LO MÍSTICO COTIDIANO

Ayer volvía a casa por la autovía, era tarde, de noche, bien oscura y tremenda, poderosa e incógnita. Siempre disfruto de esas casi dos horas de viaje nocturno, atravesando el abismo, no viendo más allá del alcance de los faros.

Entonces ocurrió, me enfoqué absolutamente en el presente, bloqueé casi cualquier forma/pensamiento, sólo percibir, sin interpretar, sin procesar, sin significados, amorrado al pilón de la percepción como un niño al pecho materno, con los ojos recién estrenados bien abiertos, asombrados, mirando, mirando, fundido con el todo…, y me sumergí en el instante, el puro y desnudo instante sin más nada. Puntos aislados de luces rojas, blancas, acercándose y alejándose como en una borrachera, camiones en convoy tozudos y tercos, algún noctámbulo más, las rayas blancas, estelas fugaces, continuas y discontinuas, el resplandor pastel difuso en el cielo de las luces de las poblaciones, la radio de fondo, las luces del cuadro, la rumorosidad del aire en la carrocería, el ronroneo amortiguado del motor, la trepidación del asfalto, todo yo inmerso e invadido…. Llegué a casa, alucinadamente cabalgando el instante sin fin.

Mientas cenaba en un estado ampliado de atención, sentía el volumen y la forma de los cubiertos en mis manos, los sabores, texturas y olores de la cena traspasaron mi boca haciendo vibrar mi cuerpo en un placentero e invisible gusaneo, en un suave éxtasis balsámico como una brisa fresca… Pasé a la ducha, el agua, caliente y curativa como una fiebre en invierno, recorriendo mi piel y llevándose tantas y tantas cosas, el olor a primavera y a jardín, y la espuma blanca y algodonosa como las nubes del verano, el roce firme y recio del rizo de la toalla….

Entonces me di cuenta de que lo que sospechaba era cierto, de que la experiencia más psicodélica, más accesible, reveladora, más terapéutica, más enteogénica y más profunda que puedo experimentar es el instante de la realidad cotidiana, que toda experiencia con substancias no es diferente de la misma, tan sólo nueva.

Pablo.

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DECIDIR POR UNO MISMO

Muchas veces abandonar las ideas recibidas supone un esfuerzo, pues te has habituado a ellas y a vivir de acuerdo con ellas. No provienen de ti, pero las has hecho tuyas inconscientemente y te has instalado en la comodidad de hacer y ser lo que te dan ya preparado, precocinado; piensas que estás aquí para construir la casa de la que te han dado los planos y te han dicho el lugar donde has de levantarla. Por eso salir de tu zona de confort cuesta.

Y puede ser entendido como una provocación, pues quienes participan de esa forma de ver el mundo y de vivir en él pueden ver tu intento de cambio como un abandono, como una traición. Y, sobre todo, por quienes te enseñaron esas ideas y esas formas de ver el mundo y de vivir en él, pues pueden sentir que te apartas de sus enseñanzas o que su semilla ha caído en tierra yerma.

Tu esfuerzo, y el disgusto de aquellos que quienes te apartas para seguir tu camino, son signos claros de que estás en la senda correcta.

Abu Fran, Libertad y Destino. Perderse en el Futuro. Ed. Baraka Levante.

CARAVANA DE LA VIDA.

La vida es una caravana de descubrimientos y aventuras, de construcción y diseño del mundo, del futuro… En ella estás ubicado detrás de quienes te preceden y ellos detrás de quienes les precedieron, y caminas por delante de quienes te siguen. El camino que otros han recorrido es senda para ti, sus huellas son tu guía, su rumbo es tu norte.

No estás a la deriva, ni desorientado, ni caminas hacia el abismo. Y ello pese a que los vientos, los días y los soles han borrado sus huellas.

Sin embargo está muy extendida la ilusión de que cada cual va por donde le place o por donde le indica su extravío, la ilusión de que no hay camino, de que tienes ante ti un insondable mar inexplorado, y de que estás condenado a elegir desde la angustia o desde la ficción de lo que los más consideran deseable.

La realidad es otra: el extravío es ignorar las sendas, las muchas sendas que han llevado a otros que iban hacia donde tú vas, y que te sirven para aprender de ellas y caminar con mayor tiento hacia tu destino. Son sendas que ya han sido recorridas por otros, antes incluso de que fueras un sueño en el espíritu de tus padres. Y que por eso, porque ya han sido recorridas, quienes te han precedido te aportan experiencia y conocimiento para que puedas recorrer tú la tuya, pues aunque cada uno, en cada época y lugar, tiene un sendero distinto por recorrer, todos los senderos salen de este mundo y todos van hacia la realidad plena.

La muchedumbre, que no distingue las huellas de una avestruz de las de un ser humano, casi es incapaz de seguir los rastros de quienes les abrieron y te abrieron camino.

Una persona de la tradición mística, de las que están con frecuencia en la taberna bebiendo el vino de las diosas, buena observadora, sabe por donde va, no suele extraviarse.

Abu Fran, “La Copa y la Rosa. Un sufí entre ayahuasqueros

 

AYAHUASCA: DIVINIDAD Y CAPAS DE CEBOLLA

Madrugadas como esta, en las que el sueño es esquivo, escondido quizá en el fondo de un cajón cualquiera, me permiten recapacitar en ocasiones sobre el trabajo interno que he hecho durante estos últimos años. Experiencias espirituales, sobre todo con la Ayahuasca. Trabajo repleto de tropiezos, por supuesto. Cuán afortunado soy y me siento. Reconozco con fascinación lo densa que percibo ahora la vida, repleta de capas y más capas. Una cebolla cuyo corazón palpita en la inmensidad de algún sitio, allá en el núcleo interior. No es una gran vida desde el punto de vista de alguien que sí la haya sabido vivir intensamente, eso lo sé, pero puedo asegurar para mi tranquilidad que no estoy muerto en ella. Lo estuve, pero no ahora. Aquellos cristales empañados que montaban mis gafas fueron sustituidos por estos, y aunque en ocasiones la niebla oculte el asfalto que piso, respiro profundo y relajo los nervios, convencido de que sigo recorriendo el camino aunque no sea capaz de verlo con claridad. Pero son momentos puntuales, la niebla se disipa, pues no es eterna, y continúo sin detenerme. Cargo con la famosa mochila, y puede que con piedras más pensadas que nunca, y a pesar de ello con la sensación de que son más ligeras que otras que cargué en el pasado. No tengo miedo a la muerte. Aquella sí que fue una piedra pesada. No consigo explicarlo, pero en ese sentido mantengo la serenidad. Atrevería a decir que la ilusión de regresar a la Fuente y fusionarme con la divinidad sustituye ilógicamente al terror de la incertidumbre que tenía antes al respecto. Me daría rabia, eso sí, perderme ciertas cosas si el hilo se me cortase ahora, tan relativamente joven, pero otros antes que yo ya partieron hacia el otro lado del espejo, mucho más inexpertos (o no), y la vida sigue. Y es que hay que estar agradecido por haber tenido la oportunidad de existir en este plano de existencia y de esta forma individual. Bueno, no es que haya que estarlo, es que lo estoy. Qué importante es estar Despierto. Aún así no me considero en absoluto experto en nada, y mantengo mi consciencia en el umbral de la puerta, abierta, sin saber si he de dar un paso para entrar o dos. Quizá esté ya dentro quién sabe, en eso sí tengo dudas, pero de que estoy no solo delante de ella, sino que además está dispuesta para mí, no me cabe la menor duda. Lástima de aquellos que incluso deseando encontrarla, no la encuentran. Pero qué digo lástima!!! Cómo me atrevo a ser tan egocéntrico, maldito sea. Seré idiota. Cada uno vive lo que debe vivir, y a su debido tiempo irá descubriendo sus propios matices. A mí me ha sucedido y me sucede. En el pasado miraba arriba, hacia el cielo físico, y hablaba con Dios. En otros tiempos incluso dudé, defendiendo que no era más que un montón de entrañas que terminarían por pudrirse algún día, y fin de la historia. Hoy sin embargo Dios no está arriba, sino en nosotros. Lo veo cada mañana en el espejo que refleja mi imagen, lo veo en mi compañero de trabajo, en mi madre y en mi amigo, lo siento en el milagro que es mi hijo y de igual manera en la panadera que me vende el pan cuando lo compro. Todos somos él. No hay diferencia entre nada ni nadie. Somos la misma cosa. No hay espacio que nos separe. No existe. Es un absurdo, como si todo esto no fuese más que un juego. Y lo es. Una dimensión de texturas por la que tenemos la sensación de movernos, pero compartiendo todos un mismo punto inalterable. Y vuelve a suceder. El léxico se esconde, como el sueño oculto en el cajón, pues fallan las palabras que puedan explicar lo que siento, aunque sepa muy bien lo que es. Y lamento, con una mano en el corazón que aún impulsa sangre por mi organismo, todas estos pensamientos que comparto. La culpa es de la noche y su maravilloso silencio, que me permite escuchar esos pensamientos locos que en ocasiones pasan desapercibidos por el barullo del día a día. Que salgan pues los duendes de sus escondrijos y saluden al pasar. Los recibiré con una sonrisa como respuesta, síntoma de lo feliz que me siento por estar vivo ahora mismo.

No mañana ni pasado, ni tan siquiera en unas horas cuando salga el Sol, sino ahora. Vivo ahora. Miro a mi derecha y mi hijo, mientras escribo, duerme. Ha sido y es el mayor regalo que me ha otorgado la vida, y es Dios, igual que lo soy yo. Soy él, y él soy yo. Cómo puede tener tanto sentido lo que siento si no se puede explicar en la lengua que uso para hablar y pensar? He ahí el problema, que no lo es. El sentir. Eso sí es vivir y estar Despierto. Eso sí es sabiduría. Sentir. Nada más. Sintiendo de esta manera lo comprendo todo, aunque no sepa explicarlo con palabras y trasladarlo, convencido que quien haya estado ahí sabrá perfectamente a lo que me refiero. Gracias.

O.A. Hanksler