BARAKA ORGANIZACIÓN. 

HACIA UNA ESTRUCTURA DESORGANIZADA. 

Muchas veces, cuando montamos una nueva organización o proyecto intentamos crear una estructura administrativa-organizativa más o menos fija, igual para todos, homogénea, estable, clara y plasmable en un organigrama.

Todo ello, por supuesto, sometido a continua revisión y modificación, pero siempre desde los mismos presupuestos de tener una estructura organizativa fija-renovable (flexible) a la que atenerse y en la que encuadrarse.

Como un ejército, vamos, o como la mayoría de las empresas-sociedades de capital: departamentos, jerarquías, casillas de organigrama, subordinación, etiquetas/cargos asignados a unos y otros, procesos de ascenso y de incorporación a cargos, departamentos o funciones, etc.

No obstante esa filosofía tiene algunos graves inconvenientes y desajustes con el mundo que habitamos en el s. XXI. Y tal vez debamos adoptar otras filosofías sobre las que construir nuestra organización. Veámoslo con un poco de detalle:

  1. La antigua sociedad absolutista-feudal se dotó de estructuras pétreas, fijas, correspondientes a una sociedad que tardaba milenios o muchos siglos en sufrir cambios sustanciales.

    Las estructuras de esta sociedad noble-absolutista (sociedad de castas al fin), tenían una organización fija y pretendidamente inmutable, por lo que se adaptaba mal a un mundo que cambiaba cada vez a mayor velocidad que antes. El s. XIX ya cambiaba a una velocidad que ninguna estructura del antiguo régimen era capaz de soportar.

  2. En el s. XIX, con la aparición de las sociedades de capital y la extensión de la revolución liberal de la mano de masones y librepensadores, los empresarios-capitalistas necesitaron un modelo organizativo nuevo que no se basara en el nacimiento.

    El nuevo modelo convenía que se basara en las funciones a desempeñar por cada persona y en la subordinación de toda la organización a los intereses de un capital anónimo. Y estas nuevas cualidades deseables para las personas que se incorporaran a la organización ya no venían determinados por la cuna.

    Al principio se comenzó por copiar las estructuras organizativas de los ejércitos, añadiéndoles uno de los tres principios de los librepensadores: la igualdad, que habían estado defendiendo desde dos siglos atrás muchos de los intelectuales europeos (con Descartes, Kant y Hegel como epígonos destacables).

    En estas nuevas empresas las personas ya no eran conde, duque o lord, sino que desempeñaban el cargo de capataz, gerente, director o lo que fuera, un cargo que no tenía -en teoría- nada que ver con el nacimiento.

    Esta nueva sociedad burguesa establec como principio que por nacimiento todos somos iguales, serán nuestras capacidades y nuestros méritos los que determinen nuestra posición en el organigrama. Y, lo que es más importante, estas capacidades se adquieren, se aprenden, se enseñan.

    Para esta nueva filosofía burguesa la igualdad comporta democracia política, y ésta comporta que cualquiera pueda ocupar cualquiera de los nuevos cargos que se crearon dentro de la nueva estructura política de los Estados-Nación. Igualmente comporta que cualquiera, mediante el sistema de votación, pueda decidir quién, de entre los otros cualquiera ocupa los cargos de mayor responsabilidad.

    Las nuevas estructuras de departamentos y jerarquías modificables, con individuos reemplazables por cualquier otro bien preparado, y con organigramas adaptables a las nuevas situaciones que fueran surgiendo o a las que se fueran enfrentando las empresas (como los nuevos mercados en las colonias), se adaptaban mucho mejor a un mundo que la burguesía y el espíritu de la revolución (libertad, igualdad y fraternidad), iban cambiando. La nueva sociedad liberal se dotó de unas estructuras metálicas, fijas pero flexibles, que podían, como un mecano, irse montando y desmontando continuamente, más adaptadas a un mundo que cambiaba cada pocas décadas.

    Ese mundo que surgió a finales del s. XVIII desapareció a finales del XX. En los primeros años del s. XXI se hizo ya evidente que había desaparecido.

