charla sobre sufismo online en vivo

 

DECIDIR POR UNO MISMO

Muchas veces abandonar las ideas recibidas supone un esfuerzo, pues te has habituado a ellas y a vivir de acuerdo con ellas. No provienen de ti, pero las has hecho tuyas inconscientemente y te has instalado en la comodidad de hacer y ser lo que te dan ya preparado, precocinado; piensas que estás aquí para construir la casa de la que te han dado los planos y te han dicho el lugar donde has de levantarla. Por eso salir de tu zona de confort cuesta.

Y puede ser entendido como una provocación, pues quienes participan de esa forma de ver el mundo y de vivir en él pueden ver tu intento de cambio como un abandono, como una traición. Y, sobre todo, por quienes te enseñaron esas ideas y esas formas de ver el mundo y de vivir en él, pues pueden sentir que te apartas de sus enseñanzas o que su semilla ha caído en tierra yerma.

Tu esfuerzo, y el disgusto de aquellos que quienes te apartas para seguir tu camino, son signos claros de que estás en la senda correcta.

Abu Fran, Libertad y Destino. Perderse en el Futuro. Ed. Baraka Levante.

Si quieres hacer reír a la divinidad, cuéntale tus planes

Amar el futuro, replantearse la ruta.

De nuevo la madrugada, tan serena y tranquila. Los pensamientos parecen más claros entre tanto silencio. Al final resultará que ese toque de queda impuesto, tan absurdo, tendrá algo de utilidad. Al menos donde yo vivo provoca un exceso de maravillosa tranquilidad, pues a lo lejos hasta la autovía está callada. No hay neumáticos que susurren su pavimento y ese sonido, antes en apariencia imperceptible e invisible al oído humano, se hace notorio precisamente por su ausencia. Y vuelvo a percibir la fragilidad de la vida. Me bombardean pensamientos y recuerdos al unísono, peleándose por entrar. Todas las ventanas abiertas, creando diferentes fragancias. Alguien cercano me dijo una vez que si quería hacer reír a Dios le contase mis planes. Debe estar descojonándose de risa a mi costa en estos momentos. Pero no me importa. En serio. Que siga riendo si así lo desea. Los mazazos en la vida aparecen, no para que aprendamos, pero aprendemos de ellos si estamos atentos. Y esa atención es síntoma de estar Despierto, algo que creo fundamental. De no hacerlo así lo único que conseguiría sería hacerme más daño, y al tenerlo asegurado lo mejor que puedo hacer es sacar alguna utilidad de esos golpes. Tras mi visión puedo escoger entre dos opciones: tomármelo como una tragedia o como un despertador. De mi depende decidir cómo afrontar la situación una vez me haya alcanzado. Y es que ayer, hace escasas horas, era una persona con unas ideas de futuro. Hoy (ahora) sigo teniéndolas también, pero tras una noticia descorazonadora que lo ha cambiado todo, resulta que deben ser modificadas. Debo cambiar prioridades al no valerme las primeras. Darse cuenta de que la vida no va a ser como la habías pensado, no voy a mentir, asusta y mucho, pero tras el lloro de la auto compasión, que sirve en primera instancia de desahogo, aparece una fortaleza extraña y desconocida. Ya no hay rabia ante la incertidumbre. Bendita, bendita Ayahuasca y el camino que gracias a estar Despierto me ha mostrado. O debería decir gracias a querer estarlo? Hace no mucho tiempo, aunque parezca cosa de otra vida, alguien que emprendió el camino al otro lado del espejo, a la que en el fondo amaba, dijo que había que saber disfrutar de la vida, y que no debíamos esperar a una desgracia como una enfermedad para saber hacerlo. Que debíamos saber valorar el día a día. Cómo te echo de menos Nina!!! Y tenías razón, por difícil que parezca darse cuenta. Cada mañana es un regalo, al igual que cada noche, y una en concreto será la última. Puede que sea el próximo lunes o dentro de mucho tiempo, normalmente eso no se sabe, pero aprender a degustar nuestra existencia individual en este plano, a pesar de todo lo que ocurra, sin dejar que nos distraigan por el camino, creo que es ahí donde reside la felicidad. Al menos parte de ella. Más que felicidad la palabra adecuada debería ser otra como serenidad, igual que la que protagoniza esta calmada noche. Y me siento afortunado por estar aprendiendo de esta manera, aunque sea a mazazos. Y es que no hay nadie que me diga cómo debo sentirme, solo es mi experiencia la que habla. Y no tengo mucha, así que estoy expectante al saber que estoy en continuo aprendizaje. Es una especie de inteligencia emocional la que me está abrazando ahora mismo. Quizá consolándome, quien sabe. Mi salud puede estar traicionándome, pero mi mente y consciencia siguen ahí, intactas de momento, y por ende la espiritualidad adquirida. No diré que esto es una prueba para que me supere, pero sí es una escalera que debo saber subir solo. Así al menos evitaré que mi entorno sufra conmigo. No es cuestión de tragarme mi sufrimiento, sé que puedo compartirlo para que pese menos en determinados momentos, pero sí que he de aprender a sufrir mi cansancio con el problema. Las escaleras parecen largas vistas desde abajo, y los escalones cada vez más altos tras los últimos resultados, pero bueno, la cuestión es no rendirse y seguir ascendiendo. En el piso de arriba está mi cama, y al llegar a ella descansaré junto a la mujer que quiero.

La verdad es que en ocasiones contarlo con palabras, verbalizarlo y escribirlo, relaja bastante, y funciona, pero no hay lugar ni tiempo para compadecerse de uno mismo. Aún queda trabajo por hacer, y no poco. Mi corazón está abierto de nuevo, algo está cambiando en mí, como decía aquella canción, y comienzo a sentirme preparado de nuevo para que la medicina vuelva al maestro interior. Recibirla en mi templo será un honor, sin miedo. No tardará en llegar el momento, lo intuyo. Ahora el uno, ya vendrá el dos. Y si tengo que llorar pues lloraré. Y si necesito gritar pues gritaré. Me siento con derecho a desinhibirme sin sentirme juzgado por nadie. Fuerza. Esperanza. Ganas. Lucha. Sinónimos todos ellos. Gratitud por estar vivo, eso siempre. Volveremos a la Fuente, pero hasta entonces seguiremos jugando en este tablero. Muevo ficha y qué cojones, ahora juego con las blancas.

O.A.Hanksler

SER LIBRE

Solo un camino te lleva a la felicidad, la libertad, tu libertad. Tu libertad es conocer tus condicionamientos, ponerlos a un lado y seguir tu corazón. Es decidir por ti misma, usando tu inteligencia, tu intuición, tus instintos, tu consciencia.

Poner a un lado tus condicionamientos es obrar, sentir y actuar sin hacerles caso, vivir al margen de ellos. Tal vez puedas coincidir en tu acción o en tu visión del mundo con alguno de ellos, pero si eres sincera contigo misma no coincidirás con ellos, o lo harás con poquísimos de ellos. Poner a un lado tus condicionamientos es no juzgar a quienes piensan, sienten y obran siguiéndolos. Y no juzgar tampoco a quienes los rompen o los trascienden. Y es también no juzgar a quienes tienen como guía unos condicionamientos diferentes a los tuyos, ni a quienes se revelan contra ellos, ni a quienes los trascienden.

Poner a un lado tus condicionamiento es guiarte siempre por tu voz interior y tu sentimiento e intuición. Es decir, ser siempre distinta de quien eras, ser quien eres, evolucionar, y dejar de ser quien eres con cada uno de tus pasos. Es ser libre.

A nada estás obligada y nada te está prohibido. El deber y el pecado están muy lejos del corazón, quien sigue su corazón ni peca ni cumple con su deber. Es libre.

Del libro de Abu Fran, “Libertad y Destino. Perderse en el futuro.“. Ediciones Baraka

 

PREDICAR AMOR

“Miedo me dan aquell@s que predican y se les va la fuerza por la boca con eso de “vibrar en amor” y vibrar alto, de los bailes, del ‘flou’ de las almas libres y el Bla Bla de la libertad, del/a que se cree que “no pertenece a ningún sitio ni a nadie pero que es del mundo” (para mí sin conciencia de lo que pueden quitar y/o aportar), como del/a que predica que no se tenga miedo y que se acepte la soledad.

Porque todas estas almas, en realidad, están pidiendo auxilio. Y son las que más buscan y/o predican, lo que no tienen dentro.

Puesto que siendo honest@s, luego, no pueden ni con sus propias contradicciones, ni con sus sombras, a la hora de la verdad.

Y así pasa, que cuando toca verl@s a ell@s vibrar en libertad y valientes en amor, te l@s encuentras acobardad@s, huyendo l@s primer@s cabalgando sobre sus excusas amparadas en el nuevo postureo del New age sobre el crecimiento personal y el capitalismo de las emociones que sólo insta al individualismo.

Estas personas, resulta, que cuando se trata de los cuidados, de crear vínculos sostenibles, de regar las relaciones y las amistades reales, de la presencia, de la atención, de la consideración, de la comunicación, de la colaboración, de la empatía, etc… Se desvanecen y se deshacen fácilmente, por haber bucolizado la crudeza que tiene el dolor de los cuidados.

Porque crear y hacer, no es fácil. No lo es.

Cuando se trata de pedirles “que cuenten con..” (que se dejen querer y pidan ayuda) y a su vez, que se pueda contar con ell@s, ahí ya aparecen los monstruos.

Ya ahí no es posible ¿verdad?

Ahí ya muestran si verdadera cara. Porque están en su momento de perdid@s en su ombligo en su “Yo y Yo”, “en lo que creo” y “en lo que digo”: están perdid@s, en “el ahora no puedo, no es mi momento” y por eso ni contesto, “comprendelo”: “Mi espacio mi tiempo, mi mi mi…”.

Al final están tan perdid@s y con más miedo que a l@s que pretenden convencer con su charla efímera.

Por eso, hablan tanto sobre ello, sobre la necesidad de vibrar en amor, porque (me incluyo la primera) y lo que pasa, es que son l@s primer@s en tener miedo a amar, y piden al mundo que lo haga primero y así poder entregarse sin miedo.

¿Y es que no vemos que nosotr@s somos ese mundo? ¿Y que también podemos ser un mundo para l@s demás? Somos imprescindibles en éste círculo.

Lo que pasa, es que estamos sedientos de amar y de ser amad@s y no se sabe cómo hacerlo. Cuando lo importante no es cómo, sino hacerlo y caminar sin más, sin miedo al error, porque en el error y la atención a corregir, es donde se esconde la oportunidad de amar.

Se trata de soltar los lastres y las creencias lacerantes que nos impiden conectar con complicidades reales, sostenibles y saludables.

Se trata de desaprender ideas y moralidades que nos alejan de nuestra esencia original, para reconectar. Y eso se hace a través de l@s demás.

¿Pero no se ve que eso de la vibración alta, se construye en cada instante de nuestra vidas?

Nos significamos cuando amamos y nos aman.

Quitándonos la venda de nuestros ojos, quizás, podamos empezar a ampliar los horizontes de la ternura y sentirnos libres por mostrarnos vulnerables frente a l@s demás. Y sobre todo, por quienes están cerca e invisibles para la ceguera de nuestra soberbia.

Porque sin embargo, es@s seres ningunead@s, son quienes están ahí sosteniendo a la hora de la verdad. Son quienes están próximos y pidiendo audiencia en nuestros corazones. Están ahí haciendo ruido en nuestras venas, a pesar de que se les/las silencie.

Por tanto, al final resulta, que l@s invisibles, son est@s l@s que vibran alto, con un silencio estruendoso en nuestros corazones.

Amar es permitirnos estar, antes que escabullirnos. Dar la cara en cada detalle y en la resolución del conflicto.

¿Qué se entenderá por vibrar en amor entonces? Parace una fantasía que se pierde con la palabra.

Se dice tan fácil y se practica tan poco.

Echar balones fuera es fácil, ¿verdad?

Lo malo que sucede en el mundo es la culpa de otr@s, nunca fue por nosotr@s mism@s ¿verdad?

¿Cuándo vamos a entender el sustrato del mensaje que hay detrás de cada uno de nuestros actos? No en los actos de otr@, sino en los propios.

En nuestras huellas está el secreto de la armonía, de la libertad y de la paz humana.

Eso es la vibración de amor, y elevada; cuando hay movimiento. Está en cada acción y nunca atendió a ninguna creencia, ni idea, ni moral, ni ciencia, ni al tiempo, ni al miedo, ni al Yo, ni ninguna razón.

Pero sí atiende, al detalle más pequeño.”

de MariCarmen Rodríguez

La Erótica Social; El eslabón que somos

#LaEróticaSocial

 

Descenso a mis infiernos.

Apenas Jesús desembarcó, le salió al encuentro desde el cementerio, un hombre poseído por un espíritu impuro… Al ver de lejos a Jesús, vino corriendo a postrarse ante él, gritando con fuerza: “¿Qué quieres de mí, Jesús, Hijo de Dios, el Altísimo?. ¡Te conjuro por Dios, no me atormentes!”. Porque Jesús le había dicho: “ Sal de este hombre, espíritu impuro!”. Después le preguntó: “¿Cuál es tu nombre?”. Él respondió: “Mi nombre es Legión, porque somos muchos”. Y le rogaba con insistencia que no lo expulsara de aquella región.

Evangelio de S. Marcos 5, 1 (1)

Mi primer descenso.

Aquel día me senté junto a ella, junto a mi compañera de vida y de camino, y ambos, desde una valentía que he visto en pocas personas, nos adentramos en los estados de consciencia expandida que proporciona la copa mística(2).

Solos ella y yo, sin cuidador ni guía, situación tan desaconsejable como atrevida, propia de la inconsciencia que suele adjudicarse a la juventud, pero que con frecuencia es la perla que adorna a quienes ya han vivido mucho. Sin duda vivir mucho tiene algo que ver con los años, pues no es posible vivir mucho en poco tiempo; sin embargo la mayor parte de quienes conozco que peinan canas son personas que han durado mucho, y parece que vivir es algo que les dio miedo o que se les olvidó por el camino.

Esa fue la primera vez en mi larga vida que descendí conscientemente a mis infiernos, y fue terrible. Mis demonios me asustaban, eran feos y horribles, despiadados y crueles, y, sobre todo, absurdos. Algunos llevaban sobre sus desnudos pechos su nombre tatuado, ora como si fuera a fuego, ora como una tenue neblina: Soberbia, Venganza, Sinrazón, Rabia, Astucia, Resentimiento, Impotencia, Poder, Cosificación, Deshumanización, Dominación, Sinsentido, Alienación, Perpetuación, Eternidad…

El dolor y el miedo me sobrecogieron y me arrollaron. Mi compañera, que también había ingerido la comida de las diosas(3), tuvo el valor de salir de su proceso como pudo para poder asistirme, para consolarme en un dolor que no tenía consuelo, para mitigar los efectos del terrible huracán que arrasaba mi isla, mi pequeña e insignificante existencia en esto que orgullosamente llamamos realidad.

Agradezco profundamente a mi compañera de experiencia su valentía al emprender su viaje junto al mío y junto a mí, su inmensa fuerza para salir de su propia experiencia para atenderme, su dedicación a mi desconsuelo, y su atención cuidadora y paliativa. Sin ella no habría salido indemne de mi excursión a los infiernos.

El viaje fue liberador, visitar los infiernos y ver de cara a los ángeles caídos fue tan terrible como liberador. Sin embargo no debí de quedar del todo liberado, pues el sentimiento de que no era suficiente era mayor que el sentimiento de liberación que siguió a la experiencia; y las ganas de volver al reino de las oscuras sombras comenzó a azuzarme desde el mismo instante en que volví al estado de consciencia ordinaria y me acompañó durante algún tiempo.

El segundo descenso.

La segunda vez que descendí a mis infiernos no sé si lo hice por soberbia, por la inconsciente llamada que se repetía desde algún lóbrego rincón de mi ser desconocido desde mi primer descenso, por dictado de las Parcas(4) o si fue la casualidad quien me llevó de nuevo a la morada de Tántalo(5). En todo caso no tenía elección posible, pues los Hados conducen a quienes se someten a ellos, pero arrastran a quienes se les resisten.

Recuerdo que en esa ocasión se nublaron mis sentidos, dejé de percibir cuanto me rodeaba, dejé de verlo, de oírlo y de sentirlo en mi piel. Y al mismo tiempo, y en una forma contradictoria y misteriosa, se expandieron mis sentidos: cuanto percibía formaba parte de otro mundo, de un mundo que no se muestra en los estados ordinarios de consciencia, pero que es tan real o más que aquél: el mundo de la experiencia expandida.

Creo que fue en Madrid, no estoy seguro. Era una toma colectiva de ayahuasca. Esta vez sí, con cuidadores, guías y acompañantes. Allí regresé al Tártaro, que hasta ese momento yo había creído que era universal y compartido.

Sin embargo me di cuenta pronto que lo que yo tomaba por el Tártaro era mi peculiar infierno, mi sótano, la parte oscura de mi morada cuya existencia conocía tan solo por referencias e historias que nunca acepté del todo. No lo podía creer, los cimientos de mi casa eran peor que la más pérfida mazmorra, negra, húmeda y llena de seres malolientes, pegajosos y malvados. ¡Esos eran los cimientos de mi casa, de mi castillo! Sin ellos todo mi ser se habría venido abajo.

La consciencia expandida nos juega esas malas pasadas: lo que creemos ajeno, todo eso que rechazamos, censuramos, condenamos y combatimos es en realidad nuestro sustento, lo que nos mantiene de pie. O al menos es lo que a mí me mantiene erguido, vivo. Y eso era lo que mi consciencia expandida me mostraba.

Descubrir que la fuerza que me sustenta es la oscuridad, fue de una luminosidad cegadora; entendí en ese mismo momento por qué al capitán de los ángeles caídos se le llama también Lucifer, el príncipe de la luz.

Aún hoy es muy confuso para mí, pero tan inexplicable como ineludible: si rascas un poco en mí, tras la hermosa piel encontrarás demonios pestilentes y voraces. Sin duda el descubrimiento había sido un regalo de las diosas, mis eternas guías.

La consciencia de que esta vez eran mis demonios (sin duda los mismos que visité antaño) me producía sin igual repugnancia, un asco que se convirtió en vómito repetido e insistente. Quise exorcizarlos, pero no se fueron; creo que jamás fui un buen nigromante. Qué remedio. Todavía revivirlo me produce náuseas.

No recuerdo bien cómo ocurrió, mas me resigné a su compañía y descubrí que no me acompañaba el miedo: eran míos, eran yo mismo y mi mejor opción era acostumbrarme a convivir con ellos (¿o debo decir con ellas?). También descubrí que Azrael, en ángel de la muerte, no les acompañaba, no estaba en ningún sitio; aunque no entendía, ni entiendo aún por qué, el descubrimiento era coherente con mi ausencia de miedo a la muerte, miedo que no recuerdo que me haya acompañado nunca; antes al contrario, he tenido siempre a la muerte como mi más constante acompañante, casi mi amiga.

Esa vez mi esfuerzo, el que una pequeña voz me indicaba continuamente que me convenía hacer, estuvo dedicado a aceptar a mis demonios, a las bestias infernales que constituyen mis entrañas. Por fin me percibía completo, con luces y con sombras, hermoso y repugnante, grandioso y miserable. Tan solo me quedaba digerirlo, lo que aún ando haciendo. Pero ya era un ser humano verdadero, completo, entero.

No solo el miedo a la muerte estaba ausente, tampoco estaba el demonio de la Culpa-Perdón, y eso ya no me resultaba coherente, pues en mi niñez y juventud arrastré la culpa por el placer que sentí de niño las veces en que fui abusado. Una culpa que influyó en mi comportamiento durante años. No eran míos esos demonios?

Es posible que algunos de los demonios que viven en mi sótano estén solo de paso, que no sean habitantes de la casa sino meros invitados? O tal vez ocupas? Entonces sentirme pleno, sentirme completo al fin es incluir en mi plenitud aquellos demonios que me poseen a veces y que no son yo, que no forman parte de mi ser? Es pues una plenitud en la que sobran algunos demonios?

Sin duda, los demonios no son los únicos yoes que me poseen o influyen de vez en cuando. Me constituyen con frecuencia otros personajes, mis yoes, o roles, o máscaras que me pongo para funcionar en éste o aquél ambiente: ahora soy profesor, ahora soy seductor, después soy estratega, después seré confidente, ayer fui un compasivo amigo. Todos esos personajes que me constituyen son yo mismo, la parte alta de mi edificio, la que está expuesta a la luz del sol; tan parte de mi edificio, de mí mismo, como los sótanos sobre los que está construido. Hay también intrusos viviendo en la parte alta? Sin duda será también así. Pero su descubrimiento y mi encuentro con ellos son otra historia.

Lo divertido es que muchas veces yo soy quien no soy, que muchas veces me posee un personaje, ángel o demonio, que no es mío, que se ha colado de rondón o que es un mero habitante temporal de mi casa.

Volver a mis infiernos.

La tercera vez que descendí a mis infiernos fue buscada, yo quería de nuevo encontrarme con mis demonios, saludarlos.

Elegí otra vez una sesión de ingesta colectiva de ayahuasca, con la presidencia de un gurú que finge no serlo para darse un aura de intangibilidad y una protección contra quienes se previenen de torticeros gurús y falsos maestros del espíritu. Y con algunos de sus sus auxiliares, que hacían de cuidadores.

Bajé alegre y voluntarioso. Y allí estaban mis diablos, pues desde que me fueron presentados como mi otro yo mismo dejaron de ser demonios: ya no podían poseerme, sino simplemente hacer muchas maldades, mil diabluras, que sin duda hacen y harán mientras yo viva.

También en esta ocasión mis sentidos dejaron de percibir un mundo para percibir otro, el mundo que percibe la consciencia expandida. Pasé de la experiencia ordinaria a la experiencia expandida. Más esta vez estuve continuamente haciendo excursiones a la experiencia expandida, iba y venía desde mis infiernos a la sala de la toma. A lo mejor para cerciorarme de que las dos realidades estaban contiguas, una dentro de la otra, y, sobre todo, que yo estaba en ambas a la vez.

Estaban. Se sorprendieron al verme, sobre todo al verme ir hacia ellos alegre y contento. Se enfadaron. Mi alegría los enfurecía, quisieron de mil maneras asustarme. A mi me resultaban cómicos, divertidos, feos, algo inconsistentes y más reales que jamás. Los abracé. Uno a uno. Por turnos. Se resistían, ululaban, me amenazaban e intentaban zafarse de mi abrazo; todo en vano, mis sarmentosos brazos se ceñían a su confusa y desdibujada cintura. Eran míos. Me divertí al abrazarlos, al reconocerlos como yo mismo.

Quienes me vieron desde fuera, desde el cuidado y la atención que nos prestaban a los tomadores de ayahuasca de esa noche, me contaron que estuve bailando una danza curiosa y divertida, que me arrastraba y retorcía continuamente por el suelo, una y otra vez. Parece que yo era una mezcla de serpiente y pulpo fuera del agua, pugnando por respirar o tal vez por encantar a alguien con mi danza.

Salí de la danza renovado, consciente de mí mismo, reconociéndome incrédulo en el amor que brotaba de mí hacia mis propios infiernos. Me di cuenta que las únicas formas de no proyectar sombra son no existir o vivir permanentemente en las tinieblas: mi oscura sombre estaba allí porque yo estaba en la luz, y era fuerte porque la luz era intensa.

Esa noche me dejó un regusto de placer inexplicable y atractivo, que me llama una y otra vez.

Tal vez por esa llamada he vuelto varias veces a mis lóbregas mazmorras, a mis particulares sombras y negruras. Sin embargo mis posteriores visitas al reino de la noche, de mi noche, no han vuelto a ser tan intensas, ni tan terribles, ni tan placenteras. Sin duda han perdido ya el sabor de la aventura y el interés de lo nuevo.

Pero me siento, por fin, un hombre completo y pleno. Con una plenitud transitoria, pues parte de quienes soy, de quienes forman mi plenitud, son personajes que tan solo están de paso, que acabarán por abandonarme. En todo caso me siento el Señor de mí mismo. Quizás por eso ha dicho el profeta de Allah: Quien se conoce a sí mismo conoce a su Señor.”

Abu Fran.

(1) La existencia de seres “espirituales” o de otros mundos que poseen o se introducen en el interior de los seres humanos está presente en numerosas mitologías de múltiples culturas, tanto pretéritas como actuales. Sirva de ejemplo el pseudomito actual de los Reptilianos, quienes, como los demonios, se introducen en los humanos -a veces varios reptilianos en un solo ser humano- y se alimentan de su sufrimiento.
Lo que a mi personalmente me induce a sospechar este conjunto de mitos es la universalidad de la experiencia en la que sin duda se asientan. La diversidad de mitos para referirse a un mismo tipo de experiencia se debe solamente a la diversidad de culturas y a la falta de referentes filosóficos o culturales de quienes lo experimentan.

(2) Los sufís se refieren con frecuencia a “la copa” o “el vino” para hablar metafóricamente de lo que les permite el contacto con la divinidad. El conocido poeta y seik sufí Jalaludin Rumí se refiere a esa bebida como “el vino que nuestra religión no prohíbe”. Si tenemos en cuenta que Rumí era musulmán hemos de concluir que dicho “vino” es una sustancia que no contiene alcohol, pero que indudablemente produce una embriaguez mística (como los mismos sufís afirman en muchos de sus escritos).
Numerosos antropólogos afirman que dicha bebida mística probablemente estaba confeccionada con hachís, opio o ruda siria. El uso que actualmente hacen en algunas Tarikas sufís de la orden Fatimiya de una bebida análoga a la ayahuasca, a base de ruda siria y mimosa hostilis, confirman dichas investigaciones. http://realitysandwich.com/76773/fatimiya_sufi_ayahuasca/

(3) Un amplio número de antropólogos y etnólogos se refieren a los enteógenos que se ingieren en rituales chamánicos y religiosos como la “comida de los dioses” y términos análogos. Personalmente prefiero siempre hablar de diosas en lugar de dioses, porque estimo que ya es hora de ir modificando la base patriarcal de la mentalidad actual de muchos de nosotros.
En las mitologías que sustentan este tipo de rituales esas sustancias se ingieren para conectar con los espíritus o con los dioses; en otras ocasiones son los mismos dioses o entidades espirituales (como Pachamama) quienes ponen a disposición de los humanos estas sustancias para que puedan conseguir determinados fines.

(4) En el mundo latino de la antigua Roma las Parcas eran las personificaciones del destino (también llamado fátum, hado o sino). Controlaban el metafórico hilo de la vida de cada mortal y de cada inmortal desde el nacimiento hasta la muerte.

(5) En la mitología griega, Tántalo era un hijo de Zeus y la oceánide Pluto. Se convirtió en uno de los habitantes del Tártaro, la parte más profunda del Inframundo, reservada al castigo de los malvados, como castigo personal por varias ofensas que infringió a los dioses.