CHAMANISMO AMERINDIO AYAHUASQUERO

Nos referimos a los pueblos: quechua, shuar, kofan, siona, secoya, cashinahua, shipibo, ashaninka, ingar, onaya, meraya… entre otros

HÁBITAT.

En general, son pueblos de cazadores, pescadores, horticultores y artesanos. Viven a lo largo de los ríos o de sus afluentes. La mayoría de estos pueblos indígenas viven en poblados entre 50 y 300 personas, cambiando con relativa frecuencia sus emplazamientos y sus residencias. Su residencia se encuentra vinculada a sus parientes cercanos, procurándose alimentos unos a otros. Sus lazos de parentesco se generan a partir de quienes les alimentan cuando son pequeños. Luego estos cuidaran de los que le han proporcionado este alimento cuando sean viejos. Se alimentan de verduras y frutas básicas (plátano, macho y mandioca) fundamentalmente de animales de caza y pescado de los ríos. Es la satisfacción del hambre, día a día, lo que crea el parentesco y por tanto la residencia del individuo.

Comer bien al final del día lleva al “dormir bien” y a tener sueños, siendo una señal de que uno es recordado por su corresidentes y tiene buena familia. El comer mal lleva al mal dormir, al sentirte mal, cansado y sin ganas de trabajar. Esto es una señal de que has sido olvidado por el poblado, de un fracaso y abandono de tu parentesco, y lleva consecuentemente a pensar en cambiar de poblado y a pensar en tus parientes muertos. Esto está considerado como enfermedad.

LA MUJER.

A menudo se asume que la maestría en el uso ritual indígena de la ayahuasca es una función del hombre. Es cierto que hay pocos casos de mujeres indígenas ayahuasqueras y la mayoría de ellas son mujeres de edad, pasada ya la menopausia. Por lo general, las mujeres jóvenes suelen mantenerse al margen del uso de las plantas maestras, y solamente una pocas se dedican al aprendizaje y ejercicio del chamanismo femenino después de haber completado su vida reproductiva, criado a sus hijos y dejado de menstruar. Esto se debe a las creencias de los pueblos amazónicos de que el flujo de la sangre y los líquidos sexuales causan la rabia divina y atrae a los espíritus nefastos que se nutren de la sangre. Por esto no celebran tomas las mujeres en época reproductiva o los hombres que acaban de tener relaciones sexuales, pues atraerían a los espíritus causantes de enfermedades, locuras y muerte. Cuando la mujer está menstruando o está en el periodo del postparto, se considera que su cuerpo está abierto y permite la salida de sangre maloliente, por lo que se debe proteger y no exponerse a tener contactos con los espíritus, así como evitar el contacto con los demás, especialmente con los hombres ayahuasqueros, evitando así contaminarlos con el olor peligroso de su sangre.

FIESTAS Y FESTIVALES.

Estos pueblos celebran fiestas, o festivales si incluyen a más poblados con una duración de tres días. En ellas todo el poblado actúa de anfitrión y son fechas marcadas en el calendario. En estas fiestas se originan borracheras debidas al consumo de alcohol, principalmente cerveza de mandioca, llamada massato, elaborada principalmente por las mujeres. Los festivales terminan cuando se acaba la cerveza, en donde todos están borrachos. Estas borracheras acentúan el movimiento, la animación corporal y la disposición para moverse por los poblados. La cerveza elimina el hambre y el cansancio y estimula la vida sexual. Durante estas fiestas las mujeres no cocinan y los hombres no van de caza, los niños tienen que moverse por si solos hasta que sus padres se recuperan de la borrachera. En estos festivales aparecen nuevas y jóvenes parejas, creándose nuevos matrimonios. También son momentos de adulterio, celos imaginarios, envidias, críticas y fuertes peleas. Por esto las borracheras pueden ser positivas o negativas.

ENFERMEDAD.

En estos pueblos las enfermedades siempre vienen del exterior de las personas. Contactos nefastos con varias clases de espíritus provocarán la entrada de fluidos negativos, a menudo fríos, o de dardos deshilados en el cuerpo, que serán los responsables de las enfermedades de sus cuerpos.

La gente indígena vive siempre fuera de las casas, permitiendo la mirada del resto de la aldea. Sólo utilizan mosquiteras para dormir. Por esto el utilizarlas durante el día es signo de enfermedad, pues esconde a la persona enferma de los otros. A las personas enfermas no les gusta que las vean, pues la enfermedad es fea: no permite el contacto con los demás, no trabajan, no hablan y apenas comen. Están sujetos a una intensa nostalgia letal de los muertos, ya que las almas de sus familiares muertos vienen a suplicarles que les hagan compañía, y en su debilitado estado sucumben a tales peticiones y quieren morir para acompañarlos.

Con muy pocas excepciones, cada caso de enfermedad grave en un adulto o niño se diagnostica como “mal de gente o brujería”. La brujería se interpreta como un deseo activo e intencional de matar a alguien por celos o envidia. La brujería mata a las personas, y una muerte es un profundo ataque a la viabilidad del poblado y a los miembros supervivientes. La casa de una persona muerta se abandona rápidamente para evitar todo contacto con el alma del muerto que permanece apegada a ella.

Los brujos nunca son del mismo poblado, ni son familiares cercanos. Se puede matar mediante el hechizo a un familiar cercano de la persona que causó el enfado. La brujería sólo puede ser realizada por un chamán, y la gente les paga para que embrujen a las personas que le han hecho daño. El chamán sopla una flecha o dardo que alcanza a la víctima y empieza a devorar su carne. La brujería sólo puede ser curada por otro chamán que ve y chupa para extraer la flecha mágica, mediante un contraataque. Los chamanes que curan a estos pacientes embrujados saben que corren un gran peligro, ya que los chamanes causantes de la enfermedad vigilan celosamente a sus víctimas y se enfurecen con los chamanes que proceden a curarlos, espiando sus sesiones de ayahuasca transformados en murciélagos, insectos u otros espíritus de la noche y los atacan con su arsenal de dardos y armamento espiritual. Para protegerse de estos ataques, muchos chamanes, realizan sus ceremonias con sus esposas, o viceversa, cantando a dúo, proporcionando un refuerzo de protección y un poder doblado en la curación. Los largos periodos de dieta que realizan los chamanes les dan fuerza para la protección frente a los enfermos y de otros chamanes.

Los enfermos ni alimentan a los demás, ni comen, y su sueño perpetuo no es el resultado de un estómago lleno y un deseo satisfecho. Al contrario, su lasitud es causada por ellos mismos al ser comidos vivos por objetos embrujados. Como vemos en estos pueblos, la enfermedad no se limita sólo a los procesos biológicos, sino que también se encuentra asociada a causas sociales y espirituales.

Estos pueblos utilizan principalmente dos preparados:

– El Toe o Brugmasia – ésta se toma con menor frecuencia, sólo si una persona padece una enfermedad prolongada y aparentemente incurable o por un chamán que está en proceso de iniciación. Siempre se toma sola.

– La Ayahuasca o Banisteriopsis caapi – llamada Yagé o Nixi Pae, según la zona del Amazonas. Se toma para adquirir conocimiento y control sobre agentes relacionados con acontecimientos presentes y futuros. La intención más frecuente es curar una enfermedad o como arma profiláctica para prevenir enfermedades, ya que se considera que ésta es provocada por espíritus malignos o por venganza de los espíritus (o dobles) de los animales que fueron cazados para el alimento. Por esto, estas sesiones son concebidas como una batalla contra los dobles de los animales que intentan apoderarse del cuerpo de la persona enferma. El espíritu de la ayahuasca, muchas veces en forma de luna o serpiente, es considerado como medicina sanadora para todas las personas: hombres, mujeres, jóvenes y ancianos. No la consideran buena para los fetos, ya que la ayahuasca produce abortos en las mujeres embarazadas.

– Otras plantas no visionarias – los curanderos conocen muchas plantas con poderes terapéuticos y otras que tienen poderes psíquicos para la seducción amorosa, la protección contra alguien en conflicto, para tener buena caza o pesca, para mejorar en la escuela…

RITUAL DE CURA CON YAGÉ.

Los indígenas se refieren a los reinos de lo visible e invisible como dos lados de la realidad: “este lado” es la realidad ordinaria y el “otro lado” donde los espíritus habitan como humanos. Los dos lados están unidos de manera inherente, puesto que todo lo que ocurre en este lado tiene su contraparte en las actividades de los espíritus en el otro lado. De este modo, el ritmo normal de la vida, el cambio de estaciones, la caza o pesca y el mantenimiento de una buena salud, dependen de estas entidades invisibles. Del mismo modo, los trastornos tales como desgracias, enfermedades o muertes, tienen su causa última en el otro lado.

Los espíritus se pueden percibir por la circulación de fluidos, vientos o aires (torbellino, una sensación de temperatura e frio o calor) llamados niwe. Estos circulan libremente pudiendo afectar a los humanos. De manera que la buena o la mala suerte se relaciona con un niwe positivo o negativo depositado en el cuerpo de la persona. Un curandero/chamán tiene la capacidad de manipular los niwes, quitándolos o depositándolos en los cuerpos de las personas. Todo tiene que estar dentro de un buen equilibrio. Si una persona tiene demasiada buena suerte, despierta la envidia de su entorno, hasta que algún curandero se la robe restableciendo su equilibrio. En caso de mala suerte, la persona emana un niwe nauseabundo cuyo mal olor es percibido por las entidades del mundo invisible. Así, esta persona, alejará la pesca o los animales de caza, e incluso a amigos o esposa. Los niwes se pueden compartir entre los seres vivos, así lo que toca a uno puede afectar a otro. Y cuanto más poderosos son los seres, más fuerte es su niwe, tanto de forma positiva como negativa.

Para los indígenas, ser espiritual significa estar en contacto con los espíritus, tener la capacidad de dialogar con ellos y de conseguir sus favores, en caso de ser benévolos, o tener poder para alejarlos, si son malévolos.

Los chamanes, llamados también curanderos, se consideran como representantes y guardianes de la naturaleza y de los espíritus de las plantas. Basan sus rituales de curación en su relación con los espíritus de las plantas, aunque los mestizos ya se apoyan en entidades originales de la cristiandad (Jesucristo, Virgen María y varios santos y ángeles).

El contacto con los seres sobrenaturales es necesario para asegurar que la vida discurre con normalidad y para defenderse, si ocurre una desgracia.

Aunque se utilicen otros enteógenos, el yagé proporciona la principal vía de contacto, pues a través de las visiones que produce podemos entrar al otro lado. El chamán es el mediador entre los humanos y los seres del otro lado. El negocia con los espíritus para asegurar el bienestar de la comunidad y su vida diaria. El poder de su intención (llama a los espíritus protectores y aleja a las entidades negativas), potenciada por su fuerte conexión con los espíritus de los vegetales, dirige sus cantos con el fin de extraer, poner, reponer y armonizar las energías en el cuerpo y el espíritu del participante. Gracias a su vínculo con el mundo de las fuerzas invisibles, los curanderos restablecen el orden corporal, psíquico y social del poblado. De este modo piden a los espíritus dueños de los animales que dejen a sus hijos salir de sus casas subterráneas para ser cazados, o al sol, la lluvia o el trueno para que traigan un tiempo favorable para sus actividades agrícolas, de caza o de pesca.

El chamán puede ver el pasado o el futuro, y con su poder puede curar las enfermedades y malas actividades de las entidades del otro lado.

Contrariamente a la biomedicina, que aborda la enfermedad por los aspectos fisiológicos y palpables del cuerpo humano (con diferentes médicos para diferentes enfermedades), estas prácticas chamánicas curan mediante la dimensión “no visible”, a través del poder que tiene el chamán o curandero de relacionarse con este mundo invisible. Para los indígenas, la curación conlleva un sentido más amplio ya que implica un nivel físico, social y espiritual, mientras que en occidente se ha tendido a separar lo orgánico, lo sensorial, lo psíquico, lo emotivo y lo espiritual. Los medicamentos modernos pueden ser mas eficaces y rápidos en procesos muy avanzados de la enfermedad, pero el uso de plantas permite ir más profundo eliminando la raíz del problema. Acudir a la planta implica dedicar el tiempo necesario a la curación con la planta, cosa que no suele tener el occidental.

Como guía, el chamán dirige a los participantes del ritual por los otros dominios del universo, protegiéndolos de los espíritus malévolos. Si el chamán se despista y no consigue traer al individuo de vuelta a la realidad ordinaria, la persona puede caer gravemente enferma y tal vez muera.

Normalmente los chamanes/curanderos pasan de generación en generación, siempre que el niñ@ tenga un interés especial por aprender, pues es bastante sacrificado, mucho más para las mujeres. Los padres o abuelos chamanes van insuflando con tabaco conocimiento/poder (arcanas) a sus hij@s o niet@s para que se inicien .

El estatus del maestro chamán se adquiere tras un largo aprendizaje de iniciación, en el cual el aprendiz pasa de ser “solo un hombre” a ser “uno que salió”, y finalmente al estatus de chamán, conocido también como “jaguar” o “el que bebe” o “el que ve”. Ellos conocen el mundo vegetal, pero también el espíritu de cada planta, ya que las dietan, y a través de esta dieta es cuando conocen y se relacionan con el espíritu de la planta, muchas veces a través de los sueños. Para seguir una iniciación el principiante dietará con cocciones de plantas, llamadas maestras por los indígenas o de poder por los occidentales. El espíritu de estas plantas enseña los saberes al curandero con largos diálogos a través de sus sueños; por tanto estas enseñanzas tienen lugar directamente a nivel psíquico y espiritual. Junto a esta dieta, el que se va a iniciar sigue reglas estrictas como: abstinencia sexual, aislamiento social, dieta estrictamente definida y una conducta moral. Estas dietas permiten la ingesta de fécula (mandioca, plátano, arroz…), peces y carne de aves de corral. Se prohíben los guisos, las especies, alimentos ácidos, alcohol, la sal, el azúcar, las grasas, carnes de cerdo o peces grasientos. El seguir la dieta implica “limpiar y purificar” el cuerpo y la psique para que el brebaje maestro tenga su máxima receptividad. La dieta se sigue durante largos periodos de tiempo, ya que los efectos de los vegetales se producen con lentitud.

Cuando se empieza a beber yagé, una sustancia llamada “dau” comienza a acumularse en su cuerpo dándole poder para viajar por los mundos visionarios y conocer a los espíritus. El “dau” se refiere a la sabiduría del chamán y al número de espíritus que conoce. A medida que toma más yagé, y posee más visiones, su “dau” o poder aumenta, y el poblado lo aprecia y lo respeta más.

En algunas ceremonias de curación sólo el chamán toma yagé para atender a sus pacientes. En otras ceremonias el yagé es compartido por los habitantes del pueblo que lo desean. Generalmente, cuando hay un enfermo éste no toma yagé, aunque es acompañado por familiares y amigos que si lo comparten con el chamán. La ceremonia pretende que todos los que toman yagé tengan buenas visiones que les ayuden en su proceso de vida. Esto dependerá del tipo de yagé elegido, la forma de prepararlo, los cantos en la preparación y la intención, los ropajes, las herramientas del ritual, los dibujos del yagé, los bailes, el ayuno o dieta y las pinturas corporales. Cada vez que se toma yagé se realiza con una intención (curar a un enfermo, cazar…). Los indígenas prefieren que la ayahuasca sea fuerte, intensamente amarga y que cause vómitos violentos. Para los indígenas, los vómitos o diarrea de la toma de ayahuasca no es un efecto secundario o no deseado, sino que forma parte fundamental del proceso de cura. Ellos consideran que la ayahuasca cura limpiando por dentro el estómago y el intestino, causando vómitos y diarrea intensa. Pero también cura la psique del participante, pues viven y sienten el vómito como la expulsión física de la energía negativa acumulada en el cuerpo y psique, que necesita ser expulsada.

Las sesiones de ayahuasca son anunciadas por los chamanes, preguntando en el pueblo quien quiere tomarla, pero sin ejercer ninguna presión. El chaman anuncia el motivo del ritual y prepara un determinado tipo de yagé, con aditivos especiales que proporcionaran las visiones deseadas, según la intención. Aquellos que quieran tomarla evitan comer animales de caza, beber alcohol, tener relaciones sexuales o, en el caso de la mujer, estar menstruando. El día del ritual los participantes limitan sus actividades (caza, pesca, cocina…). Se preparan en sus hogares tomando baños, vistiendo ropas limpias, pintando sus cuerpos y adornándose con collares y plantas con fragancias para atraer a los espíritus benevolentes.

Después del anochecer, la gente interesada acude a la casa del chamán. La ceremonia empieza cuando el chamán fuma su pipa o mapacho, ya que el aroma del tabaco atrae a los espíritus. El tabaco fumado o el rapé, que se prepara con cenizas de varias plantas y objetos, o leche de sapo, según el poblado, forma parte importante del ritual. El chamán sopla el humo inhalado sobre el cuenco de la ayahuasca y posteriormente soplará en cada vaso de los participantes, pidiendo al espíritu de la madre ayahuasca que le ayude a curar al paciente(s) y que dé buenas visiones a todos aquellos que van a beber. Este ritual se le reconoce como “preparar” o “curar” el yagé. Después, todos los participantes fuman y charlan en voz baja esperando el momento de la “mareación, borrachera o mareo”, que son las expresiones que utilizan los locales para denominar al estado que produce la ayahuasca. Cuando empieza este estado el chamán empieza a cantar sus ícaros, que calman y permiten a la gente entrar en el proceso, dejando sus intensos miedos.

Durante la ceremonia de ayahuasca el chamán guía a sus participantes con sus ícaros y dialoga con los espíritus de las plantas, que le guían en todo momento en sus cantos. Los ícaros son cantos, sonidos bucales, soplos o silbidos que el curandero emite hacia los participantes. Para curar, además de cantar, el chamán limpia, sopla y chupa el objeto de la enfermedad, para así examinarlo y diagnosticar el origen de la causa y dar su pronóstico. Luego lo lanza al lugar de donde vino. Si el objeto se ve negro u oscuro significa que el paciente ha sido casi consumido por la enfermedad y la cura es difícil o improbable. Si es más claro, es posible que el ritual, junto con otras curas, sea efectivo. Durante las tomas al chamán se le puede ver batallando, a veces en forma de jaguar, en el otro lado invisible bien dentro de la maloca o en medio de la selva, luchando con espíritus malignos que causan la enfermedad del enfermo que ha acudido a la toma. El espíritu del yagé da fuerza al chamán en estas luchas

La toma de ayahuasca, en contraposición con la toma de cualquier bebida con alcohol, te da entusiasmo, energía y ganas de ir a cazar o pescar. La ayahuasca permite ver los espíritus reales de todo lo que se esconde tras la forma material. Cuando la ceremonia termina, muchos participantes preguntarán al chaman el sentido y el significado de sus visiones. Por otra parte, los pacientes seguirán una dieta, propuesta por el chamán para finalizar su curación.

Toda la ceremonia chamánica esta llena de símbolos y mitos y el uso de enteógenos o psicointegradores juega un papel fundamental. Los elementos relacionados con la oscuridad, calidez y putrefacción representan las oscuras fuerzas malignas que vienen de los espíritus malignos, y causan la enfermedad y la muerte. Del mismo modo, la claridad, la frescura y la luz tienen connotaciones de poderes de cura y buena salud. Se argumenta que el poder persuasivo del ritual activa procesos endógenos de cura en los enfermos que están participando del ritual. Esto está basado en los modernos estudios sobre psiconeuroinmunologia o neurofisiologia. No todas las experiencias de cura son eficaces según la definición biomédica de curación; de hecho hay gente que se siente tranquila y aliviada después de una cura chamánica, aunque igual muera unos días más tarde.

Los SUEÑOS y las VISIONES como herramientas psíquicas en el pueblo amerindio.

El espacio del sueño reviste una importancia primordial, ya que sus contenidos sirven de verdad y priman sobre la realidad física. Lo que pasa en la consciencia onírica actúa sobre la realidad y es la verdadera realidad. Durante el espacio del sueño el iniciado adquiere sus saberes y poderes chamánicos y el enfermo sigue allí la evolución de la enfermedad. Durante el sueño, a través de diálogos, tanto el iniciado como el enfermo establecen alianzas con los espíritus de las plantas o animales, recibiendo informaciones importantes para su iniciación y curación, guiando y desarrollando sus consciencias.

Para los indígenas los sueños son la verdadera realidad, mientras que para los occidentales, los sueños nos hablan a través de símbolos que necesitan ser analizados y decodificados. Podríamos decir lo mismo de las visiones que produce la ingesta de enteógenos. Cuando se ingiere la ayahuasca la visión es la verdadera realidad, por esto el chamán no interpreta ni integra después de la sesión de ayahuasca, simplemente te dice: lo que viste es la realidad.

Rosa Sanchis.

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