  3. El nuevo mundo surgido de:

    • la evolución del anterior, de las nuevas tecnologías,

    • del nuevo flujo de capitales y mercancías,

    • de la formación (necesaria) de la mano de obra,

    • del efecto de la aparición de la masa crítica intelectual y espiritual que había surgido como consecuencia del brutal incremento de la población (1.800 millones en 1960, 8.000 millones en 2016), y

    • de la voracidad alienada de las sociedades anónimas de capital,

Era un mundo que cambiaba a mucha mayor velocidad, a una velocidad que nadie había jamás imaginado, y que aún hoy nos negamos a aceptar.

Cambia a tal velocidad que nadie sabe por dónde anda, qué nuevo ente está surgiendo en cada momento, qué monstruo o maravilla se está gestando en cada lugar, ni a qué velocidad ocurre cada cosa, ni cuál es la real interconexión entre los fenómenos, especialmente entre los fenómenos sociales, económicos, espirituales, y de evolución de la consciencia.

Las nuevas herramientas matemáticas como la teoría del caos, la teoría de las catástrofes, o el efecto mariposa son un primer intento de dar cuenta cabal de lo que ocurre, hasta ahora con escaso éxito. Ya no hay mundo, hay cambio. Cambio acelerado, con una velocidad semejante a la de las veloces reacciones físico-químicas de fusión o de fisión. Todo es efímero, cada vez más efímero, tan efímero que muchas veces desaparece cuando apenas acaba de surgir.

En este mundo que está surgiendo ahora la estructura organizativa de los Estados-Nación creados en el s. XIX se encuentra totalmente desbordada:

    • Los Estados en fase de desaparición, las reglas económicas en franca desintegración,

    • Los modelos de vida en rápida descomposición,

    • Las consciencias en estado de shock e incomprensión, y

    • Las empresas-sociedades de capital totalmente desajustadas del medio social, natural y físico en el que intentan insertarse y al que destruyen y devoran.

    • La burocracia (así se llamaron los procedimientos que utilizaba/utiliza la estructura organizativa basada en los principios de igualdad, mérito y capacidad) se convierte así en incompetente, en inadecuada, por cuanto aspira a ser fija, controlable, predictible y cognoscible en un mundo que no lo es.

    1. En este paisaje nosotros intentamos crear un modelo organizativo nuevo, y para ello tenemos, por razones legales, que adoptar algunos institutos o formas jurídicos propios del s. XIX, pero que están manifiestamente desajustados en este y de este mundo.

      1. Hasta aquí bien, es lo que hay. Pero con frecuencia se nos cuela el polizón de la organización burocrática decimonónica, modelos de organización ajenos, e incluso contrarios al espíritu y fines de nuestro invento. Y que nos llevan en dirección contraria a aquélla en la que queremos ir. Una burocracia que es campo de minas para nuestro avance. Como si no tuviéramos obstáculos por delante, nos los ponemos nosotros y nos lastramos. Así andamos.

    2. El mundo es líquido. Como el agua está en cambio permanente, no tiene forma, ni límites fijos, ni geografía, ni historia. Nunca es igual a sí mismo. Fluye sin cesar, se adapta a todo, se divide, se disgrega, se agrega, se une, se funde, se evapora. El espíritu de los tiempos actuales es etéreo, cambiante, inconcluso, inquieto, informal, sin forma.

      Si queremos vivir verdaderamente en él, vivir como somos, como seres de hoy, conviene que nos adaptemos, conviene vivir como el espíritu, sin forma, sin dureza, sin hierro: líquidos como el mundo, cambiantes, informes.

      Quien ha visto como vuela una bandada de patos y una de estorninos sabe de qué hablo. Aquéllos vuelan en V, con un guía al frente, con una forma, organizados; siguen un rumbo, que solo modifican para adaptarse a los vientos y a su fuerza. Éstos, los estorninos, vuelan con forma informe, confusa, sin rumbo, sin organización aparente o adivinable; tan pronto van hacia el sur que hacia el noroeste, no tienen rumbo ni destino. La población de patos disminuye y disminuye, la de estorninos es ya plaga en nuestras ciudades, y no hacen más que multiplicarse.

Pero esta es solo una opinión, mi opinión.

Quedo para vosotros.

Abu Fran, abdal.

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *