Descenso a mis infiernos.

Apenas Jesús desembarcó, le salió al encuentro desde el cementerio, un hombre poseído por un espíritu impuro… Al ver de lejos a Jesús, vino corriendo a postrarse ante él, gritando con fuerza: “¿Qué quieres de mí, Jesús, Hijo de Dios, el Altísimo?. ¡Te conjuro por Dios, no me atormentes!”. Porque Jesús le había dicho: “ Sal de este hombre, espíritu impuro!”. Después le preguntó: “¿Cuál es tu nombre?”. Él respondió: “Mi nombre es Legión, porque somos muchos”. Y le rogaba con insistencia que no lo expulsara de aquella región.

Evangelio de S. Marcos 5, 1 (1)

Mi primer descenso.

Aquel día me senté junto a ella, junto a mi compañera de vida y de camino, y ambos, desde una valentía que he visto en pocas personas, nos adentramos en los estados de consciencia expandida que proporciona la copa mística(2).

Solos ella y yo, sin cuidador ni guía, situación tan desaconsejable como atrevida, propia de la inconsciencia que suele adjudicarse a la juventud, pero que con frecuencia es la perla que adorna a quienes ya han vivido mucho. Sin duda vivir mucho tiene algo que ver con los años, pues no es posible vivir mucho en poco tiempo; sin embargo la mayor parte de quienes conozco que peinan canas son personas que han durado mucho, y parece que vivir es algo que les dio miedo o que se les olvidó por el camino.

Esa fue la primera vez en mi larga vida que descendí conscientemente a mis infiernos, y fue terrible. Mis demonios me asustaban, eran feos y horribles, despiadados y crueles, y, sobre todo, absurdos. Algunos llevaban sobre sus desnudos pechos su nombre tatuado, ora como si fuera a fuego, ora como una tenue neblina: Soberbia, Venganza, Sinrazón, Rabia, Astucia, Resentimiento, Impotencia, Poder, Cosificación, Deshumanización, Dominación, Sinsentido, Alienación, Perpetuación, Eternidad…

El dolor y el miedo me sobrecogieron y me arrollaron. Mi compañera, que también había ingerido la comida de las diosas(3), tuvo el valor de salir de su proceso como pudo para poder asistirme, para consolarme en un dolor que no tenía consuelo, para mitigar los efectos del terrible huracán que arrasaba mi isla, mi pequeña e insignificante existencia en esto que orgullosamente llamamos realidad.

Agradezco profundamente a mi compañera de experiencia su valentía al emprender su viaje junto al mío y junto a mí, su inmensa fuerza para salir de su propia experiencia para atenderme, su dedicación a mi desconsuelo, y su atención cuidadora y paliativa. Sin ella no habría salido indemne de mi excursión a los infiernos.

El viaje fue liberador, visitar los infiernos y ver de cara a los ángeles caídos fue tan terrible como liberador. Sin embargo no debí de quedar del todo liberado, pues el sentimiento de que no era suficiente era mayor que el sentimiento de liberación que siguió a la experiencia; y las ganas de volver al reino de las oscuras sombras comenzó a azuzarme desde el mismo instante en que volví al estado de consciencia ordinaria y me acompañó durante algún tiempo.

El segundo descenso.

La segunda vez que descendí a mis infiernos no sé si lo hice por soberbia, por la inconsciente llamada que se repetía desde algún lóbrego rincón de mi ser desconocido desde mi primer descenso, por dictado de las Parcas(4) o si fue la casualidad quien me llevó de nuevo a la morada de Tántalo(5). En todo caso no tenía elección posible, pues los Hados conducen a quienes se someten a ellos, pero arrastran a quienes se les resisten.

Recuerdo que en esa ocasión se nublaron mis sentidos, dejé de percibir cuanto me rodeaba, dejé de verlo, de oírlo y de sentirlo en mi piel. Y al mismo tiempo, y en una forma contradictoria y misteriosa, se expandieron mis sentidos: cuanto percibía formaba parte de otro mundo, de un mundo que no se muestra en los estados ordinarios de consciencia, pero que es tan real o más que aquél: el mundo de la experiencia expandida.

Creo que fue en Madrid, no estoy seguro. Era una toma colectiva de ayahuasca. Esta vez sí, con cuidadores, guías y acompañantes. Allí regresé al Tártaro, que hasta ese momento yo había creído que era universal y compartido.

Sin embargo me di cuenta pronto que lo que yo tomaba por el Tártaro era mi peculiar infierno, mi sótano, la parte oscura de mi morada cuya existencia conocía tan solo por referencias e historias que nunca acepté del todo. No lo podía creer, los cimientos de mi casa eran peor que la más pérfida mazmorra, negra, húmeda y llena de seres malolientes, pegajosos y malvados. ¡Esos eran los cimientos de mi casa, de mi castillo! Sin ellos todo mi ser se habría venido abajo.

La consciencia expandida nos juega esas malas pasadas: lo que creemos ajeno, todo eso que rechazamos, censuramos, condenamos y combatimos es en realidad nuestro sustento, lo que nos mantiene de pie. O al menos es lo que a mí me mantiene erguido, vivo. Y eso era lo que mi consciencia expandida me mostraba.

Descubrir que la fuerza que me sustenta es la oscuridad, fue de una luminosidad cegadora; entendí en ese mismo momento por qué al capitán de los ángeles caídos se le llama también Lucifer, el príncipe de la luz.

Aún hoy es muy confuso para mí, pero tan inexplicable como ineludible: si rascas un poco en mí, tras la hermosa piel encontrarás demonios pestilentes y voraces. Sin duda el descubrimiento había sido un regalo de las diosas, mis eternas guías.

La consciencia de que esta vez eran mis demonios (sin duda los mismos que visité antaño) me producía sin igual repugnancia, un asco que se convirtió en vómito repetido e insistente. Quise exorcizarlos, pero no se fueron; creo que jamás fui un buen nigromante. Qué remedio. Todavía revivirlo me produce náuseas.

No recuerdo bien cómo ocurrió, mas me resigné a su compañía y descubrí que no me acompañaba el miedo: eran míos, eran yo mismo y mi mejor opción era acostumbrarme a convivir con ellos (¿o debo decir con ellas?). También descubrí que Azrael, en ángel de la muerte, no les acompañaba, no estaba en ningún sitio; aunque no entendía, ni entiendo aún por qué, el descubrimiento era coherente con mi ausencia de miedo a la muerte, miedo que no recuerdo que me haya acompañado nunca; antes al contrario, he tenido siempre a la muerte como mi más constante acompañante, casi mi amiga.

Esa vez mi esfuerzo, el que una pequeña voz me indicaba continuamente que me convenía hacer, estuvo dedicado a aceptar a mis demonios, a las bestias infernales que constituyen mis entrañas. Por fin me percibía completo, con luces y con sombras, hermoso y repugnante, grandioso y miserable. Tan solo me quedaba digerirlo, lo que aún ando haciendo. Pero ya era un ser humano verdadero, completo, entero.

No solo el miedo a la muerte estaba ausente, tampoco estaba el demonio de la Culpa-Perdón, y eso ya no me resultaba coherente, pues en mi niñez y juventud arrastré la culpa por el placer que sentí de niño las veces en que fui abusado. Una culpa que influyó en mi comportamiento durante años. No eran míos esos demonios?

Es posible que algunos de los demonios que viven en mi sótano estén solo de paso, que no sean habitantes de la casa sino meros invitados? O tal vez ocupas? Entonces sentirme pleno, sentirme completo al fin es incluir en mi plenitud aquellos demonios que me poseen a veces y que no son yo, que no forman parte de mi ser? Es pues una plenitud en la que sobran algunos demonios?

Sin duda, los demonios no son los únicos yoes que me poseen o influyen de vez en cuando. Me constituyen con frecuencia otros personajes, mis yoes, o roles, o máscaras que me pongo para funcionar en éste o aquél ambiente: ahora soy profesor, ahora soy seductor, después soy estratega, después seré confidente, ayer fui un compasivo amigo. Todos esos personajes que me constituyen son yo mismo, la parte alta de mi edificio, la que está expuesta a la luz del sol; tan parte de mi edificio, de mí mismo, como los sótanos sobre los que está construido. Hay también intrusos viviendo en la parte alta? Sin duda será también así. Pero su descubrimiento y mi encuentro con ellos son otra historia.

Lo divertido es que muchas veces yo soy quien no soy, que muchas veces me posee un personaje, ángel o demonio, que no es mío, que se ha colado de rondón o que es un mero habitante temporal de mi casa.

Volver a mis infiernos.

La tercera vez que descendí a mis infiernos fue buscada, yo quería de nuevo encontrarme con mis demonios, saludarlos.

Elegí otra vez una sesión de ingesta colectiva de ayahuasca, con la presidencia de un gurú que finge no serlo para darse un aura de intangibilidad y una protección contra quienes se previenen de torticeros gurús y falsos maestros del espíritu. Y con algunos de sus sus auxiliares, que hacían de cuidadores.

Bajé alegre y voluntarioso. Y allí estaban mis diablos, pues desde que me fueron presentados como mi otro yo mismo dejaron de ser demonios: ya no podían poseerme, sino simplemente hacer muchas maldades, mil diabluras, que sin duda hacen y harán mientras yo viva.

También en esta ocasión mis sentidos dejaron de percibir un mundo para percibir otro, el mundo que percibe la consciencia expandida. Pasé de la experiencia ordinaria a la experiencia expandida. Más esta vez estuve continuamente haciendo excursiones a la experiencia expandida, iba y venía desde mis infiernos a la sala de la toma. A lo mejor para cerciorarme de que las dos realidades estaban contiguas, una dentro de la otra, y, sobre todo, que yo estaba en ambas a la vez.

Estaban. Se sorprendieron al verme, sobre todo al verme ir hacia ellos alegre y contento. Se enfadaron. Mi alegría los enfurecía, quisieron de mil maneras asustarme. A mi me resultaban cómicos, divertidos, feos, algo inconsistentes y más reales que jamás. Los abracé. Uno a uno. Por turnos. Se resistían, ululaban, me amenazaban e intentaban zafarse de mi abrazo; todo en vano, mis sarmentosos brazos se ceñían a su confusa y desdibujada cintura. Eran míos. Me divertí al abrazarlos, al reconocerlos como yo mismo.

Quienes me vieron desde fuera, desde el cuidado y la atención que nos prestaban a los tomadores de ayahuasca de esa noche, me contaron que estuve bailando una danza curiosa y divertida, que me arrastraba y retorcía continuamente por el suelo, una y otra vez. Parece que yo era una mezcla de serpiente y pulpo fuera del agua, pugnando por respirar o tal vez por encantar a alguien con mi danza.

Salí de la danza renovado, consciente de mí mismo, reconociéndome incrédulo en el amor que brotaba de mí hacia mis propios infiernos. Me di cuenta que las únicas formas de no proyectar sombra son no existir o vivir permanentemente en las tinieblas: mi oscura sombre estaba allí porque yo estaba en la luz, y era fuerte porque la luz era intensa.

Esa noche me dejó un regusto de placer inexplicable y atractivo, que me llama una y otra vez.

Tal vez por esa llamada he vuelto varias veces a mis lóbregas mazmorras, a mis particulares sombras y negruras. Sin embargo mis posteriores visitas al reino de la noche, de mi noche, no han vuelto a ser tan intensas, ni tan terribles, ni tan placenteras. Sin duda han perdido ya el sabor de la aventura y el interés de lo nuevo.

Pero me siento, por fin, un hombre completo y pleno. Con una plenitud transitoria, pues parte de quienes soy, de quienes forman mi plenitud, son personajes que tan solo están de paso, que acabarán por abandonarme. En todo caso me siento el Señor de mí mismo. Quizás por eso ha dicho el profeta de Allah: Quien se conoce a sí mismo conoce a su Señor.”

Abu Fran.

(1) La existencia de seres “espirituales” o de otros mundos que poseen o se introducen en el interior de los seres humanos está presente en numerosas mitologías de múltiples culturas, tanto pretéritas como actuales. Sirva de ejemplo el pseudomito actual de los Reptilianos, quienes, como los demonios, se introducen en los humanos -a veces varios reptilianos en un solo ser humano- y se alimentan de su sufrimiento.
Lo que a mi personalmente me induce a sospechar este conjunto de mitos es la universalidad de la experiencia en la que sin duda se asientan. La diversidad de mitos para referirse a un mismo tipo de experiencia se debe solamente a la diversidad de culturas y a la falta de referentes filosóficos o culturales de quienes lo experimentan.

(2) Los sufís se refieren con frecuencia a “la copa” o “el vino” para hablar metafóricamente de lo que les permite el contacto con la divinidad. El conocido poeta y seik sufí Jalaludin Rumí se refiere a esa bebida como “el vino que nuestra religión no prohíbe”. Si tenemos en cuenta que Rumí era musulmán hemos de concluir que dicho “vino” es una sustancia que no contiene alcohol, pero que indudablemente produce una embriaguez mística (como los mismos sufís afirman en muchos de sus escritos).
Numerosos antropólogos afirman que dicha bebida mística probablemente estaba confeccionada con hachís, opio o ruda siria. El uso que actualmente hacen en algunas Tarikas sufís de la orden Fatimiya de una bebida análoga a la ayahuasca, a base de ruda siria y mimosa hostilis, confirman dichas investigaciones. http://realitysandwich.com/76773/fatimiya_sufi_ayahuasca/

(3) Un amplio número de antropólogos y etnólogos se refieren a los enteógenos que se ingieren en rituales chamánicos y religiosos como la “comida de los dioses” y términos análogos. Personalmente prefiero siempre hablar de diosas en lugar de dioses, porque estimo que ya es hora de ir modificando la base patriarcal de la mentalidad actual de muchos de nosotros.
En las mitologías que sustentan este tipo de rituales esas sustancias se ingieren para conectar con los espíritus o con los dioses; en otras ocasiones son los mismos dioses o entidades espirituales (como Pachamama) quienes ponen a disposición de los humanos estas sustancias para que puedan conseguir determinados fines.

(4) En el mundo latino de la antigua Roma las Parcas eran las personificaciones del destino (también llamado fátum, hado o sino). Controlaban el metafórico hilo de la vida de cada mortal y de cada inmortal desde el nacimiento hasta la muerte.

(5) En la mitología griega, Tántalo era un hijo de Zeus y la oceánide Pluto. Se convirtió en uno de los habitantes del Tártaro, la parte más profunda del Inframundo, reservada al castigo de los malvados, como castigo personal por varias ofensas que infringió a los dioses.

BENDITAS LOCAS

Nos dicen que estamos locos porque nos gusta caminar bajo la lluvia.
Nos dicen que estamos locos porque entregamos nuestro corazón sin conocer al otro.
Nos dicen que estamos locos porque hablamos de nubds desconocidos, hablamos con muertos, conectamos con el universo.
Nos dicen que estamos locos porque lloramos en un solo llanto el dolor de uno sólo de los nuestros.
Nos dicen que estamos locos porque tomamos un brebaje extraño para sentirnos conectados en un mundo desconectado a pesar de tanto invento.
Y si me dan a escoger …Ahora sé que prefiero estar loca que cuerda .
Lo demás es un engaño, un espejismo que otros han gravado en mi inconsciente y que yo, tonta y ausente, repetía como autómata respondiendo a las demandas de los otros, mientras yo moria poco a poco olvidando que, aunque loca, prefiero vivir despierta.

 

Soberana Saez.

CHAMANISMO.

A modo de resumen1.

I. FORMAS DE ESPIRITUALIDAD PRETÉRITA: UNA CUESTIÓN TERMINOLÓGICA?

Existe bastante confusión en cuanto a la terminología utilizada cuando se trata de abordar las formas de espiritualidad de las primeras culturas humanas. En muchos casos la confusión no es únicamente terminológica, sino que se extiende también a las mismas formas de espiritualidad, confundiendo unas con otras o mezclándolas en una especie de totum revolutum.

Las razones de esta doble confusión radican tanto en los normales titubeos de los primeros investigadores, muchos de ellos meros exploradores que eran a su vez observadores atentos y curiosos de las culturas que descubrían, cuanto a la comprensible dificultad de entender formas de espiritualidad que hacía siglos que habían sido desterradas formalmente del mundo occidental, donde, si persistían, se les tildaba de superstición y charlatanería. También ha influido sobremanera la aviesa intención de las religiones monoteístas occidentales de ver en toda forma de espiritualidad primitiva una forma de religión ancestral: en la medida que todas ellas defienden una naturaleza de las cosas, una naturaleza del ser humano, en esta naturaleza tenía que estar necesariamente la religiosidad, por lo que se han forzado las cosas y las palabras para presentar toda forma de espiritualidad como una forma de religiosidad, por mucho que alguna de las formas de espiritualidad conocidas se alejen mucho de cualquier religión.

Es esa confusión la que hace muy conveniente una somera aclaración terminológica previa a cualquier aproximación al chamanismo. Así distinguimos las diferentes formas de espiritualidad que han aparecido en los grupos humanos, por orden cronológico de aparición.

Por supuesto, en cuanto aparece una forma nueva de espiritualidad, ésta no desplaza a las anteriores, sino que se producen todo tipo de sinergias, eclecticismos, síntesis, enfrentamientos, y contagios entre ellas. Sin embargo, es posible, con un poco de práctica, distinguir lo que pertenece a una forma de espiritualidad o a otra. Valgan para ello las siguientes líneas:

Animatismo.- todo está animado, tiene voluntad e intenciones. Los brujos tienen poder actuando sobre la voluntad de las cosas.

El brujo ejerce de adivino y curandero (diagnostican la dolencia y le aplican un remedio). Parece que la mayor parte de los brujos eran brujas, la brujería se asocia con la fertilidad femenina.

Animismo.- todo tiene alma, espíritu. La realidad es una, hay un único mundo, pero tiene dos dimensiones, la material y la espiritual. En la dimensión espiritual está la explicación de todo lo que ocurre, pues la dimensión espiritual rige la material. Los espíritus de los muertos no se van a parte alguna, se quedan entre nosotros.

Los hechiceros tienen poder actuando sobre la dimensión espiritual, lo que hacen mediante símbolos (palabras, sonidos y música incluidos); también hacen de sanadores (restablecen el equilibrio de la persona sana). En muchas ocasiones las funciones de brujos y hechiceros se entremezclan. Muchos hechiceros eran realmente hechiceras.

Chamanismo.- el aspecto espiritual de la realidad se separa del material, para acceder a la dimensión espiritual se requieren ciertas técnicas o determinados poderes. Los espíritus de los muertos se quedan también entre nosotros.

El chamán suele hacer de intermediario entre la dimensión espiritual y la material. El chamán suele asumir también las funciones que antes correspondían a brujos y hechiceros. Siguen existiendo brujos y hechiceros. A veces es difícil distinguir entre unos y otros, pues se entremezclan funciones y técnicas. Con el advenimiento del patriarcado los chamanes suelen ser varones, existiendo pocas mujeres chamanes.

Religión.– la dimensión espiritual se convierte en un mundo aparte, el mundo espiritual. La dimensión material se convierte así en el mundo material. Aunque separados, ambos están relacionados, y se puede actuar en uno de ellos a partir del otro, si se tienen las facultades o saberes necesarios. Los espíritus de los muertos se van al mundo espiritual, o mejor a los mundos espirituales, el supramundo o cielo y el inframundo o infierno.

El sacerdote media entre el mundo espiritual y el material; a diferencia de los chamanes, los sacerdotes constituyen una casta jerarquizada. Subsisten chamanes, hechiceros y brujos, pero los sacerdotes persiguen a todos los demás, que perciben como competencia directa.

En un primer momento coexisten sacerdotes y sacerdotisas, pero con el advenimiento de la religión patriarcal (un solo dios padre) las sacerdotisas desaparecen prácticamente.

II. PREÁMBULO.

La palabra chamán es un invento occidental. Muy probablemente se deriva de la palabra samaan o s’amanthe del pueblo Evenk siberiano, anteriormente conocido como Tungus.

III. VARÓN O MUJER.

Los exploradores rusos llevaron la palabra al ruso con la forma shamanka, donde la terminación ka es la forma rusa para el femenino en diminutivo, lo que nos debe hacer sospechar que la mayor parte de las personas que los exploradores rusos vieron ejerciendo las funciones de chamán eran mujeres.

Curiosamente, pese a que para designar a los chamanes varones existen multitud de palabras en lo pueblos siberianos (khamma o ayun entre los Yakut, buge o bo entre los Buriatos y mongoles, kam o gam entre los Tártaros y Altaianos, baksy en el Kirguistan, tardibey en los Samoyedos…) existe una sola raíz para todas las palabras que designan a una chamán mujer (udagan o utagan, ubakan, utyan, utugun). La mejor explicación que encuentran para ello los filólogos y antropólogos que han estudiado el tema es que los primeros chamanes, los chamanes primigenios, eran mujeres o mayoritariamente mujeres.

Hemos de concluir que la originaria figura del chamán es una figura femenina y que su apropiación por los varones ocurrió en una etapa posterior, conforme se fue consolidando el patriarcado entre todos estos pueblos. Por lo demás, en la medida en que muchos de estos pueblos están aún en una transición hacia el patriarcado excluyente (el que excluye alas mujeres de toda función importante socialmente para el grupo), existen en ellos muchas mujeres chamanes.

IV. CONTEXTO IDEOLÓGICO Y ESPIRITUAL.

Todos lo pueblos chamánicos son animistas, pero no todos los pueblos animistas son chamánicos. Si bien podemos defender que el chamanismo está o ha estado extendido o presente en casi toda la geografía de la Tierra, es un error muy común decir que el chamanismo es universal.

El chamanismo, tanto como la brujería y algunas formas religiosas, suele ir acompañado del uso de sustancias psicoactivas. Se encuentran pruebas arrolladoras del uso de sustancias en conexión con lo sobrenatural entre los escitas, los tracios y los massagetas, también en las culturas urbanas de Egipto y Mesopotamia, en escritos helenísticos (especialmente significativos son los ritos de Eleusis) o en la Roma clásica2.

El contexto ontológico y espiritual del chamanismo es el animismo, es decir, un mundo (y habitualmente un solo mundo) habitado por seres materiales y seres espirituales, en mutua relación y con múltiples correspondencias.

Los espíritus pueden serlo de un ser material, como un animal, una planta, un hombre, un rio, una montaña, etc., pero también pueden existir “desencarnados”, es decir sin ser en este momento presente el espíritu de ningún ser material. Este segundo caso suele ser el de los espíritus de los muertos.

No todos los espíritus tienen el mismo significado ni la misma importancia, y todos ellos están vinculados al contexto culturales del chamán. Así, el los pueblos europeos y siberianos podemos destacar la serpiente y el perro como dos de los más importantes, así como el ancestro salvaje del perro, el lobo. También se consideran espíritus benéficos al caballo, el reno, el venado o diversas clases de aves. Rastrear y aclarar el significado de cada uno de ellos excede el propósito de este pequeño resumen.

Recuperar lo chamánico que surge de la historia europea puede ayudarnos a integrar en nuestra vida el trance extático. Nuestra vida está contextualizada por la cultura europea, sus mitos, sus ritos, sus tradiciones y su inconsciente colectivo. Resulta necesario volver a revisar las tradiciones chamánicas y espirituales europeas que sostuvieron con su sabiduría y sus prácticas, durante más de cien mil años, a los pueblos de estas latitudes. Para integrar de manera eficaz la experiencia extática en este mundo occidentalizado resulta muy conveniente observar que nuestras raíces se hunden en tradiciones y paradigmas arcaicos a han demostrado su eficacia a lo largo de decenas de miles de años.

El mundo espiritual no es un mundo aparte del material-energético, no está más allá o más acá del mundo material. El mundo espiritual y el mundo material, y las energías propias de ambos, son dos aspectos o dimensiones de un solo mundo. Los espíritus de los muertos no se van a parte alguna, ni emprenden al azul remotos viajes, ni moran el los rayos de la luna; están con nosotros, entre nosotros.

V. CHAMÁN.

En las culturas animistas no chamánicas existen brujas (posteriormente brujos) que pueden realizar curaciones poderosas, y hechiceras (posteriormente hechiceros) que pueden invocar a los espíritus para sus fines. Sin embargo ninguno de ellos entra en trance, que es la característica distintiva del chamán.

El chamán es alguien que entre en trance, en dos tipos de trance, o bien es poseído por los espíritus (trance de posesión) de los antepasados, por los espíritus locales o por algún dios (el monoteísmo es incompatible con el animismo), o bien su espíritu, su alma abandona su cuerpo y viaja a la dimensión espiritual (trance extático), donde se encuentra con los espíritus para obtener conocimiento o poder. Véase el post sobre el trance chamánico.

El modo básico de inducción al trance extático puede incluir una combinación de cantos, música, especialmente de tambor, y danza. Estos elementos pueden complementarse con técnicas respiratorias y con el uso de sustancias, usualmente de origen vegetal o micótico.

Mientras está en trance el chamán puede actuar como médium y contactar con los espíritus de los muertos. Con ayuda de espíritus amistosos pueden predecir el futuro, adivinar dónde está el caballo perdido, descubrir las causas de una enfermedad o los remedios para curarla, así como dar consejos para protegerse de los espíritus o de los enemigos, conseguir buena caza o buenas cosechas. En este último caso se establece una especie de negociación con los espíritus de los animales o las plantas, a los que se les ofrece algún tipo de contraprestación a cambio del permiso para cazarlas o recolectarlas; el el fondo lo que se está reflejando es una actitud ecológica de contraprestación a la naturaleza por lo que se recibe de ella.

Con frecuencia las terapias suelen ser de dos tipos: endorcismos, en las que el chamán consigue el retorno al enfermo de la parte o espíritu ausente; y exorcismos, en las que el chamán consigue expulsar del enfermo el elemento o espíritu causante del mal (la ‘purga’ suele ser el inicio de una terapia de este tipo).

En sus respectivas culturas a los chamanes se les reconocen poderes especiales para contactar con los espíritus y fuerzas de la naturaleza.

El mundo espiritual es como un gran océano, todo el mundo puede bucear sin mucho riesgo en las aguas poco profundas de la orilla, pero adentrarse en las aguas profundas sin excesivo riesgo solo es posible para un chamán, para aquél a quien los mismos espíritus han elegido.

Y éste es otro de los aspectos distintivos del chamán, la de ser un elegido de los espíritus o los dioses.

No obstante ser chamán no es ningún regalo. Quienes son elegidos suelen resistirse a ejercer este papel, ser elegido para ser chamán se vive como una maldición y, si se puede, se intenta evitar convertirse en un chamán. Sin embargo no suele existir opción, tanto si te han elegido los espíritus cuanto si no lo han hecho, no hay nada que hacer para cambiarlo.

Que alguien es un elegido suele saberse por alguno de los sueños que tiene o, sobre todo, por alguna enfermedad, a veces muy grave, que le aqueja, y que otro chamán identificará como “la enfermedad del chamán”. A partir de ese momento la persona elegida tan solo puede aceptarlo o enfrentarse a las consecuencias de su negativa.

Desde este contexto propiamente chamánico resulta muy curioso que muchos occidentales busquen y deseen ser chamanes, y para los pueblos chamánicos dichas personas que buscan ser chamanes son consideradas como locas o tontas, cuando no ambas cosas. Con frecuencia suelen aprovecharse, a la vez que burlarse, de ellos pidiéndoles dinero o favores a cambio de “convertirlos” en chamanes.

Los maestros de los aprendices de chamán son los espíritus, la función que ejercen los otros chamanes es la de poner en contacto al aprendiz de chamán con los espíritus y enseñarles las formas de interactuar con ellos. El aprendiz de chamán se forma a través de pruebas iniciáticas, en el contexto de su cultura tradicional, después de la llamada que lo arrastra fuera de su mundo habitual hacia la intemperie mística. Durante el transcurso de las pruebas iniciáticas el aprendiz experimenta una muerte espiritual, simbólica e incluso casi física, que le lleva a una disolución de su yo, de su propia persona, para renacer como otro. A partir de ahí la formación del chamán suele tener más duración que una carrera universitaria, y se realiza siempre dentro de una de las tradiciones iniciáticas chamánicas de la cultura en la que se halla inmerso y que le sirve de sostén3.

De nuevo la pretensión occidental de aprender el chamanismo de otro chamán, que hace las veces de su maestro, es ajena a las culturas chamánicas, por más que algunas culturas muy contaminadas por las formas religiosas occidentales monoteístas admitan alguna forma de enseñanza de persona a a persona.

También ocurre que, dentro de la gran ignorancia de buena parte de quienes se acercan a estas culturas con el ánimo de llegar a ser chamanes, se confunde a curanderos, brujos y hechiceros con chamanes, y se pretende aprender de ellos el chamanismo. Como la brujería y la hechicería si se aprenden de un brujo o hechicero, y los brujos, hechiceros y chamanes de estos pueblos no tienen verdadero interés en explicar las diferencias a quienes no desean saberlas, aceptan dinero o favores a cambio de “convertirlos” en “chamanes”.

En virtud de la moda chamánica de la New Age y sus aledaños nos parece conveniente aclarar que ser chamán no es ningún camino de curación, de superación o de crecimiento personal, y menos una actividad recreativa. La función que siempre asume un verdadero chamán es la de ayudar a su comunidad, ejercen su función para salvar vidas, sanar enfermos, ayudar a que haya buenos cultivos y buena caza, y, muchas veces, también luchan entre sí, intentan matarse o robarse conocimientos, o lanzan maldiciones, todo ello siempre con la ayuda de los espíritus con los que contactan.

Del mismo modo conviene también aclarar que el mito del buen chamán, el de que todo chamán es una persona maravillosa, que hace buenas obras, que es espiritual (en el sentido occidental), es fruto de la ingenuidad de muchos de estos buscadores del camino chamánico y tiene parangón con el casi desaparecido mito del buen sacerdote.

El contexto cultural y espiritual del chamán es clave para el desempeño de sus funciones, y no es posible ni explicable fuera de dichos contextos. De nuevo hemos de recordar que no es posible ser un auténtico chamán sin convertirse en animista. Y esta conversión es extraordinariamente difícil para un occidental. Para poder realizar las funciones de un chamán sin convertirse en animista es necesario construir una cosmovisión compatible con el animismo, tarea fuera del alcance de muchos de nosotros.

El peligro que encarar las personas de los pueblos animistas cuando se adentran en las aguas profundas de los viajes chamánicos sin ser personas elegidas para ello por los espíritus también existe entre nosotros. Es el peligro de adentrarse en dichos viajes y mundos sin la correspondiente cosmovisión que le sirva de contexto y referencia, y suele consistir de verse inmerso en visiones de la realidad inoperantes u obstaculizantes de la vida cotidiana, próximas a la psicosis y fuertemente inadaptativas.

Abu Fran. Abdal.

NOTAS:

1 Recojo aquí el contenido de las investigaciones y estudios de múltiples autores: antropólogos, filósofos, sociólogos, etnógrafos, etnopsicólogos, etnobotánicos, lingüistas, psiquiatras, médicos, ayahuasqueros, historiadores y arqueólogos que, en mi opinión, han sabido calar y recalar en el fondo del chamanismo.

Quiero destacar entre ellos a Cicerón, Antonio Escohotado, Claudio Naranjo, Josep Maria Fericgla, Stanislav Grof, Jonathan Ott, Joseph Campbell, Carlos Suárez Alvarez, José Carlos Bouso Saiz, Gregorio Gómez-Jarabo, Pablo Friedländer, Javier Manzanera, José Carlos Aguirre, Alberto Mingo Alvarez, Samuel James Cockerill, Carlos G. Wagner, Nicholas Breeze, Karl G. Jung, Arnold Hauser, y Francisco Rubia.

Y lo hago desde mi condición de europeo, desde el conocimiento de que mis ancestros no son indios, sino sefardíes -por parte de madre-, y bereberes -por parte de padre-, es decir, pueblos de Asia Menor y del norte de África; todos ellos firmemente asentados en la península ibérica, e influidos por la cultura europea desde hace varios miles de años.

Para orientar al lector, confieso que me han servido de suelo en el que anclar mi hermenéutica para abordar este tema: Plotino, Lucio Anneo Séneca, Inmanuel Kant, Hermes Trimegisto, Levi-Strauss, Ludwig Wittgenstein, Thomas Kunh, Elizabeth Lloyd-Mayer, el evangelio agnóstico de Judas, la mística sufí, y las corrientes psicológicas de la Gestalt, Sistémica, Transpersonal. y Psicoanálisis.

2 Ovidio (Met., VII, 405), Apuleyo (Apol., 27-28), Virgilio (Eneid., IV. 484 ss), Plinio (NH, XXV, 5) o Dioscórides (IV, 141).

3 No me resisto a recordar que los misterios eleusinos y su rito de pase estuvieron vigentes en las viejas culturas históricas europeas durante más de 2500 años, hasta que en el siglo V los prohibió la iglesia católica. En ellos la experiencia extática, que se interpretaba como un vuelo del alma a la otra dimensión de la realidad, alcanzaba un carácter colectivo; en ellos se trascendía la experiencia individual del chamán para convertirse en una experiencia iniciática comunal de un grupo de personas.

ES POSIBLE SOLO HACER EL BIEN?

LA NECESIDAD DEL MAL.

Un joven Cherokee corre hacia su abuelo. Acaban de cometer una injusticia hacia él y está lleno de ira y enfado. El viejo guerrero, sentado a la orilla de un arroyo, le dice … déjame contarte una historia,….

– Yo también , a veces, he sentido un gran odio por los que han tomado tanto sin ningún pesar por lo que hacen. Pero el odio te desgasta, y no le hace daño a tu enemigo. Es como tomar tu el veneno deseando que tu enemigo muera. He luchado contra estos sentimientos muchas veces. Es como si tuviera dos lobos dentro de mi.

Dentro de cada uno de nosotros está ocurriendo una pelea, una pelea terrible entre esos dos lobos y la misma pelea está ocurriendo dentro de ti también. Uno es blanco y el otro es negro. Uno está lleno de rabia y lucha contra todos incesantemente. Es la ira, la envidia, la tristeza, el pesar, la avaricia, la arrogancia, la autocompasión, la culpa, el resentimiento, el sentimiento de inferioridad, la mentira, el falso orgullo, la superioridad y el ego.

El otro lobo es bueno y no hace ningún daño a nadie. Vive en armonía con todo lo que le rodea y no se ofende cuando no hubo intención de ofensa. Es la alegría, la paz, el amor, la esperanza, la serenidad, la humildad, la bondad, la benevolencia, la empatía, la generosidad, la verdad, la compasión y la fe. A veces es difícil vivir con estos dos lobos dentro de mí, pues los dos tratan de dominar mi espíritu.

Tras meditarlo un minuto, el muchacho mira intensamente a los ojos de su abuelo y le pregunta:

-Qué lobo ganará?

El viejo Cherokee sonrió y respondió:

Los dos ganan. Si escojo alimentar únicamente al lobo blanco, el negro se esconderá detrás de cada esquina esperando a que me distraiga o esté débil. Saltará para conseguir la atención que ansía. Estará siempre enfadado y siempre luchando contra el lobo blanco.

Pero si también reconozco las cualidades del lobo negro, él es feliz y el lobo blanco es feliz. Todos ganamos. Porque el lobo negro también tiene muchas cualidades; la tenacidad, el coraje, la valentía, una fuerte determinación y un gran pensamiento estratégico, cualidades que a veces necesito y de las que el lobo blanco carece.

Pero el lobo blanco tiene la compasión, el cuidado, la fuerza y la capacidad de reconocer lo que es en el mejor interés de todos.

Ves hijo, el lobo blanco necesita al lobo negro a su lado. Por otra parte alimentar solo al lobo negro te desgasta y te envenenas a ti mismo con tanta ira, por eso el lobo negro también necesita de la energía del lobo blanco a su lado.

Alimentar tan solo a uno mataría de hambre al otro y ese se volvería incontrolable o ausente. Alimentar y cuidar a ambos significa que te servirán bien y no harán nada que no sea parte de algo bueno, algo vital,.. de algo más grande. Alimenta a ambos y no habrá más lucha interna por tu atención. Y cuando no hay una batalla en el interior se pueden escuchar las voces del saber profundo que te guiarán en la elección de lo que es correcto en cada circunstancia.

La Paz y el equilibrio, hijo mio, son la misión Cherokee en la vida. El hombre que tiene paz y equilibrio interior lo tiene todo. En cambio el hombre desgarrado por una guerra interna no tiene nada. La forma en la que elijas interactuar con esas fuerzas opuestas dentro de ti determinarán tu vida. Puedes intentar matar de hambre a uno o al otro, … o puedes decidir alimentar a ambos.

Cuento Cherokee.

CONOCER EL LENGUAJE QUE LLEVA A LO REAL.

La verdad suele brotar de las conversaciones y charlas entre los nobles caminantes de la senda real.

Me preguntas sobre la irrealidad del mundo en el que aparentemente vives, distinguiendo:

  1. entre el ser verdadero, o realidad, que es el mundo que habitualmente no sabes ver, es decir, el mundo del espíritu, el mundo de la unidad, y

  2. el ser no verdadero o realidad aparente , que identificas con el mundo en el que aparentemente vives, el mundo de tus actividades y preocupaciones cotidianas, el mundo de la dualidad y del cambio.

La conclusión que sacas de esta dualidad de mundos es la irrealidad del mundo de la dualidad aparente, e identificas la irrealidad con inexistencia.

De este modo:

  1. te consuelas de las desgracias y percances de la vida cotidiana diciendo que son irreales y, del mismo modo,

  2. te desocupas o desentiendes de los aconteceres y sucesos del mundo aparente, cambiante y dual, alegando que no se trata más que de una mera ilusión, que no es real.

Esta conclusión y dicotomía son tan inconvenientes como peligrosas, y para comprobarlo te basta con intentar salir de la habitación en la que estás a través de la inexistente pared aparente: el resultado, si lo haces con la suficiente energía, será un considerable coscorrón con sus consiguientes magulladuras.

Conviene también que recuerdes que la falsedad de algo no conlleva su inexistencia: una moneda falsa no es una moneda inexistente, incluso puedes comprar con ella (para eso se falsificó), aunque corras el riesgo de ser encarcelado si te descubren la artimaña.

Parte del problema de tu consideración de la realidad cambiante y dual como inexistente está en el uso de una terminología inadecuada, de palabras que, más que aclarar, confunden. En concreto, en este caso es error está en llamar irreal a lo mudable, a lo plural, a lo efímero.

No es conveniente que recurras a la fe si quieres progresar por el camino de la elevación del nivel de consciencia: es un sano criterio no creerte nada que no experimentes, pues sólo la experiencia y la práctica te pueden conducir a puerto seguro.

Sin embargo no basta solo con la experiencia.

A) Aunque la experiencia es la clave del progreso por el camino de la consciencia, necesitas poder denominar adecuadamente cada experiencia, para poder identificarlas, para poder comunicarte y para entender entender lo que se dice y lo que está escrito sobre ellas.

Por lo demás, tu incapacidad para comunicarte al usar una terminología inadecuada con quienes ya recorrieron o recorren hoy el camino, pone un techo muy bajo a tu progreso.

Con una terminología inadecuada es muy difícil alcanzar las metas que hoy están a tu mano, pues tu existencia es demasiado breve para basarla exclusivamente en tu propia experiencia.

  • Por eso es para ti importante poder entender lo que dicen sobre lo que ocurre en la senda real quienes ya la recorrieron.

  • O comunicarte y hablar sobre esas experiencias con quienes están también andando por la senda real.

El sufismo dispone de una considerable cantidad de experiencia acumulada tras siglos y siglos de práctica. Pero esta experiencia está depositada en forma de palabras, de poesía, de relatos, de explicaciones de los ejercicios que sirven para una u otra cosa, de aforismos, de analectas, de koanes. Sin el vocabulario adecuado toda esa experiencia te resulta inalcanzable. Y toda comunicación con los otros caminantes te resulta imposible o extraordinariamente difícil.

Imaginate que has experimentado el olor de una cebolla (o el placer de un orgasmo); indudablemente solo la experiencia del mismo te permite saber cómo es.

Sin embargo, si solo tienes la experiencia y no sabes cómo denominarlo, corres el riesgo de darle una denominación inadecuada, por ejemplo ‘azul’, y, en virtud de la incorrecta denominación que le has dado, pensar que mezclado con el amarillo producirá el verde (pues eso ponen los libros y cuentan los pintores e impresores). Evidentemente no conseguirás mezclar el olor de una cebolla con el color amarillo, aunque pintes de amarillo la cebolla. En cualquier caso, el resultado no será un color verde:

  • Al comprobar que no ocurre así descubres que no estás entendiendo lo que sobre el olor de la cebolla se dice.

  • O podrás tomar por falso aquello que correctamente se dice de otra cosa, pues al comprobar que lo por ti experimentado no produce el color verde al mezclarse con el amarillo puedes pensar que quien te dice que la mezcla del azul con el amarillo produce verde es un mentiroso, o también puedes concluir que el libro en que lo leíste es un libro falaz.

De un error de denominación de este tipo en las experiencias que ocurren en el camino real se puede derivar tu incapacidad para acceder a la experiencia que los sufís hemos acumulado.

Y si no puedes acceder a ella tendrás tú sólo que volver a inventar la rueda, y el carro, y la máquina de vapor.

Y te alcanzará la muerte antes siquiera de que hayas arribado al primer puerto de tu travesía.

Así pues, si quieres progresar en tu caminar por la senda real, necesitas conocer los términos correctos para denominar las diferentes experiencias que vas alcanzando.

La razón por la que yerras a la hora de elegir los términos para nombrar lo que experimentas suele radicar en la ignorancia, bien la tuya propia, bien la de aquellos por los que te dejas orientar.

B) Otra parte del problema puede radicar en algún salto en el vacío, como por ejemplo en pasar del terreno de la experiencia y la intuición al terreno de la razón y de la argumentación. Como decir que la realidad dual e impermanente no existe, pues esa una conclusión suele ser fruto de un razonamiento que contradice tu más inmediata experiencia.

Sin conocer dónde están claramente las fronteras entre la razón y la realidad, entre uno y otro territorio, tal vez no consigas llegar a la frontera. Y sin conocer cuáles son los documentos (pasaporte, visado, etc.) que te permiten pasar de un territorio a otro, tal vez no consigas atravesarla y pasar al otro territorio.

Sin embargo, conocer:

  • los límites de la razón,

  • el fructífero uso de la misma en el territorio de la que es dueña y señora,

  • sus mecanismos y añagazas,

  • los elementos que intervienen en la construcción de la experiencia y el uso legítimo de dichos elementos,

  • el funcionamiento de la intuición,

  • las interferencias del entendimiento en dicho uso de la intuición,

  • los mecanismos y formas en que operan nuestros sentidos,

  • la manera en que nuestra razón construye nuestra experiencia,

Solo puede ser resultado de un estudio sistemático dirigido por los profesores y maestros adecuados.

Si no quieres o no puedes adentrarte más allá, por el momento te es suficiente saber que la paloma del espíritu necesita dos alas para alzar el vuelo: el ala de la realidad relativa o impermanente (la del cambio y la dualidad), y el ala de la realidad absoluta o inmutable (la de la inmutabilidad y unicidad).

O, como decimos los sufís, se trata de tener en el mundo de la experiencia la razón atenta y afilada, y en el mundo real la intuición presta y activa.

Abu Fran, abdal.