PLENITUD.

Deseo compartir mis más profundos sentimientos ahora.

He atravesado por momentos muy difíciles, en los que he querido morirme, destruirme…, y así lo hacía en mi día a día. Utilizaba mis PENSAMIENTOS y a veces mis actos…., dejándome llevar por mis emociones, hasta el punto de sentir ese dolor desgarrador en el pecho que me asfixiaba y no me dejaba respirar…, y es en ese momento cuando no quería existir, permitiendo que entrasen miles de pensamientos para nocivos y haciéndome daño una y otra vez.

Pues bien, desde hace unos meses y desde entonces he logrado claridad a todos esos estados de ánimo, de creencias y de maneras de vivir.

Ya he decidido coger las riendas de mi vida. Toda experiencia vivida a lo largo de mi vida hasta el día de hoy me ha hecho ver que todo está en Mi, que soy capaz de cocrear mi vida y hacerlo desde una paz interior, que me hace sentir cada instante como el momento más importante y maravilloso que me está sucediendo.

A lo largo de este periodo de cambio de consciencia he podido comprobar y ver mi estado mental y físico ayudada por sustancias enteógenas, las cuales me han permitido un despertar en mí. No quitándome mi mérito y entusiasmo por mejorar mi vida.

En estos momentos vivo una vida plena en la que cada día me siento cada vez más afortunada y agradecida. En la que me estoy dando la oportunidad de vivir y experimentar mis emociones desde el Amor, y eso me hace ser cada día más Feliz, y en la que incluyo situaciones que son también dolorosas, pero ahora esas situaciones las veo de crecimiento emocional.

A pesar de las circunstancias de mi alrededor, mi día a día está siendo un regalo, una fortuna que cada vez está creciendo más. Siento que hay más personas que están en mi barco y estas almas me aportan mucho en mi vida.

Por esto, por la gratitud y felicidad que siento, quiero compartir estas palabras para que sepáis que existe otra manera de ser y estar en la que en ocasiones no nos permitimos vivir.

Cómo ha expresado Pablo ese momento PRESENTE es esa calma en la mente y lo que hace vencer el miedo. Estar en ese momento es fabuloso, y a medida que lo prácticas estas más unida con el todo y con tu paz interior.

Gracias por leerme,

Gracias por sentir,

Gracias por ser,

Un ABRAZO familia.

Vanesa.

LO MÍSTICO COTIDIANO

Ayer volvía a casa por la autovía, era tarde, de noche, bien oscura y tremenda, poderosa e incógnita. Siempre disfruto de esas casi dos horas de viaje nocturno, atravesando el abismo, no viendo más allá del alcance de los faros.

Entonces ocurrió, me enfoqué absolutamente en el presente, bloqueé casi cualquier forma/pensamiento, sólo percibir, sin interpretar, sin procesar, sin significados, amorrado al pilón de la percepción como un niño al pecho materno, con los ojos recién estrenados bien abiertos, asombrados, mirando, mirando, fundido con el todo…, y me sumergí en el instante, el puro y desnudo instante sin más nada. Puntos aislados de luces rojas, blancas, acercándose y alejándose como en una borrachera, camiones en convoy tozudos y tercos, algún noctámbulo más, las rayas blancas, estelas fugaces, continuas y discontinuas, el resplandor pastel difuso en el cielo de las luces de las poblaciones, la radio de fondo, las luces del cuadro, la rumorosidad del aire en la carrocería, el ronroneo amortiguado del motor, la trepidación del asfalto, todo yo inmerso e invadido…. Llegué a casa, alucinadamente cabalgando el instante sin fin.

Mientas cenaba en un estado ampliado de atención, sentía el volumen y la forma de los cubiertos en mis manos, los sabores, texturas y olores de la cena traspasaron mi boca haciendo vibrar mi cuerpo en un placentero e invisible gusaneo, en un suave éxtasis balsámico como una brisa fresca… Pasé a la ducha, el agua, caliente y curativa como una fiebre en invierno, recorriendo mi piel y llevándose tantas y tantas cosas, el olor a primavera y a jardín, y la espuma blanca y algodonosa como las nubes del verano, el roce firme y recio del rizo de la toalla….

