pues conocía bien cómo funciona la reflexión de una imagen en un espejo.

La madre de mis hijos no necesitó la fe ni la confianza, pues no tenía miedo y además el conocimiento de cómo funciona un espejo le daba la seguridad de que yo estaba allí.

Donde hay conocimiento no hace falta confianza. Donde no hay miedo la confianza no se necesita.

2) CONFIANZA: HIJA DE LA FE.

҉ El verbo confiar, según el diccionario etimológico, deriva del verbo latino confidare, que a su vez deriva del prefijo cum (junto, global) y de fidere, forma verbal del sustantivo fides (fe).

La definición que el diccionario da de confiar es creer en los aspectos favorables de algo o alguien, o depositar o encargar algo a alguien sin más seguridad que la fe, que la buena fe.

El wordreference de internet señala como sinónimos de confiar a las palabras: seguridad, esperanza, fe, credulidad, decisión, certidumbre, tranquilidad, creencia, presunción, aliento, vigor, empuje,…

De todo esto me interesa señalar que no es posible confiar (ni por tanto la confianza) sin fe, es decir, sin creer, sin creencias. Confiar y desconfiar son dos acciones de quien tiene fe, una desde el punto de vista positivo y otra desde el punto de vista negativo; para confiar o desconfiar es necesaria la fe.

҉ Del sufismo he obtenido mis dos mejores enseñanzas, los dos aprendizajes que han sido más útiles y potentes en mi vida:

El primero de ellos, y del que quiero hablar aquí, es prescindir, en mis actos y en mi vida, de la fe.

  • Mi maestro sufí (muerto en agosto del 2005) no se cansaba de aconsejarnos que:
    • Abandonáramos la fe y la creencia, tanto en nuestra toma de decisiones cuanto en nuestras acciones.

    • Que no confiáramos ni desconfiáramos nunca: 1) que nuestra guía para saber qué hacer y qué no hacer la buscáramos en el conocimiento que mora en nuestro corazón, y 2) que nuestra inteligencia fuera el ingeniero que nos dijera cómo hacerlo.

Su frase preferida era: “No se crean ustedes nada de lo que les digan y menos lo que les diga yo, no desconfíen tampoco; prueben y juzguen por ustedes mismos”.

  • Con perseverancia y práctica conseguí aprenderlo pronto, y desde entonces la fe está ausente de mi vida. No recurro a ella ni para discernir qué está pasando, o qué o quién tengo delante, ni para decidir qué hacer.

    Y desde entonces se han abierto para mí las puertas de un paraíso, un paraíso al que no se puede acceder llevando sobre las espaldas el pesado fardo de la fe y sus adláteres: la confianza y la desconfianza.

҉ Decido desde el corazón e implemento con mi inteligencia, y los cuido y mimo a ambos.

3) FE: CEMENTO DE LAS SECTAS.

Hace unos pocos años me topé con una secta cuyo nombre no diré, y lo primero que me llamó fuertemente la atención fue que su líder, un hombre sin fe, pidiera continuamente confianza a quienes trabajaban con él; hasta el extremo de utilizar la palabra, en su vertiente negativa -desconfianza-, para anular la capacidad de juicio y mermar la autoestima que muchas personas de la organización tienen enraizada en su ego infantil.

Conforme se fue abusando más y más de estas palabras, me fue también, poco a poco, invadiendo una risa incontenible.

  • Risa porque quien pide confianza no confía en nadie, pues, como yo, no se guía por la fe sino por el conocimiento;

  • y risa porque lo que se esconde con gran maestría tras esa cortina de humo es un abuso sistemático de las personas que ingresan en la secta.

4) CEGUERA VOLUNTARIA.

Y la risa brota por todos los lados:

  • por uno por la excepcional maestría del gurú que siempre me sorprende y de la que siempre aprendo;

  • por otro lado por la resistencia del equipo de la organización a mirar y ver, a ver lo que es manifiesto y evidente: el abuso y la utilización de quienes se incorporan a la secta.

Son de verdad inocentes? Es acaso la mala fe quien los guía y no la fe de la que hacen ostentación y ejercicio?

Abu Fran, abdal.

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *