HAY VENTAJAS EN SENTIRTE UN INDIVIDUO COMPLETO Y AUTOSUFICIENTE?

Eres un individuo libre? Sometido tal vez? Imperas sobre los demás? Eres independiente de otros? Te oprime la sociedad en la que vives? Consideras que esta sociedad es una lucha de todos contra todos? Buscas realizarte como individuo? Buscas tu felicidad individual?

La consciencia, la falsa consciencia de ser un individuo separado físicamente del resto de la materia, un individuo libre e independiente corporalmente del resto de la naturaleza, se ha convertido en una maldición. En el seno de la naturaleza ha evolucionado una especie que siendo parte de ella se aparta de ella por su errónea autoconsciencia de ser distinto de la naturaleza, de optar por vivir en contra de la naturaleza y enfrentado a ella.

Esa situación aboca a la naturaleza a un cambio radical: ese nuevo ser que se cree diferente de la naturaleza en lo que habita, en cuyo seno vive, y en la que ha surgido y evolucionado, ese ser que se cree separado de la naturaleza, se enfrenta a ella como un extraño, intenta dominarla y utilizarla sin límite, como el animal que devora su presa porque su presa no es él.

Como resultado de las acciones de este triste ser humano, la naturaleza se ve abocada a un brutal cambio, un rápido e increíble cambio en sus ecosistemas que acaba por producir unas condiciones de vida extraordinariamente difíciles para ese ser que está originando ese cambio, un cambio que hace la vida del ser humano sobre la Tierra muy difícil o incluso imposible.

Y tal vez a un cambio que acabe con las condiciones de posibilidad y subsistencia de la naturaleza misma en el planeta Tierra, entendida esta naturaleza como la biosfera terrestre.

El ser humano actúa como el depredador que se devora el vientre (o la pata trasera) pensando que el vientre (o la pata trasera) no es él, no es parte de él.

O como la célula cancerosa que acaba por destruir al individuo que padece el cáncer porque esta célula, que es una célula del mismo ser que la tiene en su interior, actúa como si pudiera alimentarse del cuerpo del que es parte porque no se considera parte de ese cuerpo.

Te sientes un individuo? Te sientes como algo diferente y separado de la naturaleza? Es la naturaleza algo que te conviene dominar? Incluso tu propia naturaleza? La naturaleza tiene poco que ver contigo? Los demás son seres separados de ti y su destino en muy poco te afecta?.

Si respondes con un si a alguna de estas preguntas eres una especie de cáncer para ti mismo, pues tu comportamiento, fruto de tus creencias sin base, te lleva a la destrucción del ecosistema que hace posible tu vida en el planeta. Y la vida de los tuyos.

Si de pronto tus células decidieran dejar de cooperar entre si y mirar cada una de ellas por su propio interés desentendiéndose del interés del conjunto de células de tu cuerpo, morirías en cuestión de muy pocos minutos.

Sin naturaleza no puedes vivir, dependes de ella, pero ella no depende de ti. Eres una parte prescindible de la naturaleza, como la célula dañada de tu cuerpo que es mejor dejar morir. Eres naturaleza. Si quieres comprobarlo prueba, siquiera sea imaginariamente, a vivir fuera de la naturaleza.

Sin sociedad no puedes vivir, eres parte de la sociedad, eres una célula de la sociedad. En una gran isla desierta, realmente desierta, sin nadie más en ella, tu supervivencia se vería muy comprometida, y desde luego tu bienestar. Tu única opción sería sobrevivir en precarias condiciones hasta sucumbir por enfermedad, por accidente, por agresión de otro ser vivo o por vejez (sin duda prematura).

Incluso si piensas que constituir una comuna o un grupo al margen de la sociedad es vivir fuera de la sociedad, te equivocas. Siempre que hay dos o más humanos compartiendo recursos y actuando coordinadamente, hay una sociedad. No hay ser humano sin sociedad. Sin sociedad no eres nada.

Si, me dirás, pero probablemente te sientas solo más de una vez, incomprendido, incomunicado. A la postre tu dolor de muelas es solo tuyo, a nadie le duele tu dolor de muelas. A nadie le alegra como a ti el nuevo trabajo que has encontrado. Nadie está en tus zapatos y, por más que digan, nadie sabe realmente cómo te sientes.

Todo eso es cierto. Pero es cierto para ti, en tu consciencia manipulada por quienes se benefician de cómo está organizada esta sociedad. Sin embargo muchos hemos tenido dolor de muelas, si nos dices que a ti también te duele una, sabemos de qué nos hablas. Y sabemos lo que se siente cuando te divorcias, o cuando eres padre por primera vez. Nos lo puedes decir y a buen seguro te entenderemos y, algunos sentiremos vicariamente lo que tú sientes. Tu percepción de tu propia soledad es una percepción errónea y condicionada. No es tuya, ha sido inducida por las series de TV, las películas, la propaganda, los condicionamientos que han ido inoculándose artera y subrebticiamente en tu sociedad.

En todo caso, tal vez no sea muy importante, pues la alternativa que tienes es:

1) o sentir y pensar que eres un individuo separado y actuar como tal(1)

2) o sentir y pensar como parte de un todo mayor, la sociedad y la naturaleza, actuando en consecuencia; es decir, cooperando con otros seres humanos por el interés común de la sociedad, la especie y la naturaleza.

Desafortunadamente ya no tenemos tiempo para esperar a convencer antes a los escépticos. La única opción es actuar ya.

Abu Fran.

NOTAS:

(1) Ambos van de la mano, igualmente si actúas como un individuo separado e independiente, te sentirás y pensarás como un individuo separado.

ADENTRARSE EN EL CAMINO REAL.

CONVENIENCIA DE LA METAFÍSICA.

Decía el príncipe de los filósofos (1) que el ser humano es un ‘zoom politikon’, un animal social por naturaleza, y que, con independencia de cuál fuera su interés por la política, ésta iba a determinar cómo transcurriría su vida. Los seres humanos podemos ocupamos de la política o no hacerlo, pero la política se ocupa de delimitar el espacio en el que forzosamente nos vemos obligados a desenvolvemos. Si alguna tesis de éste gran filósofo permanece aún indiscutida, es ésta.

Esa extraña cualidad, que hace de la política ineludible para el ser humano en tanto que ser social, impregna, con mayor radicalidad todavía, la filosofía, más allá incluso de la sociabilidad consustancial al ser humano. Como señala el maestro Gramsci (2), podemos ocuparnos en filosofar o soslayar hacerlo, pero ineludiblemente la filosofía constituye el substrato con el que construimos nuestra visión del mundo, proyectamos nuestra praxis, y entendemos lo que ocurre. Gramsci nos muestra que, si renunciamos a ocuparnos de la filosofía, nuestra visión del mundo, aquella con la que interpretamos y construimos el mundo, la vida cotidiana, y la ciencia, estará formada por retazos inconexos, y hasta contradictorios, de filosofías pretéritas. La única forma de abordar el mundo desde una visión subyacente coherente es filosofar.

Sin embargo, filosofar y adentrarse en la filosofía hasta sus fundamentos no son sinónimos (3), pues las raíces de la filosofía se hunden en lo que llamamos ontología, la teoría del ser (4), y la metafísica, o doctrina que estudia las leyes más primigenias que gobiernan la realidad. No es posible una filosofía sin metafísica y ontología, por más que sea posible filosofar sobre cualquier cosa sin adentrarse en tan abstrusas disciplinas (5).

Respecto de ellas, cinco son las causas, como señala Maimónides (6), las que cohíben a las personas cuando se inician en el estudio de los temas metafísicos, imprescindibles para hablar con corrección e inteligibilidad del camino real, el que conduce a la verdadera luz.

La lª causa es la dificultad, sutileza, y profundidad de la materia en sí misma, pues quien sabe nadar extrae perlas del fondo del mar, y quien no sabe nadar, se ahoga.

La pereza, la falta de luces, y la ausencia de estudios preparatorios hacen que los impacientes se lancen por el camino de la especulación sin tal bagaje, e incapacitados para adherir tales conocimientos por falta del adecuado instrumento:

  • ora confunden su anhelo ardiente con la verdadera sabiduría, haciendo pasar por saber lo que no es más que espejismo o error (7);

  • ora denuestan y vituperan tales estudios preparatorios, que son incapaces de captar o demasiado desidiosos en asimilar, empeñándose en demostrar que son inútiles o perjudiciales (8).

Toman así lo accidental como lo importante, el error en que se cae por ignorancia, como descubrimiento, el oscurantismo tras el que se esconde la vastedad de su desconocimiento, como grave preocupación por salvaguardar la verdad del manoseo de los no iniciados; y descalifican el conocimiento de las ciencias, la filosofía, la lógica y la matemática, alejando a sus acólitos de su estudio, porque, a su luz, sus supuestas verdades se desvanecen como la niebla en primavera.

La 2ª causa es la deficiencia mental del ser humano en los comienzos de sus vidas, que a veces se alarga hasta más allá de la juventud, pues “como pollino de onagro nace el hombre” (Quran, 11,12).

Deberemos también desaconsejar su estudio a los más jóvenes, pues su natural bullente, y las preocupaciones propias de su edad les alejan de la calma y la serenidad de espíritu imprescindibles para adentrarse en tales elucubraciones sin errar ni precipitarse por senderos equivocados.

La 3ª causa es la larga duración de los estudios preparatorios, pues es necedad aventurarse al estudio de la metafísica sin un profundo conocimiento de las ciencias físico naturales, de la matemática, la lógica, y la hermenéutica filosófica.

Hay personas de escasas luces innatas, para quienes la duración de la vida humana no es tiempo suficiente ni siquiera para adentrarse en el conocimiento de los estudios propedéuticos necesarios, y que deberán contentarse con lo que los sabios les faciliten como verdad elemental y práctica para regir su destino, fiados en la ‘autoritas’.

La 4ª causa radica en las disposiciones naturales, pues las virtudes morales son la base de las racionales, y la adquisición de la perfecta racionalidad solamente es factible al ser humano atenido a la ética, respetuoso con la moral, ponderado y sereno.

Los individuos de innata disposición temperamental incompatible con la ética, que deben regir sus actos por el imperativo hipotético que impone la ley externa o el temor al castigo del gobernante. Por ello están incapacitados para el estudio de la metafísica pues nunca entenderán la necesidad del comportamiento ético.

La 5a causa es andar ocupados en constituir o consolidar un hogar, en educar la progenie, o en conseguir lo necesario para el sustento propio y de los suyos, pues tampoco en tales situaciones es dado alcanzar la serenidad, el reposo y la calma que se precisan para tan abstrusos estudios.

Y esto es especialmente cierto cuando el afán que predomina es perseguir las superfluidades de la vida que, debido a la vituperable conducta y malas costumbres, han llegado a ser una necesidad natural ineludible en nuestros días.

Nos encontramos así con una disciplina ineludible, la metafísica, cuya investigación, sin embargo, debe ser evitada por la generalidad de los mortales, mas cultivada con denuedo por el sabio.

Para desgracia de los tiempos presentes se considera la imposible generalización de su investigación para el común de los ciudadanos como justificación de su desconocimiento, pretendiendo que la imposibilidad para muchos para investigarla y descubrirla es motivo fundado para su ignorancia. Sin embargo, verbi gratia, nadie considera causa suficiente para no saber conducir la incapacidad para entender las leyes del Estado (9) o los principios de la termodinámica (10)-.

Debemos pues huir de adentramos en su estudio sin la conveniente preparación o las necesarias condiciones, tanto como de denostarla.

En la misma medida en que debemos ocuparnos de conocerla lo bastante como para no ser, en el reino de la hermenéutica y construcción de la realidad en que todos debemos movemos, pequeño bajel a merced de las tempestades del concepto y los vientos de la manipulación y las modas.

Y, en cualquier caso, si algo no es la metafísica es secreto, misterio, o flor que deba ser sustraída de la pública mirada. Aunque no todos puedan profundizar en ella, ello no les exime de conocerla, y es obligación nuestra exponerla a la pública consideración, para que, quien tenga oídos para oír, que oiga.

Abu Fran, abdal.

NOTAS:

(1) Aristóteles (Estagira, 384 a.C.Calcis, 322 a.C.).

(2) Antonio Gramsci (Ales, Cerdeña, 22 de enero de 1891 Roma, 27 de abril de 1937)

(3) Gustaba de afirmar Ortega y Gasset -hombre simpático y poco leído- que filosofía no es aquello de que se trata, sino la forma de tratarlo.

(4) O, por decirlo con un lenguaje más moderno, el concepto de lo real imprescindible para toda conceptuación.

(5) Dando, consciente o inconscientemente, una ontología y una metafísica por sentadas.

(6) Maimónides (Córdoba, al-Ándalus, 30 de marzo de 1135 – El Cairo, Egipto ayubí, 12 de diciembre de 1204)

(7) Que los mismos sofistas no pueden percibir como tal, pues no se pueden consolidar los asertos ni enuclear las dudas, sino mediante ciertos principios tomados de esos estudios preparatorios.

(8) Pues nada importa -dicen- sino el verdadero conocimiento -por tal tienen a sus falsas teorizaciones-, y los estudios de las ciencias y la filosofía no hacen sino obstaculizar el logro de la verdad.

(9) Pues en ellas se inhieren las que regulan la circulación de los vehículos a motor, que de ellas extraen sus criterios hermenéuticos y los procedimientos procesales y sancionadores establecidos para conseguir su respeto y restitución.

(10) Y es sobre la base de estos principios que se construyen los motores de explosión, que mueven nuestros vehículos.

LA CARA OCULTA DEL PATRIARCADO.

El feminismo es el único futuro.

Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1) fue un filósofo alemán que vivió en la bisagra de los siglos XVIII y XIX. Estos son los años en los que el sistema feudal, ya muy transformado pero todavía vigentes los principios filosóficos que lo fundamentaban, se resquebraja a la vez que también lo hace la relación entre señores y siervos, trasformada ahora en el predominio de la nobleza sobre el resto de la población, que ya no es estrictamente de “siervos”, aunque predominen éstos.

Este resquebrajamiento da así paso a un nuevo sistema que ha diseñado y acabará por implantar la burguesía europea. El nuevo sistema burgués, que se denominará finalmente “capitalismo”, tiene en este momento como divisas tres ideas filosófico-políticas rectoras: “libertad”, “igualdad” y “fraternidad”.

La expresión “capitalismo” es especialmente adecuada, pues los propietarios de las grandes empresas dejan de ser éste o aquél señor, ésta o aquélla familia y, poco a poco, pasa a serlo el capital, es decir, los poseedores anónimos (de ahí la denominación de “sociedades anónimas”) de las acciones en que se divide el total del capital de una empresa.

Aunque el sistema burgués precapitalista y el sistema capitalista no sean lo mismo y existan entre ambos importantes diferencias, a los efectos de este post no entraremos en ellas.

En el capítulo IV, apartado A, titulado “Autonomía y no autonomía de la autoconsciencia; dominación y servidumbre” de su obra Fenomenología del espíritu (2), Hegel habla de las relaciones entre señor y siervo (que se conocerán después como la dialéctica entre el amo y el esclavo).

Ciertamente el modelo que Hegel tiene delante al escribir este texto es la transformación que está experimentando la sociedad europea, la caída del antiguo régimen para dar paso a una nueva sociedad, la burguesa, con otras concepciones filosóficas como base, y, en consecuencia, con otro tipo de relaciones entre las personas y las clases sociales.

1) Sin embargo, en la medida en que en las relaciones humanas predomine la dominación de unos y la sumisión de otros, el análisis de Hegel tiene una validez casi universal. Es decir, la reflexión hegeliana tiene un marcado carácter filosófico y es, por ello, de validez general.

2) También es necesario aquí recordar que Hegel no habla propiamente de clases sociales, no habla de quienes son considerados socialmente señores o nobles y de quienes se consideran siervos o esclavos, sino que:

  • siervo” y “señor” son dos actitudes de la consciencia: La misma consciencia puede ser consciencia señorial o consciencia servil, actitud de señor o actitud de esclavo (3),

  • y ninguna consciencia es sólo de amo o de esclavo, toda consciencia es a la vez consciencia de siervo y consciencia de señor.

3) Al parecer todo empieza con la necesidad de reconocimiento que tenemos los seres humanos. La necesidad de ser reconocido por tus iguales como un ser humano igual a ellos.

  • El deseo del animal y el deseo del ser humano son distintos.

    Actualmente sabemos que algunos mamíferos experimentan emociones y sentimientos, pero esto no era nada evidente el tiempos de Hegel. En cualquier caso parece que la mayoría de los animales no los experimentan, ni los moluscos, ni los peces, ni los insectos, ni los reptiles, ni las aves, etc. Esta distinción entre humano y animal en nada empaña la reflexión hegeliana, pues lo único que tal vez se cuestiona es qué animales pueden considerarse humanos y cuáles no. Por ello continuaremos hablando de “animal” dentro de la consideración hegeliana.

    También necesito aclarar aquí que “animal” y “humano” no son incompatibles, sino todo lo contrario: todo ser humano es un animal y por tanto tiene deseos animales y, tal vez, también tenga deseos humanos.

  • A diferencia del ser humano, el animal desea negando el objeto de su deseo, desea para consumir o usar lo que desea, para incorporarlo a sí mismo, negándolo así como un ser autónomo y como sujeto de deseo. El deseo del animal es deseo de una cosa, el deseo del animal cosifica el objeto de su deseo, lo niega y lo convierte en sí mismo o en el uso que hace de lo deseado. El animal desea agua y comida, sexo (como estratagema de la naturaleza para la reproducción), a veces afecto (como estratagema de la naturaleza para la propia supervivencia) y a veces cuidar sus crías; y también desea los elementos necesarios para la consecución de estos fines: territorio, pertenencia a la manada, hembra o macho disponible, cuidador de la propia prole, etc.

Cuando lo deseado es consumido deja de ser lo que era, cuando es usado, el animal lo abandona y deja de existir para él. El objeto del deseo animal (también cuando este deseo animal lo tiene un ser humano) es siempre una cosa, o algo que ese deseo considera o trata como si de una cosa se tratara; y es una cosa que el deseo quiere consumir, que quien desea quiere convertir en él mismo, en parte de si mismo, o convertirlo en su prolongación en la acción.

Cuando deseas a un ser humano con este deseo animal, lo quieres para satisfacer una necesidad tuya, sea de afecto, trabajo, sexo, compañía, etc., es decir, no lo tratas como un igual con el que construyes un futuro en conjunto. No lo consideras un igual, pues si así fuera partirías de la consideración de su deseo, no del tuyo. Por decirlo de otro modo, lo conviertes en un objeto de uso o de consumo, del que lo único que te interesa es precisamente ese uso o consumo. Te ocupas de él es en la medida en que necesitas que esté en condiciones para satisfacer tu deseo, del mismo modo que te ocupas de tu coche, cambiándole el aceite o los neumáticos, por ejemplo, para poder usarlo según tus fines. De este modo cosificas al otro, lo objetualizas. Cosificar u objetualizar al otro es deshumanizarlo, pues la característica del ser humano es ser un sujeto de acción, planificación y deseo, no un objeto de deseo.

  • Frente al animal, el ser humano desea el deseo del otro. El ser humano desea ser deseado, pues mediante el deseo del otro obtiene un reconocimiento de su valía para los demás, para el otro, para los otros. Por supuesto, el deseo que convierte al ser humano en humano es el deseo humano, no el deseo animal.

Tu deseo humano del otro te reconoce a ti mismo como objeto y sujeto de deseo, mediante el deseo del otro eres reconocido como ser deseante y deseado, como un igual. Deseante porque deseas al otro, deseas el deseo del otro. Deseado porque el otro te desea

  • Como ser humano real y verdadero, el que trasciende al mero animal, eres el resultado de tu interacción con los otros seres humanos; tu primer yo y la idea primera que te formas de ti mismo están mediatizadas por el reconocimiento que obtienes de los otros a través de su acción. Sólo existes como ser humano en la manada, en la sociedad.

4) Para Hegel el deseo es la presencia de una ausencia, es la presencia en ti de algo que no tienes, de algo que no existe en tu mundo espacio temporal en ese preciso momento y lugar. Deseas lo que no tienes, y lo que deseas es tener lo que no tienes o hacer lo que no haces. El deseo siempre apunta al futuro.

Tu deseo de ser deseado es deseo de otro ser humano, es deseo de un igual a ti (4).

5) Este deseo humano implica al otro y acaba en una lucha por el reconocimiento.

El reconocimiento en Hegel no tiene un significado cognitivo, como se le da desde que se inventó el término “mente”. No se trata de que el otro reconozca que yo también tengo “mente”, que soy también un ser pensante. El reconocimiento lo entiende desde el punto de vista de la filosofía del derecho, reconocer a alguien es:

  • Reconocer su derecho, reconocerle sujeto de derechos.

  • Es también atribuirle un valor a algo o a alguien, reconocer que puede ser objeto de derecho es reconocer que tienen un valor, pues sobre lo que tiene valor se puede tener un derecho.

6) Por decirlo de otro modo, es reconocer el derecho mutuo entre los seres humanos: es acaso posible un derecho si no existen para ti otros seres a los que consideras también humanos?

Por lo demás tal vez convenga recordar que solo los seres humanos que viven en las sociedades humanas tienen derecho:

  • los animales no tienen derecho, sus relaciones mutuas o con otros seres u objetos no se rige por el derecho;

  • y el ser humano aislado, sin la presencia de ningún otro humano en su vida, tampoco regula sus relaciones con el mundo que le rodea mediante el derecho.

Querer ser sujeto y objeto de derecho simultáneamente es querer trascender la condición animal, es querer ser humano.

Por decirlo en la jerga filosófica, la primera acción antropógena se da en forma de lucha: dos seres que para saberse humanos deben imponer al otro un reconocimiento.

Sin embargo, para que puedas hacerte reconocer deberás comprender que el otro también aspira a trascender su propia vida animal y que está dispuesto a arriesgarse en una lucha a muerte por su reconocimiento. Deberás reconocer en el otro a un igual.

7) En esta lucha por el reconocimiento caes en la cuenta de que de nada te sirve matar al adversario, pues no es el reconocimiento de un muerto inerte lo que anhelas, los muertos no brindan reconocimiento alguno a nadie.

Algo importante y significativo debe ser conservado si quieres obtener ese reconocimiento, por lo que la supresión del otro ha de ser dialéctica, es decir, dejarle la vida y la consciencia y destruir sólo su autonomía. Dicho de otro modo, debes someterlo.

8) En esta lucha cede (y pierde) quien teme a la muerte, quien prefiere someterse a morir. El siervo, el esclavo lo es por miedo. El señor no teme, arriesga su vida hasta el fin y en todo momento (5). El señor somete al siervo.

Así, instalada la servidumbre (o el esclavismo) el señor obtiene el reconocimiento del siervo como señor, el siervo reconoce al señor como su señor.

9) No obstante este reconocimiento no es suficiente, pues el siervo no tiene la condición de ser humano, pues un ser humano se distingue por ser libre, y quien renuncia a la autonomía y a la libertad por miedo pierde su condición de humano. El reconocimiento sólo puede venir de un igual y el igual del señor es otro señor.

Son los otros señores los que te reconocen como señor. Pero los otros señores también son guerreros, tienen que ser guerreros pues se convierten en humanos al arriesgar su vida por ser libres y por obtener el reconocimiento del otro, por obtener tu reconocimiento. Ese otro cuyo reconocimiento te humaniza es un igual a ti.

  • De este modo el otro señor que te reconoce es tu enemigo, tus enemigos son la medida de tu propia valía. Cuando los otros señores te reconocen como su enemigo te hacen humano, pues reconocen tu valor y tu disposición a jugarte la vida por tu reconocimiento. Por eso son tan importantes, por eso los honras y les rindes culto, por eso los respetas y les agradeces.

    En esta misma linea Sigmund Freud, en su obra Tótem y Tabú dice que existen dos prescripciones tabú principales. Estas son:

    • el incesto y

    • la prohibición de comer carne del tótem del clan, del tótem del que desciendes míticamente.

    • Después de ellas, habla de otras tres: el tabú del enemigo, el tabú del rey o jefe y el tabú de los muertos. El tabú del enemigo ensalza el valor e importancia del enemigo propio, pues cuanto más valiente e importante sea tu enemigo, mayor es tu valor e importancia, pues él te considera su enemigo (como no lo hace tu esclavo, o tu siervo, quienes nunca te considerarán su enemigo, sino su señor). Y te atreves a enfrentarte a él, a ese poderoso enemigo: su valía e importancia es también una medida de tu valentía, pues enfrentarte a un esclavo, a quien consideras un inferior, nada dice de tu valía ni de tu valentía.

  • Y esta guerra entre señores no tiene fin, pues puedes morir como señor tratando de imponerte al otro en la lucha por el reconocimiento, pero no puedes vivir en paz como señor. En la paz no hay reconocimiento. En la guerra tienes un oponente igual que te reconoce, tu enemigo, pero sin guerra sólo eres reconocido por tu siervo, y ese reconocimiento no te sirve, pues mismo no reconoces a tu siervo como tu igual, como un ser humano.

10) Sin embargo, mientras lucha el señor no ha aprendido a crear nada, solo somete y destruye; solo guerrea. Es el siervo el que crea, crea la cosecha, crea la casa, crea el vestido, crea la armadura del señor, la forja, el granero, las armas, los carros…, la creación y el saber de transformar la naturaleza le pertenecen.

El señor está a merced de sus siervos, no es capaz de sobrevivir sin el siervo, no sabe valerse por sí mismo. En la supervivencia del día a día el señor se ha convertido en esclavo de su siervo, y el siervo en amo de su señor.

Tu siervo es quien tiene el poder de la creación y de la supervivencia, quien tiene el poder de la reproducción y de la transformación de la naturaleza, quien tiene la autonomía material frente al tedio; de él dependes en todo. Como señor eres un minusválido dependiente de tus siervos, eres incapaz de valerte por ti mismo en la soledad.

Una vez que has reducido al otro a la servidumbre, tu relación con las cosas está mediatizada por tu siervo, tu goce y fruición del mundo se produce con la mediación de tu siervo, pues es a través del siervo y gracias a él que disfrutas de ellas.

El siervo, si bien está a merced del señor, se educa y forma por la transformación del mundo y para la transformación del mundo a través de la técnica, que le permite así convertirse en amo de la naturaleza.

Al señor le falta así una de las características más propiamente humanas: la creación.

11) Cuando tu siervo adquiere consciencia de su poder comienza a querer liberarse del sometimiento a ti, a su señor. Pero como sigue teniendo miedo a la muerte, a tu agresión salvaje y brutal, opta por una dominación callada de ti, elije una dominación invisible, astuta, constante y aparentemente sumisa.

Aparentemente sumisa porque tu has de creer que eres quien sigue dominando, que eres el el amo: si descubres la estratagema del siervo lo volverás a someter por la fuerza; cuando no puedas, lo matarás. Las apariencias son de sometimiento del siervo y de dominio del amo, pero quien tiene el poder real es el siervo.

Pero tu siervo realmente no es libre aunque ejerza esta dominación invisible sobre ti, pues te está sometido, está sometido al señor. Y lo está por miedo, por un miedo fundado en la mayor fuerza y entrenamiento para la lucha del señor. Tu siervo, aquella persona que tienes sometida, lo está por miedo a tu agresión, a tu disposición al recurso a la fuerza, a tu entrenamiento desde tu juventud en la competición, en el ejercicio de la fuerza y en la pelea.

12) Esta situación es inestable, pues de este modo tu siervo te domina calladamente, es decir, no consigue nunca el reconocimiento de su señor, no consigue nunca tu reconocimiento, tu reconocimiento como igual a ti.

Su lucha contra ti, contra el señor, su lucha artera de dominación no puede cesar hasta que no obtenga tu reconocimiento el de un igual, hasta que no consiga librarse del yugo con el que lo tienes sometido.

13) Las apariencias no reflejan la realidad, y las relaciones de dominación son dialécticas y ocultas. Son relaciones de poder bidireccionales, pero únicamente se ve en ellas una de las direcciones: la dominación del señor sobre el siervo, y se ignora la dominación del siervo sobre el señor.

14) El patriarcado, como toda dominación humana por sometimiento del otro, sigue este esquema: el papel de señor lo hace el varón, el de siervo, la mujer.

  • Así la mujer carece de derechos, legalmente está muchas veces por debajo del varón, también económica, política, y socialmente.

    • Todavía hoy en muchas culturas carece de derechos o los posee disminuidos en relación al varón.

    • Hace apenas unas pocas décadas incluso en los países más avanzados las mujeres carecían de todo derecho político y de muchos de los derechos civiles, y su sometimiento legal al varón era fortísimo (6).

  • Está dominación del varón se trasluce incluso en el mismo uso del lenguaje: así el término “hombre”, que en su origen se refiere al ser humano (homo) se lo apropia el varón, privando de su uso a la mujer, que deja de este modo de ser un hombre, de pertenecer al género homo, es decir, de ser humana. El varón será pues humano, racional, es decir, hombre (en la escuela, cuando yo era niño, se definía al hombre como un animal racional). Y la mujer será animal, irracional, caprichosa e imprevisible.

15) Sin embargo la mujer ejerce sobre el hombre un callado dominio (7), y lucha constantemente por su total liberación, sin hacer ruido, sin que el varón se dé cuenta, sin que lo descubra, pues cuando lo hace, cuando lo descubre intenta someterla de nuevo por la fuerza llegando incluso a su aniquilación.

  • Quiero recordar aquí que de acuerdo con el registro realizado en la base de datos de Geofeminicidio, en el periodo 2010-2015 se registraron en el Estado español 586 feminicidios (86%) y 95 asesinatos de mujeres (14%), es decir, un total de 681 casos.

  • Los datos sobre varones asesinados por sus parejas son mucho más confusos, pero parecen situarse en torno a los 150 casos en el mismo período; la mayor parte de los asesinatos de varones son cometidos por otros varones.

El señor, cuando no puede someter al siervo que se revela contra él, lo mata. Y mata también al otro señor con el que guerrea. Quien mata es mayoritariamente el señor.

16) Hasta que no se alcance la igualdad esta dialéctica no tendrá fin.

  • Y la igualdad no es posible hasta que quien tiene la fuerza adquiera consciencia de la castración que para él supone el ejercicio de esta fuerza, hasta que el varón se dé cuenta de que su dominio político, económico y social sobre la mujer lo convierte en un incapaz de muchas cosas, en un castrado emocional y un disminuido para la creación y la supervivencia en sociedad.

  • La dialéctica del amo y el esclavo es también la del varón y la mujer en el patriarcado. Y es ahora cuando asistimos precisamente al final de este período.

    Las estructuras patriarcales llevan entre nosotros unos 8.000 años, por lo que no es esperable que se transmuten en unas pocas décadas.

  • 8.000 años es muy poco comparados con los 400.000 años (8) que han transcurrido desde que se produjo el salto evolutivo que convirtió a nuestro remoto antepasado en un ser humano.

    Tampoco podemos esperar que algo tan nuevo como el patriarcado tenga las raíces suficientemente fuertes y numerosas como para poder resistir el embate de los movimientos por la emancipación de la mujer. Máxime cuando la emancipación de la mujer parece ser una de las pocas salidas que tiene este sistema económico social depredador y devastador de vidas y planeta, y negador sistemático de la humanidad de quienes deberían ser considerados humanos desde el mismo momento su nacimiento.

    El patriarcado no desaparecerá como por arte de magia, pero tampoco es tan resistente como colectivamente se piensa.

    • Y por supuesto mucho menos resistente y firme que la fantasmagoría que algunos varones asustados ponen en escena cuando hablan de que “así son las cosas por naturaleza”, donde lo natural en esta parodia es el varón machote y la hembra femenina y objetualizada.

    • La única razón por la que esa parodia tiene alguna credibilidad es el titánico esfuerzo de la “inteligencia” de ese sistema por hacernos creer que las cosas siempre han sido como son ahora, y que por ello son inmutables.

17) CONCLUSIÓN: La emancipación de la mujer y el final del patriarcado es un interés colectivo, de la humanidad entera, tanto de varones cuanto de mujeres, pues sin ella ni se consigue la igualdad ni se abandona la guerra.

La sociedad patriarcal se fundamenta en la lucha, en la aniquilación y la destrucción, cosas todas ellas únicamente se pueden superar desde el reconocimiento real de la igualdad entre todos los seres humanos.

Adquirir consciencia de este hecho es hoy urgente y prioritario.

En esas andamos.

Abu Fran, abdal.

NOTAS:

(1) Stuttgart, 27 de agosto de 1770 – Berlín, 14 de noviembre de 1831.

(2) En alemán Phänomenologie des Geistes, publicada en 1807.

(3) Para la interpretación de dicha dialéctica del amo y del esclavo recurro aquí a las interpretaciones de A. Kojève (La dialéctica del amo y del esclavo en Hegel. Ed. La pléyade. Buenos aires, 1982) y J. Lacan (Seminario 16, Ed. Paidós, Buenos Aires, 2008). Queda aquí dicho y evito así las continuas referencias a uno y otro autor.

(4) El solipsismo de la New Age cuando propone anteponer el amor a sí mismo al amor al otro, anteponer ser deseado por uno mismo a desear el deseo del otro, es una reminiscencia del cristianismo en forma invertida: del “amarás al prójimo como a ti mismo” deducen que el sujeto debe amarse a sí mismo primero. Pero esa deducción es como poner el carro delante del caballo, no es posible amarse a sí mismo sin amar antes al prójimo que nos ama, salvo que confundamos el amor con el egoísmo (que, por lo demás, es una confusión propia del individualismo de las sociedades capitalistas del que tampoco se libra la New Age).

(5) Qui resistit, vincit. Parece ser que esta es una máxima latina de Persio y que sería tal vez aplicable aquí.

(6) En la dominación del siervo por el señor tampoco el esclavo tiene derechos, solo los tiene el señor, la nobleza. Los demás únicamente comenzarán a conquistar algunos derechos tras la revolución francesa.

(7) Para ejercer este dominio se vale muchas veces de la libido del varón, de su deseo sexual. Pero este es un aspecto del que hablaré en otra ocasión, por más que pueda ser importante en la tedida en que implica la reproducción -del ser humano y del patriarcado- y la producción de un heredero del varón.

(8) La duración de estos dos períodos es discutida, especialmente respecto del patriarcado, que al parecer no apareció al tismo tiempo en todos los lugares en los a ahora impera. Para no entrar en debate he dado los valores tedios. En todo caso la proporción entre un período y otro es aproximadamente la que corresponde a los datos que doy.

UNA DE INDIOS.

En quién reside la sabiduría?

Corrían los años cincuenta del siglo pasado y se acercaba el invierno. Otawak, jefe de una tribu india del Canadá, reunió a los miembros de la tribu y les envió al bosque para coger leña y estar prevenidos para el invierno venidero.

Otawak de niño había ido a la escuela de blancos, por eso se desplazó hasta la pequeña aldea blanca cercana y desde el abastecedor (una especie de minisupermercado de barrio) telefoneó al centro meteorológico.

  • Buenas tardes -dijo Otawak-, llamaba para saber si el invierno que se avecina va a ser duro este año.

  • Si, va a ser muy frío, conviene que se prevenga para ello.

  • Otawak volvió a la tribu, reunió a todos sus miembros y les dijo:

  • El invierno va a ser duro, salid de nuevo al bosque y recoged leña durante una semana más.

A los cinco días Otawak volvió al abastecedor y volvió a telefonear al centro meteorológico:

  • Buenas tardes.

  • Buenas tardes -le contestó el funcionario.

  • Les llamaba para saber si el invierno va a ser tan duro como me dijeron hace una semana.

  • Si señor, no sé qué le dijimos exactamente, pero seguro que va a ser más frío de lo que le dijimos.

  • Muchas gracias -dijo Otawak. Y colgó el teléfono.

Al día siguiente Otawak volvió a hacer lo mismo que había hecho hacía seis días, reunió a la tribu y les dijo que había que prolongar la recogida de leña una semana más, pues el invierno que se esperaba, se esperaba especialmente duro. Y los indios continuaron con sus excursiones al bosque para coger leña.

Cinco días más tarde Otawak quiso saber si sus hermanos tribales habían ya recogido suficiente leña, así que volvió al abastecedor y a la consulta telefónica al centro meteorológico:

  • Buenas tardes.

  • Buenas tardes, dígame.

  • Mire, les llamaba para saber si el invierno que se avecina va a ser muy duro y frío.

  • Si, extremadamente duro y frío -le dijo el funcionario del centro meteorológico.

Otawak estaba ya extrañado de un tan inusitado invierno venidero, y comenzó a preguntarse cómo era que las predicciones sobre el próximo invierno eran cada vez más pesimistas.

  • Y ¿cómo saben ustedes que el invierno será tan duro? ¿no es posible que se hayan equivocado -preguntó Otawak al meteorólogo.

  • No, estamos seguros de que será extremadamente frío y duro, no estamos equivocados.

  • ¿En que se basan ustedes para estar tan seguros? El tiempo suele ser muy variable e impredecible.

  • Mire usted -le dijo el meteorólogo- estamos seguros de que va a ser muy duro, mucho más duro que otros años, pues los indios no hacen más que recoger leña del bosque, mucha más de la que cogieron nunca, y sólo si esperan un duro y extremadamente frío invierno tiene sentido ese comportamiento.

Cuento adaptado por Abu Fran, abdal.

BARAKA ORGANIZACIÓN. 

HACIA UNA ESTRUCTURA DESORGANIZADA. 

Muchas veces, cuando montamos una nueva organización o proyecto intentamos crear una estructura administrativa-organizativa más o menos fija, igual para todos, homogénea, estable, clara y plasmable en un organigrama.

Todo ello, por supuesto, sometido a continua revisión y modificación, pero siempre desde los mismos presupuestos de tener una estructura organizativa fija-renovable (flexible) a la que atenerse y en la que encuadrarse.

Como un ejército, vamos, o como la mayoría de las empresas-sociedades de capital: departamentos, jerarquías, casillas de organigrama, subordinación, etiquetas/cargos asignados a unos y otros, procesos de ascenso y de incorporación a cargos, departamentos o funciones, etc.

No obstante esa filosofía tiene algunos graves inconvenientes y desajustes con el mundo que habitamos en el s. XXI. Y tal vez debamos adoptar otras filosofías sobre las que construir nuestra organización. Veámoslo con un poco de detalle:

  1. La antigua sociedad absolutista-feudal se dotó de estructuras pétreas, fijas, correspondientes a una sociedad que tardaba milenios o muchos siglos en sufrir cambios sustanciales.

    Las estructuras de esta sociedad noble-absolutista (sociedad de castas al fin), tenían una organización fija y pretendidamente inmutable, por lo que se adaptaba mal a un mundo que cambiaba cada vez a mayor velocidad que antes. El s. XIX ya cambiaba a una velocidad que ninguna estructura del antiguo régimen era capaz de soportar.

  2. En el s. XIX, con la aparición de las sociedades de capital y la extensión de la revolución liberal de la mano de masones y librepensadores, los empresarios-capitalistas necesitaron un modelo organizativo nuevo que no se basara en el nacimiento.

    El nuevo modelo convenía que se basara en las funciones a desempeñar por cada persona y en la subordinación de toda la organización a los intereses de un capital anónimo. Y estas nuevas cualidades deseables para las personas que se incorporaran a la organización ya no venían determinados por la cuna.

    Al principio se comenzó por copiar las estructuras organizativas de los ejércitos, añadiéndoles uno de los tres principios de los librepensadores: la igualdad, que habían estado defendiendo desde dos siglos atrás muchos de los intelectuales europeos (con Descartes, Kant y Hegel como epígonos destacables).

    En estas nuevas empresas las personas ya no eran conde, duque o lord, sino que desempeñaban el cargo de capataz, gerente, director o lo que fuera, un cargo que no tenía -en teoría- nada que ver con el nacimiento.

    Esta nueva sociedad burguesa establec como principio que por nacimiento todos somos iguales, serán nuestras capacidades y nuestros méritos los que determinen nuestra posición en el organigrama. Y, lo que es más importante, estas capacidades se adquieren, se aprenden, se enseñan.

    Para esta nueva filosofía burguesa la igualdad comporta democracia política, y ésta comporta que cualquiera pueda ocupar cualquiera de los nuevos cargos que se crearon dentro de la nueva estructura política de los Estados-Nación. Igualmente comporta que cualquiera, mediante el sistema de votación, pueda decidir quién, de entre los otros cualquiera ocupa los cargos de mayor responsabilidad.

    Las nuevas estructuras de departamentos y jerarquías modificables, con individuos reemplazables por cualquier otro bien preparado, y con organigramas adaptables a las nuevas situaciones que fueran surgiendo o a las que se fueran enfrentando las empresas (como los nuevos mercados en las colonias), se adaptaban mucho mejor a un mundo que la burguesía y el espíritu de la revolución (libertad, igualdad y fraternidad), iban cambiando. La nueva sociedad liberal se dotó de unas estructuras metálicas, fijas pero flexibles, que podían, como un mecano, irse montando y desmontando continuamente, más adaptadas a un mundo que cambiaba cada pocas décadas.

    Ese mundo que surgió a finales del s. XVIII desapareció a finales del XX. En los primeros años del s. XXI se hizo ya evidente que había desaparecido.

  3. El nuevo mundo surgido de:

    • la evolución del anterior, de las nuevas tecnologías,

    • del nuevo flujo de capitales y mercancías,

    • de la formación (necesaria) de la mano de obra,

    • del efecto de la aparición de la masa crítica intelectual y espiritual que había surgido como consecuencia del brutal incremento de la población (1.800 millones en 1960, 8.000 millones en 2016), y

    • de la voracidad alienada de las sociedades anónimas de capital,

Era un mundo que cambiaba a mucha mayor velocidad, a una velocidad que nadie había jamás imaginado, y que aún hoy nos negamos a aceptar.

Cambia a tal velocidad que nadie sabe por dónde anda, qué nuevo ente está surgiendo en cada momento, qué monstruo o maravilla se está gestando en cada lugar, ni a qué velocidad ocurre cada cosa, ni cuál es la real interconexión entre los fenómenos, especialmente entre los fenómenos sociales, económicos, espirituales, y de evolución de la consciencia.

Las nuevas herramientas matemáticas como la teoría del caos, la teoría de las catástrofes, o el efecto mariposa son un primer intento de dar cuenta cabal de lo que ocurre, hasta ahora con escaso éxito. Ya no hay mundo, hay cambio. Cambio acelerado, con una velocidad semejante a la de las veloces reacciones físico-químicas de fusión o de fisión. Todo es efímero, cada vez más efímero, tan efímero que muchas veces desaparece cuando apenas acaba de surgir.

En este mundo que está surgiendo ahora la estructura organizativa de los Estados-Nación creados en el s. XIX se encuentra totalmente desbordada:

    • Los Estados en fase de desaparición, las reglas económicas en franca desintegración,

    • Los modelos de vida en rápida descomposición,

    • Las consciencias en estado de shock e incomprensión, y

    • Las empresas-sociedades de capital totalmente desajustadas del medio social, natural y físico en el que intentan insertarse y al que destruyen y devoran.

    • La burocracia (así se llamaron los procedimientos que utilizaba/utiliza la estructura organizativa basada en los principios de igualdad, mérito y capacidad) se convierte así en incompetente, en inadecuada, por cuanto aspira a ser fija, controlable, predictible y cognoscible en un mundo que no lo es.

    1. En este paisaje nosotros intentamos crear un modelo organizativo nuevo, y para ello tenemos, por razones legales, que adoptar algunos institutos o formas jurídicos propios del s. XIX, pero que están manifiestamente desajustados en este y de este mundo.

      1. Hasta aquí bien, es lo que hay. Pero con frecuencia se nos cuela el polizón de la organización burocrática decimonónica, modelos de organización ajenos, e incluso contrarios al espíritu y fines de nuestro invento. Y que nos llevan en dirección contraria a aquélla en la que queremos ir. Una burocracia que es campo de minas para nuestro avance. Como si no tuviéramos obstáculos por delante, nos los ponemos nosotros y nos lastramos. Así andamos.

    2. El mundo es líquido. Como el agua está en cambio permanente, no tiene forma, ni límites fijos, ni geografía, ni historia. Nunca es igual a sí mismo. Fluye sin cesar, se adapta a todo, se divide, se disgrega, se agrega, se une, se funde, se evapora. El espíritu de los tiempos actuales es etéreo, cambiante, inconcluso, inquieto, informal, sin forma.

      Si queremos vivir verdaderamente en él, vivir como somos, como seres de hoy, conviene que nos adaptemos, conviene vivir como el espíritu, sin forma, sin dureza, sin hierro: líquidos como el mundo, cambiantes, informes.

      Quien ha visto como vuela una bandada de patos y una de estorninos sabe de qué hablo. Aquéllos vuelan en V, con un guía al frente, con una forma, organizados; siguen un rumbo, que solo modifican para adaptarse a los vientos y a su fuerza. Éstos, los estorninos, vuelan con forma informe, confusa, sin rumbo, sin organización aparente o adivinable; tan pronto van hacia el sur que hacia el noroeste, no tienen rumbo ni destino. La población de patos disminuye y disminuye, la de estorninos es ya plaga en nuestras ciudades, y no hacen más que multiplicarse.

Pero esta es solo una opinión, mi opinión.

Quedo para vosotros.

Abu Fran, abdal.

DESORIENTACIÓN DE LOS OCCIDENTALES.

El sinsentido de la vida radica en la razón.

Decía Aristóteles, el príncipe de los filósofos, que el ser humano es un ‘zoom politikon’, un animal social por naturaleza, y que, con independencia de cuál sea tu interés por la política, ésta va a determinar cómo transcurrirá tu vida, cómo y cuáles son las leyes a las que te someten, tus oportunidades, tu sistema educativo, tu sanidad, tu economía, tu vivienda, la localidad y el país que habitas… Los seres humanos podemos ocupamos de la política o no hacerlo, pero la política se ocupa de delimitar el espacio en el que forzosamente nos vemos obligados a desenvolvemos. Si alguna tesis de éste gran filósofo permanece aún indiscutida, es ésta.

Esa extraña cualidad, que hace de la política ineludible para todo ser humano en tanto que ser social, impregna, con mayor radicalidad todavía, la filosofía, más allá incluso de la sociabilidad consustancial al ser humano. Como señala el maestro Gramsci, puedes ocuparte en filosofar o soslayar hacerlo, pero ineludiblemente la filosofía constituye el substrato con el que construyes tu visión del mundo, proyectas tu praxis, y entiendes lo que ocurre.

Así, verbi gratia, a las atenciones inusuales de tu compañero, de trabajo o de estudios, les atribuyes forzosamente un concepto, es decir, tienes una idea de él que le atribuyes como si las características incluidas en dicha idea fueran características de tu compañero, y a partir de la idea que tienes de él te explicas sus acciones. Como consecuencia, puedes pensar que lo que pretende es tu amistad, o bien que sólo tiene las deferencias que tiene contigo porque pretende una relación sexual, o porque quiere demostrarse a sí mismo que a sus 50 años todavía es capaz de conquistar a una mujer, o… El concepto que utilizas para vivir las atenciones de dicho compañero te hacen sentir de una manera especial. Así, si piensas que pretende tu amistad y es eso precisamente lo que quieres de él, estarás complacida con sus atenciones, te sentirás bien y a gusto con él, y tu estar y sentir determinará tu comportamiento, y tu comportamiento influirá en el suyo. Si, por el contrario, piensas que solo pretende reforzar su ego maltrecho por la imagen que se vende de los hombres de 50 años, tal vez rechaces sus atenciones, te sientas incómoda y molesta ante ellas, distante, fría y descortés con él, y tu comportamiento influirá en el suyo. Y ambos comportamientos marcarán y definirán vuestra relación. De este modo los conceptos que utilices te harán vivir una u otra experiencia. Tus conceptos construyen tu experiencia y tu vivencia, y, a la postre, el mundo que habitas.

Esto funciona así todos los días, y de entre todos los conceptos que utilizas para construir tu experiencia hay algunos que resultan de aplicación ineludible para todo ser humano, entre ellos el concepto de realidad (¿qué es lo real?), el de verdad, el de conocimiento, etc., es decir, aquellos conceptos cuya articulación racional se ha denominado filosofía.

Gramsci te muestra que, si renuncias a ocuparte de la filosofía, tu visión del mundo (aquella con la que interpretas y construyes tu mundo, tu vida cotidiana, tu saber y lo que entiendes por ciencia) estará formada por retazos inconexos, y hasta contradictorios, de filosofías pretéritas. Dicho de otra manera, tu concepción del mundo y de la vida en ningún caso puede estar libre de la filosofía. En la mayor parte de los casos será un conjunto de partes de varias filosofías diferentes.

El libro de filosofía con el que construyes tu mundo y tu experiencia, en la medida en que eres inconsciente de ello, esta compuesto por diversos capítulos sacados, cada uno de ellos, de filosofías distintas. Si esas filosofías que utilizas de forma inconsciente para construir tu mundo y tu experiencia no son coherentes entre sí o son incompatibles entre sí, tu mundo, tu experiencia y tu acción serán también contradictorias e inconexas: en unos ámbitos actuarás de una manera y en otro de otra que no encaja con la anterior.

De este modo la incoherencia inconsciente de los conceptos que utilizas para construir tu experiencia y tu mundo no te libra, ni libra a ese mundo ni a esa experiencia tuyas, de tener su fundamento en alguna filosofía. La incoherencia se traslada así a tu mundo y a tu experiencia, que te parecen contradictorias o incoherentes, sin un sentido de conjunto, sin sentido global. Esta incoherencia no proviene de que hayas conseguido huir de la filosofía, sino de que estás utilizando los conceptos de filosofías incompatibles entre sí, inconmensurables entre sí, para interpretar y construir tu mundo, para construir de este modo tu experiencia.

Cuando la reflexión filosófica no forma parte de tu quehacer consciente, la filosofía que utilizas de modo inconsciente es siempre una filosofía pretérita, o, mejor, retazos de filosofías del pasado, filosofías que han acabado por formar parte del acerbo cultural, del inconsciente colectivo o del sentido común de las gentes entre las que te has educado.

Como ha estudiado la sociología del conocimiento, el acontecer de las sucesivas filosofías se refleja, con bastantes años de retraso, en el pensar y sentir de la población del mundo occidental, pues la filosofía impregna la política, la teoría y metodología de la ciencia, los negocios, la pedagogía, la ética, .…

Esta obvia tesis, por lo demás fácilmente contrastable, te permite explicar la pérdida de ideales y de patrones orientativos propia de nuestros días, como consecuencia del absolutismo inclemente del cosmos, cosmos como realidad al que recurren la filosofía y la ciencia de la sociedad occidental actual como reacción defensiva frente al absolutismo del dios tardomedieval.

Veámoslo con un poco de detenimiento.

Como consideración complementaria para la mejor intelección de cuanto decimos conviene que recuerdes que el mundo occidental es un mundo de individuos. Individuos diferentes y separados unos de otros, biológica y psíquicamente independientes, en mayor o menor medida, unos de otros. Para el pensamiento y filosofías occidentales actuales, el mundo es un agregado de individuos, y son lo individuos los que constituyen y construyen las instituciones, las ciudades y pueblos, las naciones, y la humanidad entera.

Sin embargo esta concepción individualista (y separatista, por tanto) no es la única posible, ni es la única existente. La visión colectivista o unitaria existe desde hace milenios y es incluso muy anterior a la concepción individualista.

La concepción colectivista y la individualista entraron en conflicto hace ya tiempo, pues se trata de filosofías irreductibles entre si. Conflicto que aún perdura, pese a que parece que el individualismo va ganando por goleada.

Sin entrar en mayores consideraciones, que nos llevarían a una digresión demasiado extensa, piensa que ya la tragedia de Antígona es precisamente una tragedia por el conflicto que surge entre el criterio individual de Antígona respecto de lo que debe hacer (ética), y el criterio de la ciudad-estado en la que vive sobre lo que se debe hacer (moral): Antígona siente que debe enterrar el cuerpo de su hermano muerto, mientras que las leyes de la ciudad (o si quieres, las leyes del rey) imponen que su cuerpo quede insepulto, por haber muerto como un traidor (así lo considera Creonte, rey de Tebas).

El cristianismo, a partir de la mal llamada reforma protestante, entronca con la concepción individualista del derecho civil romano, saltándose así las concepciones colectivistas del derecho germánico que habían ido infiltrándose en el catolicismo de este modo el nuevo cristianismo convierte al individuo en máximo y único interprete y exegeta de la palabra de dios, pues la biblia ha sido escrita para todos y todos tienen derecho a leerla e interpretarla por si mismos. A partir de ese momento se dejará de perseguir, condenar y quemar las traducciones de la biblia a la lenguas que las gentes hablan, incluso se propiciarán dichas traducciones a los diversos idiomas hablados. Hasta el punto que las biblias escritas en latín son ya una rareza.

La expresión de este incuestionable predominio del individualismo capitalista son todas las leyes y normas que hacen prevalecer la libertad individual, la libre competencia y el libre mercado por encima de otras consideraciones (1).

El dios occidental de final del medioevo era (y es aún para muchos creyentes) un dios al que nada se le opone, el mal, como entidad metafísica independiente, ha sido definitivamente erradicado incluso del horizonte filosófico y teológico. Todo cuanto ocurre y es, ocurre y es por la voluntad omnipotente divina. Si hay algún mal lo es como consecuencia de la libertad que dios brinda al hombre, pero ese mal es también querido por dios por cuanto es condición de un bien mayor, de la libertad. Es decir, en realidad es un bien, pues no puede haber libertad si nadie puede elegir comportarse mal. Dios, con su inmenso poder, puede hacer que no ocurra ningún mal, si consiente alguno es porque en el fondo es una bien, aunque nosotros no lo veamos.

Sin embargo, el adorno de la omnisciencia que acompaña a este mismo dios hace insoportable tu posición como ser humano en el mundo, pues ante la acción conjugada de las conclusiones de que dios los sabe todo y la de que lo puede todo, tú como individuo humano pierdes tu personal sentido, pues tu voluntad es mera ficción, pues todo lo que vas a hacer ya sabe dios que lo harás, y lo sabe incluso desde antes de que creara el mundo. Y no puedes algo distinto a lo que dios sabe que harás, pues el saber de dios es indiscutible, infalible, total. Dios lo conoce todo, tanto el pasado, cuanto el presente o el futuro, y hasta tus más ocultos pensamientos son conocidos por dios.

Ese dios es un dios que no solo conoce, sino que decide, pues no se mueve una hoja del árbol sin el concurso de su voluntad. Y desde el inicio de los tiempos ha decidido que tú hagas lo que él sabe que harás. Y dios ni se equivoca nunca ni deja jamás de hacer lo que él quiere, pues todo es posible para él. Todo cuanto ocurre en el mundo ocurre porque dios quiere que ocurra y hace que ocurra.

El ser humano ni siquiera es sin él, tú ni suqiera existes sin la acción de la voluntad divina, aunque tan sólo se manifieste esta voluntad como providencia. Cada ser humano es un capricho y juguete de las decisiones de un dios que te resulta inescrutable, tu libertad humana se muestra como misterio inexplicable o como absurdo. Tu vida carece de sentido, incluso cualquier vida humana individual, o la vida de la misma humanidad, de la humanidad como colectivo, carece de sentido a tu alcance, pues, o no tiene sentido, o su sentido radica en un dios cuya razón y criterio te resultan inalcanzables. Es decir, ni puedes dar sentido a tu vida, ni puedes descubrirlo, pues el sentido de tu vida es el que dios le ha dado desde el principio de los siglos, y dios es incognoscible para ti.

Es obvio que, en aquellos casos en que dios así lo quiere, el sentido te puede ser revelado, pero incluso asumirlo y aceptarlo o no hacerlo es algo que tampoco está en tu mano, pues dios ya ha decidido antes qué es lo que tú harás al respecto. Que te esfuerces en algo carece de sentido, pues nada puedes cambiar. Incluso el hecho de que te esfuerces o de que no hagas nada es también una decisión de dios, una decisión que tenía tomada desde siempre.

Cabe señalar que incluso el bien es resultado de la voluntad divina, pues es bueno lo que dios quiere que sea bueno; la omnipotencia divina está reñida con la subordinación a ningún criterio o norma, que estaría así por encima de dios y a la que dios estaría sometido. No hay ninguna norma que esté por encima de dios, por eso no puede existir un criterio de lo que es el bien contrario o distinto a lo que dios quiere que sea el bien.

Si solo existe un dios único nada, que no sea lo que hay, está permitido; solo ocurre lo que dios quiere, y lo que dios quiere es lo permitido, lo que hay. Así cuanto ocurre está justificado y valorado positivamente y de modo absoluto: todo cuanto ocurre, ocurre porque lo quiere dios, ocurre como tiene que ocurrir, es como tiene que ser, y, aunque no seamos capaces de apreciarlo, siempre ocurre por el bien del todo, de dios, del universo, de su obra. El bien del todo no es más que el desarrollo de su esencia, la realización de la esencia de ese todo es el camino hacia la cúspide y meta que dios ha colocado en el germen de todo como su fin; nada podría ser mejor de como es, o con palabras de Leibniz ‘estamos en el mejor de los mundos posibles’.

Mas si observas críticamente te darás cuenta de que el mejor de los mundos posibles tiene en su haber campos de concentración y de exterminio, cámaras de tortura, mecanismos de opresión y destrucción al servicio del capricho de alguna subjetividad humana con poder suficiente para destruir sin freno, sin más freno que el poder de los otros. También hay en ese mundo mejor imposible, catástrofes producto de la naturaleza, sea de la explosión de un volcán, de un agua embravecida, o de la colisión de un gigantesco cometa con la Tierra. Es decir, para tu ojo crítico el mundo no solo es inhumano y posiblemente inhabitable, sino que también es incuestionablemente de un absurdo aplastante.

Pero para este dios y sus seguidores cuanto es y ocurre no es cuestionable, juzgarlo ya es pecado de idolatría, pues es juzgar la obra de dios, poner tu juicio y tu criterio por encima de él. Cuestionar lo que ocurre es delito de lesa traición, delito de ateísmo, pues es negarle a dios sus atributos, su omnisciencia o su omnipotencia, es considerar que no es verdaderamente dios.

La única postura que te cabe es alabar lo que sucede, bendecir el “bien” que dios derrama sobre todas y cada una de sus criaturas con el predestinado acontecer de todo lo que ocurre. Desde la creencia en este dios solo te es lícito considerar que cualquier intento de mejorar o cambiar algo es blasfemia. Incluso tu misma consciencia crítica es sana prueba que debe llevar a la ciega bendición del horror absurdo, pues hasta dicha consciencia crítica es obra y decisión de dios.

No es que todo cuanto ocurre está permitido, sino que todo cuanto ocurre es bueno, es lo mejor que podía ocurrir, puesto que dios, en su infinita bondad y desde su omnipotencia, ha elegido lo mejor.

Frente a este dios angustiante y omnipresente, los occidentales reclaman el auxilio de la ciencia, que se convierte en refugio y paradigma del nuevo saber.

La ciencia sustituye a la religión como explicadora del mundo y como fuente, por tanto, de la intelección de la génesis de cuanto ocurre, y, por ello, como presunta suministradora de sentido.

La filosofía desarrollada como fundamento metafísico, racional y epistemológico de la religión es sustituida por las filosofías construidas en torno a las ciencias positivas, de las que son justificación, su metafísica fundamentadora, su base epistemológica, y la garante de su verdad. Surgen así racionalismos y empirismos alrededor de estas ciencias físico naturales, cuyo esplendor se alcanza a lo largo del siglo XIX.

Para esta nueva ciencia el universo se muestra espacialmente inmenso, inconmensurable, un universo en el que tú, el ser humano y tu planeta son una mera partícula de una mota de polvo perdida en la inmensidad del espacio y totalmente periférica.

Esta nueva ciencia muestra también un tiempo cósmico igualmente inabarcable y fuera del patrón de medida de tu vida individual o de la duración de las comunidades históricas, pues la ciencia supone que el desarrollo del universo comenzó hace unos 20.000 millones de años (y, a nuestros efectos, es indiferente que el intervalo en el que debamos colocar esta cifra se encuentre entre los 15.000 y los 30.000 millones de años, cifras en las que se centra el actual debate o investigación sobre el comienzo del desarrollo del universo), tiempo frente al que la duración de la más longeva de nuestras civilizaciones, culturas o imperios históricos (¿5.000 años? ¿20.000?) resulta más breve que el primer parpadeo de tus ojos inmediatamente después de tu nacimiento, en relación a la duración de tu vida.

Tu planeta, su tamaño y su duración en este inmenso y casi eterno universo, son como el tamaño y duración de una de las pequeñas burbujas que provocan las olas en la playa, con relación a la extensión y duración del vasto océano.

El universo, tu universo te resulta absoluto, absoluto por inabarcable espacial y temporalmente por ti, y absoluto por inclemente, pues no tiene ninguna clemencia de ti, a quien le puede caer encima cualquier piedra volcánica o un pequeño o gran diluvio, ni tiene clemencia de tu planeta, que puede arrasar o destrozar algún meteorito viajero y caprichoso, ni la tiene de tu sistema solar, que acabará engullido por el mismo sol, ni de tu galaxia, que se tragará un agujero negro uno de estos días.

Cuando creías escapar de un dios agobiante te ves otra vez agobiado y asfixiado por el nuevo marco filosófico en el que te sitúas ahora; el absolutismo del universo, que el refugio en la ciencia ha convertido en la realidad por excelencia, vuelve a privar de sentido y razón a la existencia humana y a tu existencia, pues ambas son totalmente innecesarias y casuales en el acontecer del universo.

Un universo que se muestra igualmente indiferente e implacable ante lo que haces o lo que te ocurre, incluso ante lo que le ocurre a la totalidad de la especie humana, que también desaparecerá como lo han hecho millones de especies antes de la tuya.

Es también este absolutismo inclemente de la realidad construida por la ciencia (lo que la ciencia te dice que es la realidad), del que hablaba Blumenberg, el que permite que se desarrolle el germen del nihilismo, que ya estaba presente en las tesis del doctor angélico (Tomás de Aquino), pues este absolutismo relativiza de forma igualmente absoluta la acción humana, hasta el punto de hacer indiferente cualquier acción tuya, sea política, como los campos de exterminio, sea social o de cualquier otra índole.

Así, las obviedades y patrones orientativos que has heredado del pasado pierden su credibilidad y, con ella, su eficacia, y el hombre occidental, y tú con él, os encontráis en una molesta inseguridad de la que no podéis salir, pues las cosas obvias de la tradición, como señala F.J. Wetz, no se pueden renovar por decreto.

Desde el entendimiento, que denominaba Kant, o desde la razón, o la mente, que llaman los de la nueva New Age, el problema no tiene solución. Es decir, la vida humana no tiene sentido, y tu vida tampoco.

El reto es pues abandonar el entendimiento sin caer en la sinrazón o en el absurdo, pues construir algo desde la negación de la razón es depositar en ella el predominio y la importancia de todo, el negativo de una fotografía es también una fotografía, pero con los colores cambiados (complementarios).

Sólo la mística te puede permitir la supervivencia desde la plenitud del sentido de la vida y de tu vida.

A recorrer ese camino te invito.

Abu Fran, abdal.

NOTAS:

(1) No me resisto a recordar que el efecto de este colectivismo ha sido, en occidente, la huida hacía ideales colectivistas ora xenófobos ora inclementes con los disidentes, ante la falta de sentido individual. Pero este es también otro tema.

CREENCIAS VENENOSAS.

BIEN Y MAL: CEGUERA DEL INDIVIDUALISMO

Para muchos existe una especie de bien abstracto y universal al que el individuo puede acceder, y que te indica cómo debes actuar, cómo deben ser las cosas (o, más exactamente, los actos humanos), qué está bien y qué está mal.

A la postre es la creencia en:

  • Un bien a cuyo conocimiento tú individualmente puedes acceder.

    Obviamente si hay un bien, hay un mal. Se trata pues de una escala de valores, una escala donde el bien y el mal son los dos extremos. Se trata de una axiología de acceso directo, intuitivo, sin necesidad de aprenderla de nadie.

    Por tanto, se trata de una axiología individualista, de acceso individual de forma más o menos directa y personal.

  • Este bien es el verdadero bien porque está por encima de moral de tu pueblo, de las leyes a las que estás sometido, o de los valores de tu propio clan o familia.

    En tanto que está por encima de cualquier consideración social, legal o moral del bien, es un bien absoluto, no modificable por los seres humanos ni por sus instituciones.

    Absoluto aquí debe entenderse en este sentido, en el de estar por encima de la moral social, religiosa o incluso de la misma ley. No porque en él no haya ápice de mal.

Bien y mal absolutos cognoscibles por ti

Efectivamente, si no crees en un bien absoluto no hay forma de defender que las cosas deberían ser como no son, de forma y modo diferente a como son. Incluso más allá y de cómo cualquier colectivo humano considere que deben de ser.

Esta ética parte de la creencia en unos ideales o ideas absolutas de lo que está bien y lo que está mal, ideales de cómo debes actuar; ideales, ideas o conceptos que estarán por encima de las convenciones sociales, y a los que cada individuo puede acceder individualmente mediante un acto de intuición intelectual o de raciocinio, según se trate. Igual que puedes hacerlo tú.

Tienes así justificada:

  1. Tu conocimiento individual y personal de lo que está bien y lo que está mal, desde tu propio criterio o intuición,

  2. Tu rebelión frente a la autoridad legítima en la medida que no obedezca a los criterios supremos del bien y el mal; autoridad que por esta desobediencia deviene ilegítima,

  3. Tu posibilidad personal de considerar que una ley es injusta, pese a que suele ser precisamente la ley la que marca qué es injusto y qué no lo es. Y ello con independencia de lo democrático o autoritario que haya sido el proceso de su elaboración.

    Esta es la situación en la que se ve envuelta Antígona, quien, aunque las leyes de la ciudad prohíben enterrar a los traidores, entierra a su hermano pese a ser reo de traición. Y lo entierra porque el fraternal deber de hermana le hace anteponer esta obligación ética de dar tierra al hermano muerto a lo que establecen las leyes morales de su propia ciudad.

  4. Que nadie deba sufrir las consecuencias de tus actos. Este es uno de los principios básicos de la ética individualista.

    La ética que se ajusta a unos acuerdos de convivencia colectivos necesariamente ha de considerar que todo acto repercute en la vida de los demás, y por ello ha de tener en cuenta que todo acto tiene siempre consecuencias para los otros. Para una axiología colectiva, colectivista o comunal la pretensión de que tus actos no tengan consecuencias para los demás es una mera ilusión.

De este modo la ética individualista te permite ubicarte frente a la colectividad y todas sus normas, con tal poder y ciencia que puedes juzgar qué es justo y qué no lo es aún en contra de todas las opiniones distintas a la tuya.

La cuestión no es la rebelión contra una situación, estructura, norma, o sociedad cuyos intereses no son los tuyos, o cuya estructura y reglas de funcionamiento no te benefician o no favorecen tus intereses. La cuestión es que esta rebelión está justificada de forma absoluta, pues no se justifica por el bien de los más, ni por el tuyo propio, sino que encuentra su justificación en el bien en si mismo considerado.

Con esta argucia evitas que tu lucha contra la colectividad no se perciba como una lucha de un grupo en defensa de sus particulares intereses (por ejemplo los del proletariado industrial), ni como una lucha por tus exclusivos intereses, que de este modo se mostrarían como egoístas, interesados, parciales, y tendenciosos.

Esta justificación ética te sitúa por encima y al margen del pacto por la convivencia, o de toda forma de contrato social. Como el mismo dios, estás por encima de cualquier persona, de cualquier colectividad o de cualquier institución humana.

Las consecuencias de esta concepción ética son:

  • Un Estado y en una res pública mínimas, con la menor intervención posible en la marcha y asuntos de los individuos.

  • Unos individuos que no se ocupan sino de sí mismos , una vez que se han asegurado de no hacer mal a nadie, concepción que también se plasma en la expresión ‘vive y deja vivir’.

  • El mundo ya no es un entramado de relaciones, sino un conjunto de individuos que, si interfieren unos en otros, es porque así lo quieren, o por ayudarse mutuamente.

    Es el mundo de las series norteamericanas de televisión, formado por individuos ‘libres’, que toman sus decisiones desde su exclusivo y aislado punto de vista, por más que esté fundado en principios eternos, inmutables y superiores a cualquier convención humana.

No obstante, y a voz de pronto, son varias las objeciones que se me ocurren frente a esta ética individualista e insolidaria:

  1. La primera de ellas es que no se ajusta a la realidad, que el mundo, la sociedad, no es un conjunto de individuos interrelacionados o aislados, sino un conjunto de relaciones inextricablemente interconectadas, en las que los seres humanos no somos sino algunos de los nódulos en los que estas relaciones se anudan.

  2. La segunda es que es cuestionable la existencia de unos valores supremos o absolutos, al margen de los convencionalismos humanos y por encima de ellos, salvo que postules la existencia de un dios (que, además, debe ser único, pues en caso contrario a cada dios le podría corresponder un conjunto de valores distinto) o alguna entidad semejante, por abstracta que ésta sea. Y este postulado no deja de ser un postulado indemostrable, y siempre sospechoso de parcialidad, pues nada puede establecer la imparcialidad de un dios único si éste es el ser supremo, es decir, si nada ni nadie está por encima de él.

  3. La tercera es que la continua intervención en la vida de los otros por la fuerza está justificada por un solo individuo privilegiado, aquél que tiene acceso al conocimiento de este bien absoluto.

    Y esto es especialmente grave cuando se hace mediante la invasión económica o militar de otros Estados supuestamente soberanos. Intervenciones por la fuerza que se realizan usualmente en nombre del bien y para restablecerlo, sea éste la democracia, la libertad o como se le quiera denominar en cada caso.

Estas objeciones atacan la raíz misma de la concepción liberal de la sociedad y del ser humano, concepción que nos está conduciendo a marcha acelerada hacia el colapso de nuestra sociedad y a la destrucción de nuestro nicho ecológico.

Como ves el individualismo y la consideración del bien y del mal como categorías inmutables, abstractas y objetivas van de la mano. En caso contrario no habría individuos, sino miembros (o partes) de un colectivo mayor.

Además, si no abandonas el individualismo es imposible que evites los juicios axiológicos sobre los otros o sobre los hechos. Mientras te creas un individuo separado e independiente de quienes te rodean, y con acceso al conocimiento del bien absoluto, estás abocado a juzgar sobre lo que está bien y lo que está mal desde un punto de vista ético.

Únicamente una visión de ti mismo como parte indisoluble del todo te permitirá salir de esta prisión, de este condicionamiento.

Y únicamente una visión de ti mismo como parte del todo, en lugar de verte como un individuo, te permite transitar por la senda real.

A ello te invito.

Abu Fran, abdal.

 

Mundo ilusorio. 

Liberarse del karma es trascender los fenómenos. 

El tema básico constantemente repetido en la mitología hindú es la creación del mundo mediante el autosacrificio de dios (1), donde dios se convierte en el mundo, el cual, al final, vuelve a ser dios de nuevo. A esta actividad creativa de la divinidad se la llama ‘lila’, el juego o el teatro de dios, y el mundo es considerado como el escenario de la obra divina.

Como la mayor parte de la mitología hindú, el mito de lila tiene un fuerte componente mágico, Brahmán es el gran mago que se transforma en el mundo y realiza esta hazaña con su mágico poder creativo, y este es el significado original dado a ‘maya’ en el Rig Veda. La palabra maya -uno de los términos más importantes en la filosofía hindú- ha ido cambiando de significado con el paso de los siglos. De ser el poder y la fuerza del actor y mago divino, llegó a significar el estado psicológico de cualquiera que se halle bajo el encanto de su obra mágica. Mientras confundamos los millones de formas de la divina lila con la realidad, sin percibir la unidad de Brahmán subyacente a todas esas formas, estaremos bajo el encanto de maya.

Así maya no significa que el mundo sea una ilusión, como equivocadamente se afirma con frecuencia. La ilusión radica simplemente en nuestro punto de vista, si creemos que las formas y las estructuras, las cosas y los sucesos que nos rodean son realidades del mundo en sí mismo considerado, en lugar de darnos cuenta de que son conceptos de nuestra mente que todo lo mide y clasifica. Maya es la ilusión de tomar esos conceptos por la realidad, la ilusión de “confundir el mapa con el territorio” (2).

En este sentido, las palabras del evangelio de Juan tienen un significado doble y más profundo del que habitualmente se les da. Veamos qué nos dice Juan, e intentemos leerlo con los nuevos ojos que nos da lo que ya sabemos y nuestra intención de no juzgar a través de los anteojos que los condicionamientos y nuestra educación han puesto a nuestro espíritu: “Al principio era el verbo, y el verbo estaba en dios, y el verbo era dios. Él estaba al principio en dios. Todas las cosas fueron hechas por él, y sin él no se hizo nada de cuanto ha sido hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz luce en las tinieblas, pero las tinieblas no la abrazaron.”(3).

Para aproximarnos a la intelección del mensaje de Juan debemos dar un pequeño rodeo por el significado de la palabra ‘verbo’. ‘Verbo’ -y más aún en mayúsculas, como suele aparecer en el evangelio de Juan- es el lenguaje, aquello que nos permite entender el mundo, y, al entenderlo, y al entenderlo construirlo para nosotros, vivir en él y sobrevivir.

Sabemos ya que el lenguaje es convencional, y que no es el mismo lenguaje el japonés que el castellano (4), y sabemos que tampoco existen en uno y otro lenguaje los mismos conceptos, pues hay palabras que incluso con la más larga perífrasis no aciertan a traducirse en su significado originario. Así, según desde qué lenguaje lo hagamos, el mundo lo entendemos de modo distinto; más aún, el mundo que entendemos es distinto, pues para nosotros no hay más mundo que el que percibimos y no podemos percibir sin interpretar y entender, e interpretamos desde el lenguaje, y lenguajes diferentes construyen mundos diferentes (5) (por qué pues nos entendemos en lo fundamental hombres de culturas tan distintas?).

El lenguaje crea el mundo, el concepto crea la cosa, es gracias al lenguaje, al verbo, que se crea el mundo, y es el verbo el que es la luz de los hombres, aquello que les permite entender, discernir, discriminar (6).

Y si el lenguaje permite entender el mundo, puesto que lo crea, es indudablemente logos, aquello que no solo nos posibilita entenderlo, sino que le da inteligibilidad al mundo, el lenguaje es inteligencia y lógica del mundo.

Pero, ¿cuál es el mundo al que se refiere Juan?. La respuesta, por más que obvia, no es baladí en este contexto: Juan está hablando del mundo físico, del mundo en el que vivimos y nos movemos todos los días en la misma medida en que nos percibimos como cuerpos, el mundo de las cosas, las casas, las personas, las instituciones políticas…, Juan se refiere al mundo de lo que nos aparece nuestros sentidos y a nuestro entendimiento, del mundo de lo fenoménico (7). Así, el mundo de lo fenoménico es el mundo de la apariencia, pues es el mundo de lo que se nos aparece o de lo aparente, y lo que aparece es precisamente lo que no estaba antes, y, nos dice Juan, no estaba porque no era, aparece porque es creado.

La consecuencia evidente es que todo lo creado es aparente, no es real, es decir, no tiene en sí su propia necesidad de ser pues necesita del creador para ser lo que es (o de los creadores), para aparecer ante nosotros. Para Juan esa necesidad está en dios, el único ser necesario. El mundo es pues contingente, lo que es pero podría no ser, lo que, estrictamente, no llega nunca a ser, lo aparente (8) -solo dios es, su esencia es ser (9)-.

Pero Juan nos dice más cosas, nos dice que el lenguaje está también en dios, y está en dios desde los orígenes, que también la creación divina se ha realizado mediante el lenguaje. ‘Verbo’ debe pues tener algún significado más profundo, más allá de la convencionalidad del lenguaje hay una estructura lingüística que pertenece a la misma creación divina, al mismo logos que permite la distinción y diferenciación de las cosas a partir del uno indiscriminado, a partir de la unicidad divina originaria (10). Es el verbo divino el que permite la creación, el surgimiento de lo múltiple a partir de lo uno, la aparición del mundo, pero, puesto que el mundo es también uno -al menos el mundo en que vivimos- el logos que lo crea es uno, y todos los lenguajes convencionales de los hombres, en la medida en que crean un mundo operativo, un mundo en el que los hombres se mueven con cierto éxito, deben participar de esta estructura lógico lingüística del verbo divino, del lenguaje creador: todos los lenguajes humanos tienen ciertas estructuras comunes inmutables mientras se utilicen para referirse a este mundo fenoménico con cierto grado de éxito, mientras se usen para moverse en el mundo físico con acierto relativo.

Nos dice Kant que nuestra capacidad de entender (11) opera mediante conceptos, y que son precisamente los conceptos, especialmente algunos de ellos a los que Kant llama conceptos puros a priori (12) o categorías, los que utilizamos para construir la experiencia, y por ello para entenderla. La experiencia, las cosas como son para nosotros, o fenómenos, como dice Kant, las construimos a partir de ciertas formas puras a priori de la sensibilidad (13) y del entendimiento. Los fenómenos los construimos mediante conceptos, y son precisamente los conceptos los que, por ello, nos permiten entenderlos.

Pero no son todos los conceptos los que usamos necesariamente para construir el mundo fenoménico, sino únicamente algunos de ellos, que son independientes de toda experiencia y, por eso mismo, forman parte de toda experiencia posible, es decir, de cualquier experiencia que podamos construir los seres humanos. A estos conceptos especiales Kant los llama “categorías”. Los conceptos puros a priori (14) resultan ineludibles en la construcción de nuestra experiencia, del mundo fenoménico, y ello por alguna razón que puede tener que ver con la estructura intelectiva y perceptiva humana, o, como nos dice Juan, por la misma estructura del mundo fenoménico, acorde con el logos que ha producido su existencia (15). Y entre las categorías me interesa ahora resaltar el papel de la causalidad.

Para Kant la causalidad es un concepto puro a priori, es decir, un concepto ineludible para nuestra construcción del mundo fenoménico, del mundo que experimentamos a diario. No proviene de la experiencia -es puro- y es anterior a ella -es a priori-, pero la experiencia no se puede construir sin su concurso. Ello quiere decir que el mundo fenoménico está gobernado por la causalidad, que es un mundo donde rige la causa y el efecto, donde todo tiene causa, y donde todo produce algún efecto, por más que no lleguemos a conocerlo: nuestra experiencia es causal, la ignorancia de cuál sea la causa de algunos fenómenos no quiere decir que no la tengan, pues en la experiencia todo fenómeno tiene una causa (16).

Sin embargo no solo están los fenómenos, las cosas para mí, mi experiencia; es de creer que si hay un mundo fenoménico, es porque hay uno nouménico, un mundo en sí mismo considerado, al margen de mi percepción de él; si el mundo se me aparece de esta o aquella forma es porque detrás de ese aparecer algo. El mundo de mi experiencia, la cosa para mí, presupone la existencia de alguna cosa en sí misma (17), de algo que no depende de cómo yo lo perciba (obviamente este algo, en el caso más extremo, puede ser sólo dios).

Poco podemos saber de la cosa en sí, del noúmeno, pues, por definición, está fuera del logos (fuera del mundo creado por el dios del evangelista Juan), y es, por tanto, ininteligible. Sin embargo podemos saber lo que no pertenece al noúmeno, lo que no pertenece a la cosa en sí misma: las categorías, aquellos conceptos que necesariamente utilizamos para construir los fenómenos, que sabemos que los ponemos nosotros, nuestra facultad de entendimiento; es decir, las categorías no pertenecen al noúmeno, a la cosa en sí misma, sino a nuestra percepción de ella. Y entre las categorías me vuelve a interesar destacar la causalidad: el noúmeno no tiene causa y tampoco tiene efecto (18), o por decirlo con otras palabras, el noúmno, la realidad en sí misma, no está sujeta a la causalidad.

He hecho esta excursión por Kant para que podamos entender, desde nuestra perspectiva occidental la noción de karma y su superación, pues aunque Kant pueda resultarnos difícil o desconocido, no deja de ser un filósofo occidental, más próximo a nosotros que los sistemas filosófico religiosos orientales. Y me resulta curioso que tradiciones tan distintas conmo la filosofía occidental y la mitología hindú coincidan en este punto.

El karma es precisamente la causalidad universal (19), aquellas consecuencias con las que tenemos que cargar en esta vida por nuestros actos anteriores, usualmente en vidas pretéritas, consecuencia que son pues efecto de causas anterior. Pero el karma es una cadena interminable, nuestros actos están sujetos al karma; lo que es tanto como decir que son consecuencia de otros actos anteriores, de esta vida o de anteriores reencarnaciones, que son causa de parte de lo que hoy nos ocurre: todo cuanto hacemos está influido por el karma y, a su vez, genera karma, es decir, es efecto de algo anterior y a su vez causa de algo posterior.

El proceso kármico es así una cadena interminable de la que no es dado salir excepto mediante la iluminación, la percepción o la unión con la divinidad, o la nada, o como quiera que se llame en cada escuela concreta. Salirse del karma exige trascender el mundo de la experiencia sensible cotidiana, el mundo de los fenómenos, el mundo de la apariencia, exige acceder a otra realidad en la que no son aplicables los conceptos (20), un mundo al que no es aplicable el logos con el que construimos el mundo empírico, y que, por tanto, no ha sido construido por el logos, no ha sido construido por el dios del que nos habla Juan.

Ello no quiere decir que afirmemos que todo es uno, que nos lo creamos y que así nos liberemos del karma, pues tal afirmación se vuelve a hacer desde el lenguaje, desde el logos (21), pero esta vez desde la indistinción conceptual, desde la confusión de lo uno con lo otro, con lo que no es mas que, por decirlo con Hegel, ‘la oscura noche donde todos los gatos son negros’(22), cayendo así en lo que Juan consideraba difícil: que las tinieblas abracen a la luz (23), pues es en la oscuridad donde no acertamos a distinguir unas cosas de otras, donde propiamente hablando no vemos cosas, no vemos nada, todo es una única negrura indiferenciada.

Liberarse del karma es trascender el mundo de los fenómenos, de la apariencia, darse cuenta (24) que este mundo es una construcción nuestra, de nuestro logos, que no es la cosa en sí misma, el noúmeno, que la causalidad no rige en el mundo nouménico, o, al menos, no necesariamente (25).

Trascender el karma es entrar en una percepción de la realidad no conceptual, fuera (o por encima, por debajo o por detrás) del logos, inmutable, no sujeta al tiempo ni al espacio (26), darse cuenta de que el cambio (fruto del tiempo), el aquí o allí (fruto del espacio), y la pluralidad (fruto de la distinción conceptual) son apariencia, es decir, mero fenómeno, pero no la realidad en sí. Y a esta percepción no se llega de modo natural, sin trabajo, sin ejercicio o sin esfuerzo (27).

Originariamente en el Gita el karma es la fuerza creadora, es aquello de lo que obtiene su vida todo cuanto hay, es lo que crea mediante la distinción y la ordenación, es el logos de Juan. Solo con el paso de los siglos karma acaba siendo la atadura a la que nos lleva la ilusión de maya. Y liberarse de maya es liberarse de la ilusión que es el mundo tal y como se nos aparece.

Liberarse del karma es liberarse del logos, trascender el lenguaje, llegar a la percepción de aquello de lo que no se puede hablar, por decirlo con Wittgenstein, y hacerlo sin el recurso a nuestros sentidos ni a nuestro entendimiento (pues de este modo caeríamos en la ineludibilidad del espacio, el tiempo y las categorías).

Abu Fran, abdal.

NOTAS:

(1) ‘Sacrificio’ en el sentido general de ‘sacralizar’.

(2) Fritjof Capra: El Tao de la física.

(3) Evangelio de Juan, I, 1-5.

(4) Aunque existan ciertas estructuras comunes a todos los lenguajes.

(5) A este respecto puede leerse el libro de George Lakoff, No pienses en un elefante, o consultarse los fundamentos de las técnicas de la programación neurolingüística.

(6) Y, como también dice el evangelio de Juan, la luz no se deja absorber por las tinieblas, por el todo indiferenciado e indistinto, por el uno confuso y sin matices.

(7) ‘Fenómeno’ tiene precisamente ese significado ‘lo que aparece’, ‘fenoménico’ es pues lo que goza de la cualidad del fenómeno, es decir, la apariencia, el hecho de aparecer de las cosas y los hechos.

(8) Por eso le dice a Moisés, desde la zarza ardiente: ‘yo soy el que soy’. Pero no hablaremos hoy de eso.

(9) Y también otro día hablaremos de qué quiere decir que el diablo, como dice la Biblia, sea padre de la mentira y príncipe de este mundo. La mentira no es más que el discurso sobre lo que no es, sobre lo que parece ser pero no es (si fuera el discurso sobre lo que no es de un modo absoluto no sería mentira, sería fantasía, la mentira necesita ser creíble para ser mentira, necesita parecer verdad, referirse a lo que parece pero no es, a lo aparente), y lo que no es en sí mismo es el mundo fenoménico.

(10) Aquí la Biblia y el Rig Veda coinciden hasta extremos aparentemente sorprendentes.

(11) A la que llama entendimiento.

(12) Pues los considera previos a toda posible experiencia.

(13) Por sensibilidad Kant entiende lo que nos permite tener sensaciones a través de los sentidos.

(14) Es decir, las categorías.

(15) Platón nos dirá que las ideas son el modelo de las cosas del mundo sensible, gozando las cosas de una realidad semejante a las sombras (el mundo de las sombras o de la caverna, lo llama Platón) y las ideas de una realidad plena, de una realidad propiamente dicha. Pero ésta es una historia que dejamos también para mejor ocasión.

(16) O, como dicen los teólogos católicos, todo cuanto ocurre es contingente, no tiene en sí mismo la razón de su existir, y necesita para ello de algo que se la proporcione. Aunque esta afirmación no es coincidente con la kantiana, no hemos querido dejar pasar su punto de contacto.

(17) O cualquiera que sea su denominación, pues ‘cosa’ es también un concepto, y, por tanto, algo que utilizamos para construir la experiencia.

(18) Lo que no quiere decir que sea incausado, pues ‘incausado’ es también un concepto, y por ello puesto por nuestro entendimiento. Como señala Wittgenstein, en su Tractatus lógico filosófico, de ello nada podemos decir, y ‘de lo que no se puede hablar, mejor es callarse’, indicando así que el lenguaje es un medio inidóneo para referirnos a esta realidad.

(19) En uno de sus aspectos, pero no es éste el único.

(20) Y especialmente no le es aplicable la categoría de “causa”.

(21) ‘Uno’ no es más que un concepto del entendimiento, como diría Kant.

(22) Prólogo a su Fenomenología del espíritu, aunque Hegel, por ser alemán, habla de la noche en la que todas las vacas son pardas.

(23) Y desde aquí solo puede salir desorientación.

(24) Por este “darse cuenta” entiendo percibir, sentir, no meramente entender. Es mas, este percibir lleva parejo el no entender, es acceder a una comprensión de la totalidad más allá del entendimiento.

(25) Al hablar del hinduismo, señala F. Capra (o.c.) que ‘liberarse del encanto de maya y romper los lazos del karma significa darse cuenta de que todos los fenómenos que percibimos con nuestros sentidos son parte de la misma realidad. Significa experimentar, de una manera concreta y personal, que todo, incluyendo nuestro propio yo, es Brahmán’.

(26) No he querido recordar aquí que, para Kant, el tiempo y el espacio son también formas puras a priori, aunque no de nuestro entendimiento, sino de nuestra sensibilidad. Espacio y tiempo no provienen de la experiencia ni de las cosas en sí, espacio y tiempo son los elementos que pone el sujeto perceptor para ordenar los fenómenos en su construcción de la realidad empírica, de su experiencia inteligible, pero no pertenecen al mundo nouménico. Esta omisión no ha sido casual, lo he obviado por ser menos intuitivo que la utilización de las categorías, y porque no quería impartir aquí un curso sobre Kant.

Por eso mismo acceder a esta percepción que trasciende lo fenoménico no es únicamente acceder a una realidad sin causalidad, sino también sin espacio ni tiempo.

(27) Insisto en que ello no quiere decir que lo contrario sea el mundo nouménico, el de la cosa en si misma, pues lo eterno, lo inmutable, lo puntual -espacialmente hablando- o la unicidad son meros conceptos, frutos también del logos. Pero esto ya lo he dicho antes.

LA RAPIÑA DEL TEMEROSO.

El diseño del futuro niega el presente.

Algunas personas, presas del terror a la muerte y el miedo al dolor de la decrepitud que comporta la edad, o presas del miedo a las imaginarias privaciones que tal vez pudieran asaltarles en el mañana, viven acaparando recursos para paliar su vejez.

Para ello, acuciadas por el temor de no tener suficiente con el fruto de su trabajo, rapiñan e instrumentalizan a quienes acceden a ellas. Siempre con engaño de la víctima, pues pocas personas son dadas a dejarse utilizar consciente e impunemente.

Estas personas temerosas y asustadas no tienen más remedio que renunciar a la empatía (si alguna vez la tuvieron), pues el frío cálculo de cómo conseguirán que los demás sean sus instrumentos para sus fines exige no ponerse jamás en los zapatos del otro, para evitarse así el sufrimiento vicario por el dolor que ocasionan en los demás.

Sin embargo, pese a esta ausencia de empatía prevén con esmero la reacción ajena: la calculan y maniobran para animarla o inhibirla según su interés; la provocan cuando no surge; la intentan neutralizar de antemano cuando la temen y la ven inevitable; y su vida está plagada de acciones aparentemente altruistas que no tienen más objetivo que congraciarse con quienes pretenden en el futuro utilizar.

En esto último, en el trato con quienes pretenden utilizar en el futuro, especialmente con los ricos e influyentes, no son muy distintos de las personas meramente interesadas, esas que se mueven por el solo interés en lo que puedan obtener, que se acercan e intentan trabar amistad con ellos por lo que de ellos puedan necesitar. Aunque existe un matiz diferencial: quienes temen a la vejez, en cuanto tienen un objetivo a la vista comienzan la manipulación del rico o influyente, con unas primeras acciones tendentes a convencerles de la bondad o conveniencia de lo que más adelante acabarán por proponerles o pedirles (1).

Tales personas no viven, sino que esperan vivir.

Pierden el pasado, pues les es desabrido recordar un tiempo que llenaron de cálculos, falsedades, maniobras y manipulaciones (2); en lugar de llenarlo de actividades propiamente humanas, como el amor, la entrega a los demás o el cultivo de uno mismo.

Por la misma razón pierden también el presente, que está plagado de los esfuerzos para acaparar bienes y para evitar ser descubiertos en sus maquinaciones. Estos esfuerzos están enfocados hacia el futuro y dirigidos a él, lo que comporta un nivel de ansiedad nada despreciable (3), ansiedad que les obliga a incrementar de forma patológica el control sobre sus emociones y sentimientos.

Sólo parecen gozar del futuro disponiendo de su decrepitud como de una mocedad rebosante (4). Pero, por definición, el futuro es lo que nunca llega, y no es posible gozar de lo que no es.

Posponen para el futuro vivir como seres humanos, siendo que la dilación es la quiebra máxima de la vida, pues con la esperanza de tiempos futuros se defraudan los presentes. Posponen vivir, haciéndose cuenta de que vivirán tantos años cuantos su egoísmo les exige para dar sentido a sus acciones de rapiña en el presente, y para dar sentido a su vida.

Acompañadas siempre del temor a que el desliz propio o el ajeno las delaten, se ven obligadas a no permitirse la expresión de ningún sentimiento o goce que les haga perder el control sobre sí mismas (5).

Por idénticas razones se ven impelidas a suprimir y prescindir de sus relaciones con cuantas personas pudieran mostrar, a ellas o a sus allegados, algún gesto o acción del pasado que dejara al descubierto el motivo de sus acciones. De este modo les es difícil disponer de alguna vieja amistad, pues únicamente soportan la prueba del tiempo las amistades distantes, con escaso contacto personal con ellas por sus muchas ocupaciones, por sus intereses divergentes, o por la lejanía geográfica, o las personas imbéciles. Y también, por supuesto, la de aquellas otras personas que, como ellas, están al acecho de algún favor o provecho que de ellas pudieran obtener.

Cuando su actitud no ha vuelto su propia vida contra ellas mismas, y no han sido devoradas por alguna de las enfermedades que damos en llamar autoinmunes y similares, la vejez las deja con frecuencia en descubierto, pues la merma de sus fuerzas les hace mucho más difícil seguir disponiendo de tanta energía como precisan para su autocontrol, y para el camuflaje y la falsedad desde los que han urdido su entera vida (6).

Al terapeuta de estas personas únicamente le queda el desenmascaramiento y la autoconfrontación con ellas mismas, por si la autoconsciencia de su autoengaño produjera en ellas la decisión de cambiar. Con la esperanza de que podrán vivir en el futuro lo que ahora se niegan a sí mismas

Frente a estas personas a nosotros solo nos cabe la compasión y el alejamiento preventivo. Y advertir a nuestros próximos, cuando nos sea posible hacerlo, de quiénes son y de cómo actúan.

Abu Fran, abdal.

NOTAS:

(1) Lo que indudablemente exige de nuevo cálculo y más cálculo para saber cómo ocurrirán las cosas y de cómo convencer a los demás. Esta necesidad de que las cosas, una vez hecha la previsión de cómo ocurrirán, ocurran como prevén, les llena con frecuencia de ansiedad, pues si no ocurren así se les desmonta el negocio.

(2) Manipulaciones fruto del miedo a una vejez desamparada y de un cerval miedo a la muerte.

(3) Pues el futuro es, por definición, imprevisible (si no sería una mera continuación o copia del pasado), y lo que es imprevisible genera ansiedad en quienes necesitan preverlo todo para mitigar su miedo.

(4) Del lejano futuro en el que calculan que gozarán plenamente de cuanto acapararon para su vejez.

(5) Sentimientos y goces que a fuerza de no expresar y reprimir acaban por no tener.

(6) Mantener de forma coherente la falsedad a lo largo de toda una vida exige un control exhaustivo y extenuante.