Entonces me di cuenta de que lo que sospechaba era cierto, de que la experiencia más psicodélica, más accesible, reveladora, más terapéutica, más enteogénica y más profunda que puedo experimentar es el instante de la realidad cotidiana, que toda experiencia con substancias no es diferente de la misma, tan sólo nueva.

Pablo.

 

HE TOMADO VINO DE JUREMA.

Ha sido una experiencia profundamente dolorosa. He vivido el dolor que mi marido y mis hijos van a experimentar cuando yo muera. El dolor que he sentido ha sido desgarrador, jamas había sentido esta intensidad de dolor… Gracias a este dolor, pude comprender y sentir el gran valor de la Vida, Vi, que con mi muerte, mis hijos van a experimentar un profundo cambio evolutivo en sus vidas que les va a ayudar profundamente en su desarrollo, esto me produjo un gran consuelo.

Chic@s yo os digo, no es necesario llegar a tener un cáncer para apreciar el maravillosos REGALO que es la Vida, aprovechar cada momento, agradecer lo que tenéis, vuestros hijos, vuestra casa, vuestra pareja, vuestro trabajo…. cada momento en que respiréis es un regalo. No pongáis energía en rencores, críticas, culpabilidades…, responsabilizaros de vuestra propia Vida y construirla en el amor.

Gracias Baraka Levante, sin vosotros no hubiera vivido esta experiencia tan profunda y reveladora.

N.L.

MI EXPERIENCIA CON EL BUFO ALVARIUS.

Adentro para sanar/afuera para reponer fuerzas alimentarme y permitirme.

Con el mismo ojo que miro dentro, veo lo que me hace sufrir y que no soy ; me permito mirar afuera y contemplar la Belleza y el Amor que existe en todo lo que me rodea y desde ahí confió. me abandono y me nutro.

Con la misma compasión que me abrazo para sanar y soltar, me permito recibir el Amor del exterior, experimentar todas sus señales y aceptar la Verdad en su infinita manifestación.

La belleza de la naturaleza, la lluvia o el sol acariciando mi rostro, el aire que respiro y el agua que me purifica a cada sorbo, el abrazo de alguien que me ama, una palabra de ánimo, la compañía de mi hermano. Todo esto está a disposición para que se obre el milagro. Y es mi Voluntad, obrarlo para mi y para todos.

Lo utilizo, son mis herramientas y también soy yo, aunque aún lo perciba como si estuviera afuera.

Es un regalo, Soy el regalo, por eso me llaman Presente, por eso me llaman Presencia.

Desde la consciencia del bufo.

El Músico

MI GRAN EXPERIENCIA, PURA EXPANSIÓN DE CONCIENCIA.

Ante todo, me gustaría destacar que en mi opinión, considero que dar el paso a incorporar una vivencia con Ayahuasca implica a priori ante todo RESPETO y preparación.

Respeto hacia la grandeza del ritual y de la vivencia que compartes con el grupo y a valorar todo lo que supone para el desarrollo espiritual.

En cuanto a preparación, quizás hay gente que opine que se puede probar sin más, la planta es sabia y da a cada un@ lo que le corresponde en ese momento. Pero yo considero que es conveniente haber llevado un proceso previo de desarrollo espiritual y toma de conciencia por otros medios.

La vivencia que ofrece Ayahuasca es diferente para cada persona, ya que cada persona es un alma diferente y por ello la conciencia no responde de la misma forma. También depende del momento del Camino, en función de las circunstancias, necesidades y sentimientos que la persona esté viviendo. Por ello, una misma persona tampoco tendrá la misma vivencia en cada toma.

Mi primera experiencia con Ayahuasca ha sido un fin de semana con 2 tomas. He sentido la grandeza y la Magia de la vida. He sentido plenitud, paz, llevado desde el sentimiento profundo del más puro Amor. Nunca había sentido con esa grandeza el Amor, a través de la conexión con el Universo y con el Todo, y la conexión conmigo misma, mi más profundo Yo.

Pero también he sentido sufrimiento. Me he enfrentado a mis miedos, largas horas de angustia apoyándome en mi fuerza interior. Sin cubrir los sentimientos, aceptándolos y trascendiéndolos para liberarlos.

He sentido el Amor a la humanidad en general y al grupo que he tenido a mi lado en esta experiencia. Su entrega y bondad me han ayudado a sentir la Paz y a querer ofrecer mi ayuda en lo que buenamente pudiera aportar.

Ha sido una fusión de vivencias que me han cambiado la percepción en mi vida y siempre voy a llevar dentro de mí para que me acompañen y guíen mi Camino.

“Si quieres la Luna, no te escondas de la noche. Si quieres una rosa, no huyas de las espinas. Si quieres amor, no te escondas de ti mismo” (Rumi)

“No ocultes tu rareza, siempre habrá otro rar@ que te entenderá”

“El Amor es la respuesta, la pregunta no importa” (Jeff Foster)

Cristina.

AYAHUASCA: DIVINIDAD Y CAPAS DE CEBOLLA

Madrugadas como esta, en las que el sueño es esquivo, escondido quizá en el fondo de un cajón cualquiera, me permiten recapacitar en ocasiones sobre el trabajo interno que he hecho durante estos últimos años. Experiencias espirituales, sobre todo con la Ayahuasca. Trabajo repleto de tropiezos, por supuesto. Cuán afortunado soy y me siento. Reconozco con fascinación lo densa que percibo ahora la vida, repleta de capas y más capas. Una cebolla cuyo corazón palpita en la inmensidad de algún sitio, allá en el núcleo interior. No es una gran vida desde el punto de vista de alguien que sí la haya sabido vivir intensamente, eso lo sé, pero puedo asegurar para mi tranquilidad que no estoy muerto en ella. Lo estuve, pero no ahora. Aquellos cristales empañados que montaban mis gafas fueron sustituidos por estos, y aunque en ocasiones la niebla oculte el asfalto que piso, respiro profundo y relajo los nervios, convencido de que sigo recorriendo el camino aunque no sea capaz de verlo con claridad. Pero son momentos puntuales, la niebla se disipa, pues no es eterna, y continúo sin detenerme. Cargo con la famosa mochila, y puede que con piedras más pensadas que nunca, y a pesar de ello con la sensación de que son más ligeras que otras que cargué en el pasado. No tengo miedo a la muerte. Aquella sí que fue una piedra pesada. No consigo explicarlo, pero en ese sentido mantengo la serenidad. Atrevería a decir que la ilusión de regresar a la Fuente y fusionarme con la divinidad sustituye ilógicamente al terror de la incertidumbre que tenía antes al respecto. Me daría rabia, eso sí, perderme ciertas cosas si el hilo se me cortase ahora, tan relativamente joven, pero otros antes que yo ya partieron hacia el otro lado del espejo, mucho más inexpertos (o no), y la vida sigue. Y es que hay que estar agradecido por haber tenido la oportunidad de existir en este plano de existencia y de esta forma individual. Bueno, no es que haya que estarlo, es que lo estoy. Qué importante es estar Despierto. Aún así no me considero en absoluto experto en nada, y mantengo mi consciencia en el umbral de la puerta, abierta, sin saber si he de dar un paso para entrar o dos. Quizá esté ya dentro quién sabe, en eso sí tengo dudas, pero de que estoy no solo delante de ella, sino que además está dispuesta para mí, no me cabe la menor duda. Lástima de aquellos que incluso deseando encontrarla, no la encuentran. Pero qué digo lástima!!! Cómo me atrevo a ser tan egocéntrico, maldito sea. Seré idiota. Cada uno vive lo que debe vivir, y a su debido tiempo irá descubriendo sus propios matices. A mí me ha sucedido y me sucede. En el pasado miraba arriba, hacia el cielo físico, y hablaba con Dios. En otros tiempos incluso dudé, defendiendo que no era más que un montón de entrañas que terminarían por pudrirse algún día, y fin de la historia. Hoy sin embargo Dios no está arriba, sino en nosotros. Lo veo cada mañana en el espejo que refleja mi imagen, lo veo en mi compañero de trabajo, en mi madre y en mi amigo, lo siento en el milagro que es mi hijo y de igual manera en la panadera que me vende el pan cuando lo compro. Todos somos él. No hay diferencia entre nada ni nadie. Somos la misma cosa. No hay espacio que nos separe. No existe. Es un absurdo, como si todo esto no fuese más que un juego. Y lo es. Una dimensión de texturas por la que tenemos la sensación de movernos, pero compartiendo todos un mismo punto inalterable. Y vuelve a suceder. El léxico se esconde, como el sueño oculto en el cajón, pues fallan las palabras que puedan explicar lo que siento, aunque sepa muy bien lo que es. Y lamento, con una mano en el corazón que aún impulsa sangre por mi organismo, todas estos pensamientos que comparto. La culpa es de la noche y su maravilloso silencio, que me permite escuchar esos pensamientos locos que en ocasiones pasan desapercibidos por el barullo del día a día. Que salgan pues los duendes de sus escondrijos y saluden al pasar. Los recibiré con una sonrisa como respuesta, síntoma de lo feliz que me siento por estar vivo ahora mismo.

No mañana ni pasado, ni tan siquiera en unas horas cuando salga el Sol, sino ahora. Vivo ahora. Miro a mi derecha y mi hijo, mientras escribo, duerme. Ha sido y es el mayor regalo que me ha otorgado la vida, y es Dios, igual que lo soy yo. Soy él, y él soy yo. Cómo puede tener tanto sentido lo que siento si no se puede explicar en la lengua que uso para hablar y pensar? He ahí el problema, que no lo es. El sentir. Eso sí es vivir y estar Despierto. Eso sí es sabiduría. Sentir. Nada más. Sintiendo de esta manera lo comprendo todo, aunque no sepa explicarlo con palabras y trasladarlo, convencido que quien haya estado ahí sabrá perfectamente a lo que me refiero. Gracias.

O.A. Hanksler

Descenso a mis infiernos.

Apenas Jesús desembarcó, le salió al encuentro desde el cementerio, un hombre poseído por un espíritu impuro… Al ver de lejos a Jesús, vino corriendo a postrarse ante él, gritando con fuerza: “¿Qué quieres de mí, Jesús, Hijo de Dios, el Altísimo?. ¡Te conjuro por Dios, no me atormentes!”. Porque Jesús le había dicho: “ Sal de este hombre, espíritu impuro!”. Después le preguntó: “¿Cuál es tu nombre?”. Él respondió: “Mi nombre es Legión, porque somos muchos”. Y le rogaba con insistencia que no lo expulsara de aquella región.

Evangelio de S. Marcos 5, 1 (1)

Mi primer descenso.

Aquel día me senté junto a ella, junto a mi compañera de vida y de camino, y ambos, desde una valentía que he visto en pocas personas, nos adentramos en los estados de consciencia expandida que proporciona la copa mística(2).

Solos ella y yo, sin cuidador ni guía, situación tan desaconsejable como atrevida, propia de la inconsciencia que suele adjudicarse a la juventud, pero que con frecuencia es la perla que adorna a quienes ya han vivido mucho. Sin duda vivir mucho tiene algo que ver con los años, pues no es posible vivir mucho en poco tiempo; sin embargo la mayor parte de quienes conozco que peinan canas son personas que han durado mucho, y parece que vivir es algo que les dio miedo o que se les olvidó por el camino.

Esa fue la primera vez en mi larga vida que descendí conscientemente a mis infiernos, y fue terrible. Mis demonios me asustaban, eran feos y horribles, despiadados y crueles, y, sobre todo, absurdos. Algunos llevaban sobre sus desnudos pechos su nombre tatuado, ora como si fuera a fuego, ora como una tenue neblina: Soberbia, Venganza, Sinrazón, Rabia, Astucia, Resentimiento, Impotencia, Poder, Cosificación, Deshumanización, Dominación, Sinsentido, Alienación, Perpetuación, Eternidad…

El dolor y el miedo me sobrecogieron y me arrollaron. Mi compañera, que también había ingerido la comida de las diosas(3), tuvo el valor de salir de su proceso como pudo para poder asistirme, para consolarme en un dolor que no tenía consuelo, para mitigar los efectos del terrible huracán que arrasaba mi isla, mi pequeña e insignificante existencia en esto que orgullosamente llamamos realidad.

Agradezco profundamente a mi compañera de experiencia su valentía al emprender su viaje junto al mío y junto a mí, su inmensa fuerza para salir de su propia experiencia para atenderme, su dedicación a mi desconsuelo, y su atención cuidadora y paliativa. Sin ella no habría salido indemne de mi excursión a los infiernos.

El viaje fue liberador, visitar los infiernos y ver de cara a los ángeles caídos fue tan terrible como liberador. Sin embargo no debí de quedar del todo liberado, pues el sentimiento de que no era suficiente era mayor que el sentimiento de liberación que siguió a la experiencia; y las ganas de volver al reino de las oscuras sombras comenzó a azuzarme desde el mismo instante en que volví al estado de consciencia ordinaria y me acompañó durante algún tiempo.

El segundo descenso.

La segunda vez que descendí a mis infiernos no sé si lo hice por soberbia, por la inconsciente llamada que se repetía desde algún lóbrego rincón de mi ser desconocido desde mi primer descenso, por dictado de las Parcas(4) o si fue la casualidad quien me llevó de nuevo a la morada de Tántalo(5). En todo caso no tenía elección posible, pues los Hados conducen a quienes se someten a ellos, pero arrastran a quienes se les resisten.

Recuerdo que en esa ocasión se nublaron mis sentidos, dejé de percibir cuanto me rodeaba, dejé de verlo, de oírlo y de sentirlo en mi piel. Y al mismo tiempo, y en una forma contradictoria y misteriosa, se expandieron mis sentidos: cuanto percibía formaba parte de otro mundo, de un mundo que no se muestra en los estados ordinarios de consciencia, pero que es tan real o más que aquél: el mundo de la experiencia expandida.

Creo que fue en Madrid, no estoy seguro. Era una toma colectiva de ayahuasca. Esta vez sí, con cuidadores, guías y acompañantes. Allí regresé al Tártaro, que hasta ese momento yo había creído que era universal y compartido.

Sin embargo me di cuenta pronto que lo que yo tomaba por el Tártaro era mi peculiar infierno, mi sótano, la parte oscura de mi morada cuya existencia conocía tan solo por referencias e historias que nunca acepté del todo. No lo podía creer, los cimientos de mi casa eran peor que la más pérfida mazmorra, negra, húmeda y llena de seres malolientes, pegajosos y malvados. ¡Esos eran los cimientos de mi casa, de mi castillo! Sin ellos todo mi ser se habría venido abajo.

La consciencia expandida nos juega esas malas pasadas: lo que creemos ajeno, todo eso que rechazamos, censuramos, condenamos y combatimos es en realidad nuestro sustento, lo que nos mantiene de pie. O al menos es lo que a mí me mantiene erguido, vivo. Y eso era lo que mi consciencia expandida me mostraba.

Descubrir que la fuerza que me sustenta es la oscuridad, fue de una luminosidad cegadora; entendí en ese mismo momento por qué al capitán de los ángeles caídos se le llama también Lucifer, el príncipe de la luz.

Aún hoy es muy confuso para mí, pero tan inexplicable como ineludible: si rascas un poco en mí, tras la hermosa piel encontrarás demonios pestilentes y voraces. Sin duda el descubrimiento había sido un regalo de las diosas, mis eternas guías.

La consciencia de que esta vez eran mis demonios (sin duda los mismos que visité antaño) me producía sin igual repugnancia, un asco que se convirtió en vómito repetido e insistente. Quise exorcizarlos, pero no se fueron; creo que jamás fui un buen nigromante. Qué remedio. Todavía revivirlo me produce náuseas.

No recuerdo bien cómo ocurrió, mas me resigné a su compañía y descubrí que no me acompañaba el miedo: eran míos, eran yo mismo y mi mejor opción era acostumbrarme a convivir con ellos (¿o debo decir con ellas?). También descubrí que Azrael, en ángel de la muerte, no les acompañaba, no estaba en ningún sitio; aunque no entendía, ni entiendo aún por qué, el descubrimiento era coherente con mi ausencia de miedo a la muerte, miedo que no recuerdo que me haya acompañado nunca; antes al contrario, he tenido siempre a la muerte como mi más constante acompañante, casi mi amiga.

Esa vez mi esfuerzo, el que una pequeña voz me indicaba continuamente que me convenía hacer, estuvo dedicado a aceptar a mis demonios, a las bestias infernales que constituyen mis entrañas. Por fin me percibía completo, con luces y con sombras, hermoso y repugnante, grandioso y miserable. Tan solo me quedaba digerirlo, lo que aún ando haciendo. Pero ya era un ser humano verdadero, completo, entero.

No solo el miedo a la muerte estaba ausente, tampoco estaba el demonio de la Culpa-Perdón, y eso ya no me resultaba coherente, pues en mi niñez y juventud arrastré la culpa por el placer que sentí de niño las veces en que fui abusado. Una culpa que influyó en mi comportamiento durante años. No eran míos esos demonios?

Es posible que algunos de los demonios que viven en mi sótano estén solo de paso, que no sean habitantes de la casa sino meros invitados? O tal vez ocupas? Entonces sentirme pleno, sentirme completo al fin es incluir en mi plenitud aquellos demonios que me poseen a veces y que no son yo, que no forman parte de mi ser? Es pues una plenitud en la que sobran algunos demonios?

Sin duda, los demonios no son los únicos yoes que me poseen o influyen de vez en cuando. Me constituyen con frecuencia otros personajes, mis yoes, o roles, o máscaras que me pongo para funcionar en éste o aquél ambiente: ahora soy profesor, ahora soy seductor, después soy estratega, después seré confidente, ayer fui un compasivo amigo. Todos esos personajes que me constituyen son yo mismo, la parte alta de mi edificio, la que está expuesta a la luz del sol; tan parte de mi edificio, de mí mismo, como los sótanos sobre los que está construido. Hay también intrusos viviendo en la parte alta? Sin duda será también así. Pero su descubrimiento y mi encuentro con ellos son otra historia.

Lo divertido es que muchas veces yo soy quien no soy, que muchas veces me posee un personaje, ángel o demonio, que no es mío, que se ha colado de rondón o que es un mero habitante temporal de mi casa.

Volver a mis infiernos.

La tercera vez que descendí a mis infiernos fue buscada, yo quería de nuevo encontrarme con mis demonios, saludarlos.

Elegí otra vez una sesión de ingesta colectiva de ayahuasca, con la presidencia de un gurú que finge no serlo para darse un aura de intangibilidad y una protección contra quienes se previenen de torticeros gurús y falsos maestros del espíritu. Y con algunos de sus sus auxiliares, que hacían de cuidadores.

Bajé alegre y voluntarioso. Y allí estaban mis diablos, pues desde que me fueron presentados como mi otro yo mismo dejaron de ser demonios: ya no podían poseerme, sino simplemente hacer muchas maldades, mil diabluras, que sin duda hacen y harán mientras yo viva.

También en esta ocasión mis sentidos dejaron de percibir un mundo para percibir otro, el mundo que percibe la consciencia expandida. Pasé de la experiencia ordinaria a la experiencia expandida. Más esta vez estuve continuamente haciendo excursiones a la experiencia expandida, iba y venía desde mis infiernos a la sala de la toma. A lo mejor para cerciorarme de que las dos realidades estaban contiguas, una dentro de la otra, y, sobre todo, que yo estaba en ambas a la vez.

Estaban. Se sorprendieron al verme, sobre todo al verme ir hacia ellos alegre y contento. Se enfadaron. Mi alegría los enfurecía, quisieron de mil maneras asustarme. A mi me resultaban cómicos, divertidos, feos, algo inconsistentes y más reales que jamás. Los abracé. Uno a uno. Por turnos. Se resistían, ululaban, me amenazaban e intentaban zafarse de mi abrazo; todo en vano, mis sarmentosos brazos se ceñían a su confusa y desdibujada cintura. Eran míos. Me divertí al abrazarlos, al reconocerlos como yo mismo.

Quienes me vieron desde fuera, desde el cuidado y la atención que nos prestaban a los tomadores de ayahuasca de esa noche, me contaron que estuve bailando una danza curiosa y divertida, que me arrastraba y retorcía continuamente por el suelo, una y otra vez. Parece que yo era una mezcla de serpiente y pulpo fuera del agua, pugnando por respirar o tal vez por encantar a alguien con mi danza.

Salí de la danza renovado, consciente de mí mismo, reconociéndome incrédulo en el amor que brotaba de mí hacia mis propios infiernos. Me di cuenta que las únicas formas de no proyectar sombra son no existir o vivir permanentemente en las tinieblas: mi oscura sombre estaba allí porque yo estaba en la luz, y era fuerte porque la luz era intensa.

Esa noche me dejó un regusto de placer inexplicable y atractivo, que me llama una y otra vez.

Tal vez por esa llamada he vuelto varias veces a mis lóbregas mazmorras, a mis particulares sombras y negruras. Sin embargo mis posteriores visitas al reino de la noche, de mi noche, no han vuelto a ser tan intensas, ni tan terribles, ni tan placenteras. Sin duda han perdido ya el sabor de la aventura y el interés de lo nuevo.

Pero me siento, por fin, un hombre completo y pleno. Con una plenitud transitoria, pues parte de quienes soy, de quienes forman mi plenitud, son personajes que tan solo están de paso, que acabarán por abandonarme. En todo caso me siento el Señor de mí mismo. Quizás por eso ha dicho el profeta de Allah: Quien se conoce a sí mismo conoce a su Señor.”

Abu Fran.

(1) La existencia de seres “espirituales” o de otros mundos que poseen o se introducen en el interior de los seres humanos está presente en numerosas mitologías de múltiples culturas, tanto pretéritas como actuales. Sirva de ejemplo el pseudomito actual de los Reptilianos, quienes, como los demonios, se introducen en los humanos -a veces varios reptilianos en un solo ser humano- y se alimentan de su sufrimiento.
Lo que a mi personalmente me induce a sospechar este conjunto de mitos es la universalidad de la experiencia en la que sin duda se asientan. La diversidad de mitos para referirse a un mismo tipo de experiencia se debe solamente a la diversidad de culturas y a la falta de referentes filosóficos o culturales de quienes lo experimentan.

(2) Los sufís se refieren con frecuencia a “la copa” o “el vino” para hablar metafóricamente de lo que les permite el contacto con la divinidad. El conocido poeta y seik sufí Jalaludin Rumí se refiere a esa bebida como “el vino que nuestra religión no prohíbe”. Si tenemos en cuenta que Rumí era musulmán hemos de concluir que dicho “vino” es una sustancia que no contiene alcohol, pero que indudablemente produce una embriaguez mística (como los mismos sufís afirman en muchos de sus escritos).
Numerosos antropólogos afirman que dicha bebida mística probablemente estaba confeccionada con hachís, opio o ruda siria. El uso que actualmente hacen en algunas Tarikas sufís de la orden Fatimiya de una bebida análoga a la ayahuasca, a base de ruda siria y mimosa hostilis, confirman dichas investigaciones. http://realitysandwich.com/76773/fatimiya_sufi_ayahuasca/

(3) Un amplio número de antropólogos y etnólogos se refieren a los enteógenos que se ingieren en rituales chamánicos y religiosos como la “comida de los dioses” y términos análogos. Personalmente prefiero siempre hablar de diosas en lugar de dioses, porque estimo que ya es hora de ir modificando la base patriarcal de la mentalidad actual de muchos de nosotros.
En las mitologías que sustentan este tipo de rituales esas sustancias se ingieren para conectar con los espíritus o con los dioses; en otras ocasiones son los mismos dioses o entidades espirituales (como Pachamama) quienes ponen a disposición de los humanos estas sustancias para que puedan conseguir determinados fines.

(4) En el mundo latino de la antigua Roma las Parcas eran las personificaciones del destino (también llamado fátum, hado o sino). Controlaban el metafórico hilo de la vida de cada mortal y de cada inmortal desde el nacimiento hasta la muerte.

(5) En la mitología griega, Tántalo era un hijo de Zeus y la oceánide Pluto. Se convirtió en uno de los habitantes del Tártaro, la parte más profunda del Inframundo, reservada al castigo de los malvados, como castigo personal por varias ofensas que infringió a los dioses.